Una vida cristiana ejemplar (la elección de Dios)

¿Qué imaginan cuando piensan en una vida cristiana ejemplar? Algunos pensarán tal vez en el Padre Alberto Hurtado, Sor Teresa de Calcuta, Albert Schweitzer, John Wesley, etc. Según las leyes cotidianas, según el mundo visible, según los protocolos y tradiciones, ustedes están bien si piensan así. Miremos, por ejemplo, la carta que Pablo le envió a Timoteo (1 Timoteo, capítulo 3):

Se dice, y es verdad, que si alguno desea ser obispo, a noble función aspira. Así que el obispo debe ser intachable, esposo de una sola mujer, moderado, sensato, respetable, hospitalario, capaz de enseñar; no debe ser borracho ni pendenciero, ni amigo del dinero, sino amable y apacible. Debe gobernar bien su casa y hacer que sus hijos le obedezcan con el debido respeto; porque el que no sabe gobernar su propia familia, ¿cómo podrá cuidar de la iglesia de Dios? No debe ser un recién convertido, no sea que se vuelva presuntuoso y caiga en la misma condenación en que cayó el diablo. Se requiere además que hablen bien de él los que no pertenecen a la iglesia, para que no caiga en descrédito y en la trampa del diablo.

Tal como dice Pablo, así es como eligen los hombres a otros hombres. Les importa mucho lo que se ve, lo que se aparenta frente al mundo (que se hable bien entre quienes no pertenecen a la iglesia), etc. Así es en el mundo natural, evidente. Nada que decir en contra. Tampoco estoy en contra de lo que dice Pablo en las Sagradas Escrituras. Así es como debe ser.

Sin embargo, ¿cómo escoge Dios? ¿Qué es para Dios una vida ejemplar? ¿Quiénes son los escogidos de Dios? ¿Dios escoge como escogen los hombres? ¿Dios escoge a quienes son “irreprochables”, “no pendencieros”, los “moderados”, los que no están “recién convertidos”, los “maridos de una sola mujer”, etc.? Trataré de responder esas preguntas en este artículo.

Partamos de la base de que Dios escogió como fundador del cristianismo y como escritor de esta carta, justamente, a quien antes fue perseguidor de cristianos. No estoy seguro si podríamos considerar su vida irreprochable, con todo el respeto que merece Pablo.

Siguiendo con este tema y para poder explicar mejor lo que trato de decir me gustaría mencionarles la vida ejemplar: una persona escogida por Dios: Sansón.

Dios escogió a Sansón como juez de Israel en la antigüedad. Ahora, no imaginen a Sansón como los jueces de la actualidad. No eran como esos señores con peluca o aquellas señoras que usan un martillo, les gritan a hombres y mujeres (hombres principalmente) y golpeándolo dicen “caso cerrado”. Los jueces de la antigüedad eran personas escogidas por Dios para liderar. ¿Ha escuchado alguna vez el concepto de teocracia? Bueno, la época de los jueces fue la época en que más cerca estuvimos de ese concepto. Dios gobernaba, ya que él era el encargado de escoger: no los hombres. No había cuoteo ni politiquería ni mentiras ni falsas promesas ni realeza ni lazos de sangre o contactos especiales. Debido a que a quienes escogía Dios carecían de méritos, me gustaría colocar en sus mentes un concepto: graciacracia”. Esta sería un perfeccionamiento de la manoseada meritocracia.

Hablemos de la historia de Sansón (Libro de Jueces: capítulos 13 al 16).

En su juventud, Sansón se enamora de una mujer filistea. Esto era algo que se salía de los esquemas y las tradiciones de la época. Se suponía que él debía hallar mujer entre el pueblo de Israel y no entre los enemigos de su pueblo: los filisteos incircuncisos. (Atención: esta historia fue milenios antes de “Romeo y Julieta”). Su padre lo amonesta por tal decisión, pero Sansón en vez de ser un joven obediente (como habría hecho cualquier persona “ejemplar y santa”), prosigue con su idea y vive con esta filistea de la cual desconocemos su nombre.

Por lo que se dice en la Biblia, intuyo que a Sansón le gustarían los banquetes, los cuales serían algo así como las fiestas o carretes de esta época. En uno de esos banquetes lanza una adivinanza que era casi imposible de descifrar, pero si la lograban descifrar él les daría una gran recompensa. Si no lograban responder correctamente sus invitados serían los que pagarían a Sansón. Dice la Biblia que amenazaron a su esposa y le pidieron que lo sedujera para que les dijera la respuesta. La esposa, en vez de contarle a su marido que la habían amenazado y confiar en Dios y la fuerza de Sansón—la cual, era sobrenatural porque Dios estaba en él—, elige temer y lo seduce hasta que Sansón finalmente le dice la respuesta. De esta forma, es humillado frente a todos. Sansón le duele hasta el alma que la mujer de su vida lo hubiera traicionado, pero este era solo el comienzo de muchos sufrimientos.

