El sábado

Al llegar el séptimo día, Dios descansó porque había terminado la obra que había emprendido. Dios bendijo el séptimo día, y lo santificó, porque en ese día descansó de toda su obra creadora. (Génesis 2, 2-3).

La palabra sábado o shabbat (שַׁבָּת) aparece por primera vez en la Biblia en el libro de Génesis. La palabra deriva de un verbo hebreo que significa “desistir del esfuerzo”, ergo, descansar. Dios creó una serie de leyes respecto al día sábado con el fin de ayudar al hombre a descansar. (Como occidentales, tenemos el día domingo como día de descanso). La idea de Dios es que el ser humano pueda desempeñarse en sus tareas seis días a la semana y al séptimo descansar para mantener así un equilibrio.

Las leyes de Dios son vida para los seres humanos. Todas las leyes de Él apuntan a nuestro bienestar. Lo que me llama la atención fue lo que hicieron los hombres con estas leyes. De eso me gustaría hablarles hoy. El contraste de lo que yo llamo leyes de muerte del mundo y leyes de vida de Dios.

Empecemos con el mismo pasaje de inicio de este artículo. Dice la Biblia que Dios tardó seis días en crear el mundo. Para mí esto es una alegoría. Creo en la teoría de la evolución neo-darwiniana (aunque sí creo que existió un Adán y una Eva), pero no me pondría a discutir con alguien que crea lo contrario. Sería una pérdida de mi tiempo de trabajo. ¿Cuál sería la relevancia de esa discusión? He visto cómo en la Iglesia Evangélica “evolucionistas” se burlan de los “creacionistas” y he visto cómo los “creacionistas” hablan de la falta de fe de los “evolucionistas”. Es decir, transforman las leyes en división para el ser humano.

Sigamos.

Si hay algo que me irrita de la Iglesia Católica es su posición frente a la homosexualidad. Dicen que permiten su existencia (la intención), pero no su práctica. Desde mi punto de vista, es una forma hipócrita de decir que están en contra de la homosexualidad. Incluso creo que sería más respetuoso con los homosexuales si les dijeran que la homosexualidad está prohibida de plano. Sería más sincero, ya que al prohibir su práctica es como prohibirles todo. Imaginen que dijeran que permiten que seamos heterosexuales en nuestras mentes, pero no que podamos practicarlo. ¿Cómo se sentirían? ¿No se sentirían frustrados de no poder llegar a consumar su amor con sus parejas? Supongo que así se sienten los homosexuales que pertenecen a esta iglesia y son observantes de sus leyes. La Iglesia Católica al hacer esto hace que la ley se aplique para hacer sentir mal al ser humano y no para su bienestar.

En Chile vemos cómo los trabajadores son explotados día a día. Los hacen trabajar domingos, sábados, días festivos, días del padre, días de la madre y cuánto día y hora los puedan exprimir sus empleadores. Trabajan de sol a sol. Muchas veces más de seis días a la semana y más de 45 horas semanales. De hecho, en Chile, si te vas justo a la hora de salida o solo un poco antes de la hora programada te mirarán mal porque eso lo interpretan como que “no te has puesto la camiseta” de la empresa. (En otros países si te vas después de la hora programada es signo de que no eres tan eficiente). Es decir, la sociedad en vez de buscar el bienestar de las personas, busca enriquecer a algunos y ha creado también sus propias leyes para aprovecharse de los más vulnerables. No creo que le guste mucho a Dios que a sus hijos no les den su día de descanso, el cual estableció desde el principio de los tiempos.

Otra cosa que Dios le recomendó a su pueblo fue evitar la usura: el cobrar con intereses lo prestado. Todo el sistema financiero se basa en los intereses, por lo que creo que no logrará subsistir en el tiempo. Creo que terminará cayendo cuando nosotros, los miembros de la Iglesia del Viento, formemos una nueva sociedad y un nuevo mundo.

Creo que es muy bueno estudiar las leyes que aparecen en la Biblia, fundamentalmente, en el libro de Deuteronomio y Levítico. (¿No lo ha hecho aún? ¡Hágalo si tiene tiempo, es muy productivo!). Pero también creo que es bueno poner esos versículos a la luz de lo que dice Jesús en Marcos 2, 25-27:

[Jesús] les contestó: —¿Nunca han leído lo que hizo David en aquella ocasión, cuando él y sus compañeros tuvieron hambre y pasaron necesidad? Entró en la casa de Dios cuando Abiatar era el sumo sacerdote, y comió los panes consagrados a Dios, que sólo a los sacerdotes les es permitido comer. Y dio también a sus compañeros.  »El sábado se hizo para el hombre, y no el hombre para el sábado —añadió—. Así que el Hijo del hombre es Señor incluso del sábado.

Las leyes se crearon para el hombre, no el hombre para las leyes. La ley de Dios es vida. Piensen en el relato de la creación. Dios les dice que comieran de todos los árboles del jardín del Edén que trabajaran y se multiplicaran. Pero había un solo árbol del cual no podían comer su fruto: el árbol del conocimiento del bien y el mal. Esto era un consejo vivificante para ellos. Si comían del árbol morirían. No se trataba de un capricho divino, sino que para Él era más importante que libremente le obedecieran a obligarlos a seguirle. Aunque el hombre desobedeció Dios no lo abandonó, sino que envió a su Hijo a morir por todos nosotros.

El amor y la grandeza de Dios se demuestra en sus leyes. No es casualidad que los mandamientos más importantes en el cristianismo sean amar a Dios sobre todas las cosas y amar al prójimo como a uno mismo. Sigan las leyes de Dios. Las leyes de este mundo son injustas, no podemos esperar más de ellas: provienen del “ojo por ojo, diente por diente”. En cambio, las leyes de Dios son dulzura, bendición y paz para nuestro cuerpo, mente y corazón. 

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