Cambiando la opinión de Dios

Muchas veces escuchamos que seamos sumisos a los designios de Dios, que no nos cuestionemos nada porque él sabe qué es lo mejor para nosotros. Tengo un ligero cuestionamiento a esa forma de ver las cosas. Yo creo que sí podemos cambiar la opinión de Dios, que sí nos podemos cuestionar el por qué de las cosas que nos ocurren o el destino que tiene planificado para nosotros.

En el libro de Génesis (Antiguo Testamento) se menciona a un hombre llamado Jacob que sería quien tendría los 12 hijos que tendrían los nombres de las futuras 12 tribus de la nación de Israel, pero en aquel tiempo Israel ni siquiera existía. Jacob se lo pasó toda su vida rompiendo con lo establecido, incluido lo que establecía Dios.

Tal vez uno de los acontecimientos más emblemáticos de lo que planteo es cuando Jacob lucha toda una noche con un ángel para que lo bendijera. Buscaba esa bendición porque estaba sumamente asustado de su hermano (con el cual había tenido algunas diferencias en el pasado), tal vez pensaba que su hermano lo asesinaría. La biblia cuenta que Jacob lucha toda la noche con ese ángel hasta que comienza a amanecer, instante en el cual el ángel lo tuvo que herir en la cadera para que lo soltara. En ese momento le dice que ya no se llamaría más Jacob, sino Israel porque había luchado con Dios y había vencido; entonces el ángel lo bendice.

Creo que debemos ver nuestra relación con Dios no tanto como una relación en que uno ordena y el otro ejecuta, sino como un trabajo en equipo. Creo que teniendo en cuenta esto podemos tener otro tipo de relación con Dios: una más amistosa, más cercana, menos “religiosa” y más cálida. Atrevámonos a tener iniciativa y cambiar la opinión de Dios, tal vez no luchando como lo hizo Jacob, sino que dialogando.

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One thought on “Cambiando la opinión de Dios

  1. Si la historia es cierta, Jacob esa noche estaba con el alma en un hilo porque creía que su hermano Esaú lo venía a atacar con cuatrocientos hombres armados. Seguramente el hombre con el que luchó representaba más a Esaú y su perdón por haberle robado la primogenitura y la bendición de Isaac. En todo caso él lo tomó como si fuera Jehová, y se ufanó de haberle vencido. Para mí ésto representa más bien el intento de divinizar temores humanos y de controlar el destino en base a nuestros deseos, aún si esos deseos son el defender algo tan reprobable como el robo o trucos como el de las ovejas de Labán.

    Sin embargo, eso no quita que tu interpretación es buena: sean buenos o malos, los deseos de un hombre que lucha con dios pueden cambiar la voluntad de éste.

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