Al caer la noche

Algunos niños (también adultos) le tienen miedo a la oscuridad; generalmente, les piden a sus padres que dejen alguna luz de menor voltaje encendida antes de dormir porque así se sienten más seguros, más protegidos.

La Biblia narra un acontecimiento en que se produjo una tormenta y esta se produjo de noche. Pese a que se trataba de hombres adultos y que además les era familiar navegar en barcos —algunos de ellos eran pescadores—, tuvieron miedo. Esto ocurre en Marcos 4,35-40. Leamos:

[…] al caer la noche, Jesús les dijo a sus discípulos: «Pasemos al otro lado.» Despidió a la multitud, y partieron con él en la barca donde estaba. También otras barcas lo acompañaron. Pero se levantó una gran tempestad con vientos, y de tal manera las olas azotaban la barca, que ésta estaba por inundarse. Jesús estaba en la popa, y dormía sobre una almohada. Lo despertaron y le dijeron: «¡Maestro! ¿Acaso no te importa que estamos por naufragar?» Jesús se levantó y reprendió al viento, y dijo a las aguas: «¡Silencio! ¡A callar!» Y el viento se calmó, y todo quedó en completa calma. A sus discípulos les dijo: «¿Por qué tienen tanto miedo? ¿Cómo es que no tienen fe?»

Existe un miedo que proviene de la falta de fe.

Nuestros estados anímicos a veces nos juegan en contra. Hay momentos en que nos sentimos eufóricos, extasiados, entonces rara vez tenemos miedo o escasea la fe. Pero en otras ocasiones: cuando nuestro ánimo decae, cuando estamos cansados, cuando es de noche o es un día peculiarmente oscuro, nos encontramos más irritables, más propensos al miedo, etc.; no obstante, allí es cuando necesitamos mantener la calma. Esa calma proviene de la virtud de la fe; proviene de creer que estaremos bien porque Dios está con nosotros. No importa que las aguas estén turbulentas o que el clima nos indique un temporal. No importan las circunstancias, solo importan las promesas de Dios. Esta virtud de la fe nos lleva a ser racionales; nos lleva a actuar y pensar calmados. Hay personas que piensan que la fe es un estado de la mente irracional y psicótico. No pueden estar más equivocados: la fe es lo que nos puede ayudar a tener paz en un momento de agitación y tomar la mejor decisión.

Volvamos al pasaje.

¿Por qué los discípulos tenían miedo? Ellos habían visto a Jesús sanar a un paralítico, expulsar a espíritus malignos, sanar a muchos enfermos y endemoniados. Tenían tantas pruebas para creer y efectivamente, habían creído, sin embargo, les faltaba la virtud de la fe. La desesperación los llevó a actuar descontroladamente y hacer muchas cosas, pero nada realmente efectivo. Incluso se atrevieron a amonestar a Jesús, su propio maestro, diciéndole: “¿acaso no te importa que naufraguemos?”. Poco les faltó para tratarlo de indolente o flojo. Tal vez al ver a sus amigos preocupados y desesperados les daba la sensación de que a ellos sí les importaba lo que ocurría. Pero esto no siempre es así

La importancia que uno le da a algo o a alguien no se demuestra con desesperación. Un médico que debe salvar una vida que ha llegado de emergencia debe mantener la calma. El hecho de que él o ella mantenga la calma no significa que no le importe la vida de la víctima. Al contrario, si se desesperara, actuaría de forma imprudente y fácilmente podría provocar su muerte. La actitud calmada de un médico profesional fue la actitud de Jesús. Mantuvo la calma porque sabía que aún no era su hora. Sabía que él no moriría en una barca. Por eso dormía. No era indiferencia, sino plena confianza en su Padre. Y digo que confiaba en su sueño porque se ha estudiado que el sueño es un estado de la conciencia, no es lo mismo dormir que estar inconsciente. Si él no despertaba, era porque tenía un entrenamiento espiritual de oración, meditación y reflexión en la Palabra de Dios, lo que le había permitido tener calma en situaciones como esta y tomar la mejor decisión. ¿Cuál era la decisión que debía tomar? Hablarle a la naturaleza y ordenarle que se callara. Es que dice Dios que nos ha puesto por sobre la naturaleza, por lo que esta nos obedece. No era una fábula o una metáfora cuando Jesús dice:

Les aseguro que si tienen fe tan pequeña como un grano de mostaza, podrán decirle a esta montaña: “Trasládate de aquí para allá”, y se trasladará. Para ustedes nada será imposible. (Mateo 17,20).

