El carácter de Dios

Muchas veces se compara el cristianismo con otras religiones o mitologías para desacreditarlo, sin embargo, el cristianismo tiene elementos que no encontramos en ninguna otra religión: tiene una originalidad abismante.

Generalmente, los dioses de otras religiones son seres rígidos, duros, soberbios. La gente que ataca el cristianismo dice que el dios del antiguo testamento es justamente así. Suelen decir que hay dos dioses: un dios del antiguo testamento y otro del nuevo testamento. Uno es un ser terrible y el otro uno amoroso. En este artículo aclararé este error. Si desean entender los invito a leer lo que sigue a continuación: ¡es muy interesante! 🙂

Se supone que todos los dioses quieren que sus creaciones les sean obedientes y les rindan pleitesía. Ninguno querría que los combatieran, reclamaran o desafiaran. Por esto mismo, quiero contrastar la reacción de tres “dioses” con sus hijos —o creaciones— que osaron luchar con ellos o rebatirles.

1. Prometeo y Zeus: mitología griega

El primer ejemplo trata de la lucha de Prometeo con Zeus.

Prometeo era un titán: hijo de Iapetos y Climene. Se le considera un defensor de la humanidad porque astutamente robó el fuego a Zeus y se lo dio a los mortales. ¿Cómo reaccionó Zeus? Le castigó atándolo a una roca. Una gran águila le comía su hígado cada día y este volvía a regenerarse en las noches y el águila volvería a comer al siguiente día. Y así sucesivamente. Zeus condenó a Prometeo a una tortura eterna.

2. Jacob y Yahveh: antiguo pacto

El segundo ejemplo no es mitológico. Está en el antiguo testamento, en el libro de Génesis. Trata de la lucha de Jacob con Yahveh (Jehová).

Una noche en que Jacob estaba muy asustado le pide a Dios que lo bendijera para así tener la certeza de que sobreviviría y no sería asesinado por su hermano Esaú. Se dice que se encontró con el ángel del Señor, entonces Jacob lo agarró y luchó con él toda una noche. El ángel le expresa claramente que lo dejara ir, pero Jacob no le obedece y le dice: “no te suelto hasta que me bendigas”.

Lean por ustedes mismos. Génesis 32,24-29:

Así se quedó Jacob solo; y luchó con él un varón hasta que rayaba el alba. Cuando el hombre vio que no podía con él, tocó en el sitio del encaje de su muslo, y se descoyuntó el muslo de Jacob mientras con él luchaba. Y dijo:

—Déjame, porque raya el alba.

Jacob le respondió:

—No te dejaré, si no me bendices.

 —¿Cuál es tu nombre? —le preguntó el hombre.

—Jacob —respondió él.

Entonces el hombre dijo:

—Ya no te llamarás Jacob, sino Israel, porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido.

—Declárame ahora tu nombre —le preguntó Jacob.

—¿Por qué me preguntas por mi nombre? —respondió el hombre.

Y lo bendijo allí mismo.

3. La mujer sirofenicia y Jesús: nuevo pacto

El tercer ejemplo es real también. Está en el nuevo testamento. Aquí Dios es el mismísimo Jesús enfrentado por una mujer.

Les dejo el pasaje a continuación. Marcos 7:24-29:

Levantándose [Jesús] de allí, se fue a la región de Tiro y de Sidón. Entró en una casa, y no quería que nadie lo supiera; pero no pudo esconderse. Una mujer, cuya hija tenía un espíritu impuro, luego que oyó de él vino y se postró a sus pies. La mujer era griega, sirofenicia de origen, y le rogaba que echara fuera de su hija al demonio. Pero Jesús le dijo:

—Deja primero que se sacien los hijos, porque no está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perros.

Respondió ella y le dijo:

—Sí, Señor; pero aun los perros, debajo de la mesa, comen de las migajas de los hijos.

Entonces le dijo:

—Por causa de esta palabra, vete; el demonio ha salido de tu hija. Cuando la mujer llegó a su casa, halló a la hija acostada en la cama, y que el demonio había salido de ella.

Análisis de las tres historias

Mientras en mitologías el atrevimiento de los hombres es castigado cruelmente, en el cristianismo vemos cómo esta lucha, en el caso de Jacob, no afectó en lo más mínimo la elección de Dios con su pueblo: Israel. ¿Qué otro dios luchando con una de sus creaciones se declara vencido por un hombre? ¿Qué otro dios dice estas palabras dulces, sino solamente este grandioso Dios al que adoramos los cristianos? Otro dios lo hubiera matado, lo hubiera aniquilado por haberse atrevido a interponerse en su camino; sin embargo, el Dios del cristianismo lo bendijo… ¡Lo bendijo! Este es el carácter de Dios: su misericordia infinita.

