Rescatemos el Antiguo Testamento (primera parte)

El Antiguo Testamento está olvidado, su mensaje está empolvado en lo oscuro de una habitación. No fueron los ateos quienes lo censuraron, no fue Nietzsche quien lo mató, el mismísimo Cristianismo fue quien lo mutiló. Supuestamente, ciertas partes del Antiguo Testamento contradecían el mensaje neo testamentario, otras partes parecían demasiado ridículas para el mundo tecnológico y científico de hoy.

Yo vengo a plantearles algo nuevo, algo distinto: rescatemos el Antiguo Testamento.

¿Por qué deberíamos hacer algo así?

Hoy la iglesia —al menos los templos— vive un éxodo masivo de personas. Ya nadie cree en la religión. ¿Por qué? Porque la iglesia se ha deshumanizado. Todo pareciera ser un ambiente para personas perfectas, sin emociones, sin ira, sin tristeza, sin angustia. Al parecer solo hay espacio para personas contentas, deportistas, gente sin problemas, es decir, es una iglesia perfecta para personas… No humanas.

Una de las razones es que hemos suprimido un amplio espectro del potencial de la humanidad. Solo hemos dejado aquellos sentimientos que nos parecen “bonitos” y “correctos”. Hay una creencia en que hay emociones que son pecaminosas. El problema es que emociones como la ira y la tristeza siguen estando allí, persistentemente. El que se evadan o se diga que no están no las eliminará y el no enfrentarlas no nos llevará a alguna solución.

Podemos buscar un refugio en las palabras escritas por hombres e inspiradas por Dios. Si leemos los salmos, por ejemplo, encontraremos a una persona (David) que a veces sentía una amargura terrible o una ira ingente que le hacía pedir para que sus enemigos fueran derrotados. Vemos miedo, vemos angustia. Estas emociones no las vemos en los cantantes cristianos de hoy. ¿Dónde se han ido? ¿Acaso hemos evolucionado a un nivel en que ya no sentimos?

Dios entiende cómo nos sentimos, conoce nuestras emociones y nos acepta, no nos condena por ellas. De nuestra voluntad dependerá lo que hacemos con estas emociones y son nuestras acciones las que verdaderamente nos determinan.

El Antiguo Testamento no se debe entender tanto como una guía moral, sino como un libro que habla sobre la naturaleza humana, el cómo Dios nos entiende y nos ama pese a ser imperfectos. Es un libro de cómo un ser perfecto se relaciona con uno que no lo es. Tiene una riqueza abismante si lo pensamos desde esta nueva perspectiva.

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