Sansón reaccionó de la peor manera frente a este hecho. De forma “pendenciera” e irascible (no moderado  y apacible como dice Pablo) fue y arrebató de entre los suyos trajes de lino que era lo que había prometido pagar. Utilizando esa fuerza que Dios le había dado, no para el bien, sino de una forma irresponsable. (Aprovecho de desmitificar esa idea de que su fuerza estaba en el pelo: la fuerza no estaba en su cabello, sino en el Espíritu de Dios). Mientras él hacía esto los filisteos le quitaron a su esposa.

El texto dice que Sansón visitaba prostitutas. (Algo que de seguro no sería bien visto en los obispos de nuestra época). Sin embargo, pasado algún tiempo se volvió a enamorar de otra mujer que no pertenecía al pueblo de Israel, llamada Dalila. Como Sansón era capaz de luchar con una fuerza impresionante y lograba derrotar a muchos filisteos, le piden y amenazan a Dalila que le revelara el secreto de su fuerza.

Dalila, al igual que su anterior esposa, en vez de confiar en Dios y pensar en que Él la defendería de los filisteos a través de Sansón, escoge el camino errado y seduce a su pareja. Sansón esta vez no cayó bajo la seducción sino que mantenía firme, pero dice la Biblia que Dalila lo decía con tanta insistencia y lo manipulaba de tal forma que llegó a hacerlo sentir hastiado de su vida. Finalmente, Sansón le dice: “nunca ha pasado navaja por mi cabeza”.  Mientras dormía entonces, Dalila le corta el cabello y cuando los filisteos llegan a atacarlo, dice la Biblia que el Señor lo había abandonado y que ya no se pudo defender.

Interpretemos esta parte de la historia bíblica antes de continuar. ¿Creen ustedes que el Señor lo abandona porque le cortan el pelo o creen que fue porque Sansón flaqueó en su fe? Y vayamos más allá: pónganse en los “zapatos” de Sansón. ¿Cómo se sentirían ustedes si los dos grandes amores de su vida les hubieran traicionado, pese a haberles entregado todo vuestro amor? ¿Cómo se sentirían si sus dos proyectos de vida hubieran fracasado al punto de sentirse hastiados de sus vidas?  Sansón no había logrado ser feliz, pese a amar y tratar bien a sus mujeres. Por esta razón adquiere un comportamiento autodestructivo que lo lleva a abandonar a Dios. Sí. Fue Sansón quien abandona a Dios. Porque la única forma de que Dios se aleje de nosotros es que nosotros nos alejemos de Él.  

Prosigamos con la historia de Sansón.

Llega a prisión de los filisteos, los cuales sin ninguna compasión lo torturan, juegan con él, le sacan los ojos, se ríen de él. ¡Cuánta habrá sido la amargura de este hombre de Dios! ¡Un hombre escogido para ser juez estando en prisiones y siendo el hazmerreír de sus enemigos! Creo que en esos momentos él ya no quería vivir y eso fue lo que le impidió pedirle antes a Dios que lo librara. No es que Dios lo castigara, sino que fue la amargura de Sansón la que se apoderó de corazón por haber sido traicionado por la mujer que más amaba.

Sucedió un día que era una gran evento en la cual estaban todos los filisteos celebrando y llaman a Sansón para reírse de él y ponerlo en frente de todos. Para envanecerse y decir que el hombre al cual antes temían ahora era su bufón, ahora era un hombre famélico, ciego, sin fuerzas. Pero algo sucede en el corazón de Sansón. Tal vez el dolor y el tiempo lo había hecho madurar, meditar y Dios había empezado a sanar las heridas de su corazón. Esto fue lo que le hizo pedir a Dios que le diera fuerza una vez más y que le permitiera morir él con todos sus enemigos. Entonces, Dios le da la fuerza sobrenatural y él mueve los dos pilares centrales del edificio, los cuales rompe y caen. Muere Sansón y mueren todos los filisteos que lo atormentaban de forma inhumana.

Sansón fue el último juez de Israel. Juzgó Israel por 20 años.

¿Por qué les conté esta historia? ¿Por qué lo contrasté con el pasaje de Pablo? Porque me doy cuenta que Dios mira lo que nadie mira. Dios ve el corazón del hombre. Sansón podía ser pendenciero, desobediente, fiestero, no apacible, etc., pero tenía una gran capacidad de amar que se demostró en su forma en que trató a las dos mujeres de su vida. Sansón podía ser no alguien intachable pero tenía una fe sorprendente. Confiaba no en su fuerza, sino que en la fuerza divina y que Dios estaría con él cada vez que luchara con sus enemigos.

¿Y lo más importante? Dios escoge por gracia, no por méritos. Dios quiere que ocupemos nuestros talentos. Ocupémoslos. No los enterremos. Trabajemos para Dios. No importa lo que digan de nosotros. No importa que nos tilden de pecadores o de indignos. Para Dios nunca seremos indignos al estar frente a Él y siempre nos defenderá. Porque a través de Jesús el sufrió y nos lavó con su sangre.

Dios siempre nos socorrerá y escuchará, no importa los errores que hayamos cometido. Porque Dios tiene misericordia: una cualidad que los seres humanos carecemos. No nos olvidemos de la vida ejemplar de Sansón, el gran juez de Israel que acudió a Dios cuando todo estaba perdido.

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