La verdadera bendición

La vida de Jacob es una de las que más me atrae en la Biblia, tal vez porque es a uno de los personajes de la Biblia a quien más se le destaca su humanidad. Fue una persona con ambiciones que siempre buscó la bendición.

Era una tradición en los israelitas que debían bendecir al primogénito y no al hijo menor. La historia se complicó en el caso de los hijos de Isaac ya que tuvo mellizos: Jacob y Esaú. Jacob agarró el talón de Esaú al momento de nacer, como si luchara por lograr salir él primero. Esto ya indicaba cómo sería su carácter. De todos modos, Esaú nació primero.

Cuando Isaac se había vuelto viejo y ciego, le dijo a Esaú que le cazara algún animal para que se lo preparara a su gusto, entonces lo bendeciría. La esposa de Isaac y madre de Jacob escuchó esto y le dijo a Jacob (que era su hijo favorito) que le trajera un cabrito del rebaño y ella se lo prepararía a su padre tal como le gustaba. De este modo, le harían creer que Jacob era Esaú, y Jacob recibiría la bendición en vez de su hermano. Como era lampiño, Jacob tuvo que ponerse pelos falsos en el cuerpo y así parecerse a Esaú (que era muy velludo).

Isaac finalmente le cree. Le dice “suenas como Jacob, pero te siento como Esaú”. El plan había funcionado, entonces lo bendice. Al saberlo Esaú dice: «Ya pronto vamos a estar de luto por la muerte de mi padre; después de eso, mataré a mi hermano Jacob.»

Aquí es donde yo me pregunto qué tan efectiva es una bendición que trajo odio y desunión. Luego de esto, Jacob se enamora de Raquel y debe trabajar 14 años para poder casarse con ella. Esto es una demostración de amor y perseverancia, pero también una demostración de que las bendiciones humanas no son tan efectivas ni tan poderosas como las bendiciones divinas. Si la bendición la hubiera dado Dios probablemente no hubiera sido tan difícil el poder estar con Raquel.

La verdadera bendición llegó más tarde. Ocurrió cuando Jacob veía una muerte segura por parte de Esaú, su hermano, que bastante enojado estaba con él. Esta vez Jacob, ya no recurre a su padre(a quien tuvo que engañar para que lo bendijera), no recurrió a su hermano (que tuvo que comprarle la primogenitura), no recurrió a un hombre (que lo habría hecho trabajar 14 años para darle su hija), esta vez recurre a Dios directamente. La Biblia cuenta que luchó toda la noche con Dios y lo venció. Este episodio de la Biblia lo encuentro remarcable, ya que, es tan distinto a cómo oran muchos hoy en día, con una falsa santidad, en que dicen que se haga la voluntad de Dios y no la de ellos. Pero en el fondo de sus corazones, estoy seguro que muchos desean que realmente se haga la voluntad de ellos.

Otro terrible error es pensar que Dios anula la voluntad humana, nuestros pensamientos y sentimientos. Muchas veces vemos a sacerdotes hablar con una voz apenas audible, repitiendo rezos que no nacen de sus corazones, sino de algo aprendido de memoria. De esta forma, es algo complicado comunicar. Para comunicar necesitamos ser personas íntegras, pero no hablo de integridad moral, sino de integridad física, emocional y espiritual: ocupar todo nuestro ser, sin autocensurarnos. Dios no mató a Jacob por haber luchado con él. Lo aceptó tal como era, lo amó. Con la historia de Jacob aprendemos que no necesitamos anularnos para pedirle algo a Dios. Jacob no repite palabras aprendidas de otros, sino que lucha. Como un ser humano que mira a su Dios de forma horizontal. En ese momento, Dios muestra toda su humildad, toda su misericordia y compasión. Dios podría haberlo matado, pero prefiere esperar toda la noche y solo para que Jacob lo soltara lo hiere en la cadera.

Creo que a Dios debemos acudir con sinceridad. Hablarle como si fuera nuestro amigo (el plus es que es un amigo muy poderoso que puede responder nuestras peticiones). Expresarle tal cual lo que sentimos, lo que deseamos. Creo que si nos formó a cada uno de nosotros, entonces desea que seamos auténticos, sobre todo con él. Lo otro es que no pongamos tanto la fe en contactos, palabras y bendiciones humanas. Es mejor buscarlo a él directamente: seguro nos escuchará.

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