En busca de la fe perdida

—Si ustedes tuvieran una fe tan pequeña como un grano de mostaza —les respondió el Señor—, podrían decirle a este árbol: “Desarráigate y plántate en el mar”, y les obedecería.

Lucas 17,6

Realmente lamento ver la fe de las personas hoy. En los templos hoy no se enseña a tener fe. Al menos, hay un tipo de fe que no se enseña. Veamos cuál es cuál primero.

1. La fe que salva

Esta es la fe que aún se predica en iglesias (al menos en algunas). Es la fe que se tiene cuando se cree en Jesús (en el caso de los cristianos) y que te lleva a la salvación.

2. La fe de lo imposible

Este es el tipo de fe de la cual quiero hablar: la fe que nadie en nuestra cultura enseña ni transmite. Lo triste es que ni siquiera se enseña en los templos, pero yo sí les hablaré de ella.

En la antigüedad el pueblo de Israel acudía continuamente a Dios. Esto lo hacían para que el Señor (Adonai) los liberara de la opresión egipcia en el caso del éxodo; para que los librara de algún peligro inminente (en el caso de Jacob con Esaú); para que les permitiera tener hijos pese a que ya no eran fértiles (en el caso de Abraham); para que lo sanara de enfermedades mortales (en el caso de Ezequías).

Hoy, en cambio, no se enseña el acudir a Dios en primer lugar. La primera opción debe ser el experto de turno.

En muchas iglesias se enseña de la paciencia y de la resignación. No me extraña que muchos cristianos estén deprimidos y amargados. ¿Tienes una enfermedad? Resígnate, acepta la voluntad de Dios. ¿Eres pobre? Esfuérzate, tal vez si estudias puedas salir de la pobreza (aunque deban pasar 10 años, al menos). ¿Buscas esposa? Ten paciencia, ya llegará la mujer indicada.

Algunos pastores y sacerdotes confunden la virtud de la paciencia con la incredulidad. Confunden aceptar la voluntad de Dios con una fe atrofiada. Enseñan que, en el fondo, pocos cambios podemos hacer. El punto es que han impedido que la gloria de Dios se manifieste en los seres humanos. Sucede que a veces existen cosas que no podemos lograr por nuestros medios. Hay cosas que escapan a nuestro alcance. (En realidad, nada lo podemos alcanzar si no es por gracia de Dios, pero se asume que ciertas cosas son alcanzables y otras no).

Las personas entonces han migrado hacia otros lugares y han puesto su fe en otras cosas. Hoy se cree en que unas mágicas cartas del tarot adivinarán la suerte de una persona (o darán algún consejo), se cree en espiritistas, en síquicos, etc. Pero no solo eso. También existe una fe, casi a nivel divino, en la medicina, en la justicia, en la educación, en los políticos, en los armamentos militares, en la fuerza física, etc.

Las personas no han enseñado a tener una fe en que Dios tiene el poder de que alcancemos cosas imposibles. Yo los quiero invitar a que extiendan su visión y no miren en pequeño. No miren tanto sus capacidades, sino que miren el poder infinito de Dios. ¿Estás enfermo? Dios tiene el poder para curarte. ¿Eres pobre? Dios tiene el poder para darte un empleo.

¿Le has pedido a Él el trabajo de tus sueños? ¿Quieres ser artista tal vez? La gente común te dirá que nadie puede vivir de ello. ¿Quieres ser una top model? La gente común te dirá que no eres lo suficientemente delgada. ¿Quieres ser médico? La gente común te dirá que no eres lo suficientemente inteligente. ¿Quieres ser profesor? La gente común te dirá que no ganarás lo suficiente (porque mirarán las estadísticas en vez de mirar el poder de Dios).

¿Eres pobre? La gente común te dirá que debes salir a protestar para conseguir mejores sueldos o te dirán que debes esforzarte el doble y te tratarán de flojo. Yo los invito a que dejen de mirar lo que el mundo les ofrece porque siempre será algo mediocre en comparación a las riquezas divinas. Miren la abundancia que posee Dios y que está dispuesto a otorgarles (después de todo, somos sus hijos gracias a Cristo) en vez de mirar las migajas que les da el mundo.

Yo los invito a ampliar sus horizontes, extender sus metas. Los invito a que se replanteen lograr sus objetivos aunque parezcan imposibles a los ojos de los hombres para Dios nada es imposible. Si miran con los ojos de la fe se podrán dar cuenta que puedan alcanzar las cosas que desean, por más difíciles que les parezcan.

Les dejo los siguientes versículos:

Hebreos 11,1: Tener fe es tener la plena seguridad de recibir lo que se espera; es estar convencidos de la realidad de cosas que no vemos.

Hebreos 11,6: Pero no es posible agradar a Dios sin tener fe, porque para acercarse a Dios, uno tiene que creer que existe y que recompensa a los que lo buscan.

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