Para quienes nunca hayan visto granos de mostaza dejo una imagen al final del artículo. Pero para que se hagan una idea los granos o semillas de mostaza tienen un diámetro de 2mm. Muchos interpretan este pasaje como que Jesús se refiere a enfrentar de mejor manera los problemas (los que dicen esto tienen una fe más pequeña que una semilla de mostaza). Otros dicen que la frase no tiene ninguna aplicación en la vida práctica (aquellos no tienen fe). La Biblia nos deja claro que aquí no está hablando de una metáfora, sino que si uno realmente le dijera a una montaña, tan majestuosa y alta como las del Himalaya, que se moviera, esta se correría. La naturaleza está bajo nuestro dominio y no al revés.

Es importante tener la virtud de la fe: esta virtud nos da la firmeza para no desbaratarnos cuando llega la tormenta porque no es una fe puesta en los hombres, sino que se encuentra anclada en la roca que es Jesúcristo. Por esta razón, los invito a no ser inseguros, a no ser tímidos cuando se trate de anuncias las buenas nuevas del Reino.

No sean inseguros cuando usen sus dones. Cada uno de los que cree en Jesús ha sido bautizado por el Espíritu Santo y Él les ha concedido dones. No sean temerosos en utilizarlos. Que no les falte la fe. Aquellos que tienen el don de sanidades, oren por los enfermos. Aquellos que tienen el don de profecía, profeticen con firmeza y seriedad. Aquellos que tienen el don de conocimiento, transmítanlo. Aquellos que tienen el don de idiomas, hablen o escriban en idiomas para que nos comprendan en naciones con lenguas extrañas. Aquellos que tengan el don de la fe en lo imposible, contagien a otros que se encuentran apagados y fatigados de escuchar discursos de lo probable y lo “estadísticamente posible”.

Cada uno tiene un ministerio: una forma en la cual puede servir a Dios. Debemos ser seguros a la hora de trabajar en nuestros ministerios. ¿Por qué? Porque quien nos dirige es Jesucristo. Él está a la cabeza. Nosotros somos su cuerpo: su Iglesia.

Al caer la noche, sean niños o adultos, no tengan miedo porque hay una luz que nunca se apagará: esa es la luz de Jesús que brilla en sus corazones.

Granos de mostaza

Si su fe fuera como un grano de mostaza…

One thought on “Al caer la noche

  1. Hace unos días estaba pensando en esta analogía que como tantas otras, en la Biblia podemos encontrar y llenarnos de sabiduría.
    Cuando leí el título de tu columna me causó curiosidad, pensaba en la noche misma y que tal vez hablarías de la vida que se vive “Al caer la noche”…jejejej! y te confieso, fue tal mi alegría al ver como acoplaste la realidad a los días que relatan de nuestro amado Dios, como trató de mostrar a los hombres que le seguían que una fe viva iba a llevarlos a la gloria.
    Me alimenta tu escrito, me gusta mucho que lo saques a colación, porque es seguro que a otros ayudarás con tu simple forma de decir que hay que ser valiente y sabio: creer y confiar con una fe inagotable y real; yo creo en una fe tan verdadera y real que te puede ayudar a vivir cada segundo.
    A través de mi vida yo he concluido que la mejor forma de vivirla es aferrada a Dios, pero no como un parásito que sólo espera que le caigan las bendiciones del cielo: El espera un corazón entregado y una vida aceptable a los ojos de Dios y de ejemplo de buen testimonio a los ojos de los hombres.
    Gracias otra vez por tus aportes, creo firmemente que Dios te ha levantado y tienes que seguir compartiendo tus dones, tus atributos y todo, porque la sociedad tiene hambre del amor verdadero de Dios que sólo lo puede dar alguien que depende de El, alguien que está lleno de humildad, lleno de fe y de esperanzas.
    Es hora de tomar las armas y proclamar, las redes sociales tienen que ser usadas para mostrarle a la gente el divino don del que Dios llenó nuestros corazones, para ser hombres y mujeres valientes, dignos del Dios amoroso que día a día nos enseña su manera inagotable de amar.

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