En este sentido, Zeus no se parece en nada al verdadero Dios. Zeus se asemeja mucho más a un humano que a una divinidad: torturador, vengativo, odioso, temeroso de que le robaran su fuego.

Ciertamente, Dios tenía el poder para haber herido a Jacob desde el primer momento, sin embargo permitió que Jacob luchara con él al advertir su confianza, insistencia, su voluntad, y —¿por qué no?— el amor que le tenía.

Que un ser humano se aferre a Dios es algo que pocas veces vemos en la actualidad. A los seres humanos les gusta y prefieren aferrarse a “psíquicos”, adivinos, otros seres humanos, ¡incluso mascotas!; pocos son los que tienen el coraje de aferrarse férreamente a Dios creyendo que los bendecirá. Los seres humanos solemos poner más fe de que la bendición provendrá de la buena educación, la justicia, el gobierno, la herencia de los padres, los contactos de la familia, el apellido y los amigos influyentes. ¿Cuántos creen sinceramente que la bendición provendrá de Dios?

Estoy seguro de que Dios se agradó de Jacob y su lucha. Estoy seguro que lo bendijo grandemente porque sintió amor desde y hacia Él. Estoy seguro de que Dios se agradó de la fe de Jacob y la sinceridad con la que se presentó: no se mostró de forma zalamera ni de forma santurrona, sino como un hombre frente a una Persona.

Pasemos al ejemplo de Jesús.

En este pasaje podemos notar la importancia de la mujer sirofenicia. Desde aquí en adelante, Jesús se daría cuenta que la verdadera intención del Padre era que el llamado sería no solo al pueblo de Israel, sino a toda la humanidad. Dios había venido a morir por los pecados de todos nosotros. El llamado se había elevado a números estratosféricos, exponenciales. Esto nunca habría pasado si la mujer sirofenicia no se hubiera atrevido a rebatir con Jesús. Esta discusión la realizó con una fe enorme, ya que hablaba con un Hombre que la había tratado de “perro”, pero aún así, ella pudo ver más allá y notar la misericordia detrás de esas duras palabras que usaban los judíos para referirse a los gentiles, y creer que Jesús se podría apiadar de ella y salvar a su hija.

¿Cuántos hoy prefieren creer en personas que las tratan de forma muy cariñosa, pero que no tienen ningún poder para hacer sanaciones? Tal vez un milagrero o brujo actual pueda parecer muy simpático, pero ¿qué poder puede tener para liberar a una persona endemoniada? Ella se acercó al verdadero hacedor de milagros. La petición de la mujer fue escuchada. La petición de la mujer fue respondida.

¿Cuántos de nosotros muchas veces abandonamos nuestros sueños cuando a la primera oración Dios no nos responde? ¿Cuántos tenemos la humildad de esta mujer sirofenicia? ¿Cuántos tenemos la valentía de rebatirle a Dios? ¿Cuántos entienden realmente lo que significa comunicarse con Dios? Creo que esta mujer logró comprender qué era comunicarse con Dios. La mujer sirofenicia fue una verdadera heroína cósmica. Su historia quedaría registrada en la Biblia para que millones y millones de personas hoy sepamos qué ocurrió con ella y su hija.

El Dios del antiguo y del nuevo testamento es el mismo. La verdad es que en ninguno de los dos testamentos muestra a Dios como completamente apacible o completamente iracundo. En ambos testamentos se muestra su amor y misericordia infinita, pero también se muestra su ira. Respecto a la primera característica se demuestra en que cuando todos abandonan al ser humano, el único que está allí para socorrerlo es Dios. Respecto a lo segundo, hay dos cosas que irritan a Dios en sobremanera: que la gente tenga ídolos y que seres inhumanos hagan sufrir a sus hijos. Dios desea que nos amemos y que lo amemos a él por sobre todo. Esto es algo que se repite tanto en el antiguo como en el nuevo pacto.

Dios es Persona, por esta razón, siente ira cuando no lo escuchamos, siente admiración cuando somos valientes frente a Él, se alegra cuando ponemos toda la confianza en Él, se alegra cuando nos aferramos con todas nuestras fuerzas a Él, se apiada de nosotros cuando nos ve en sufrimiento. Estas características están en el antiguo y nuevo testamento. Si no lo han notado, entonces los invito a leer la Biblia bien. Es cosa de poner atención. Es cosa de escuchar su voz mientras leemos la Palabra de Dios.

Dios tiene intención de relacionarse con nosotros porque nos ama infinitamente. Este es su carácter. ¿Ustedes desean relacionarse con una Persona perfecta, misericordiosa, todopoderosa? ¿Desean creer en Dios, tener fe y amarlo? ¡Yo sí! ¡Y los invito a hacer lo mismo! ¡Vayan a Él! No importa como estén. No importa si son flojos, vanidosos, feos, temerosos, iracundos, cobardes. Eso es lo grandioso de Dios: los acepta como son y los perdona.

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