El éxodo

La Biblia nos cuenta en el libro de Éxodo la historia de la opresión que sufrieron por 400 años los israelitas en Egipto y la historia de Moisés y cómo este los llevó a la tierra prometida. Para el judaísmo esta es la historia más importante de la Biblia.

Egipto era un lugar donde Faraón los oprimía con sus leyes. Una de sus órdenes fue matar a todo hijo varón que naciera de los israelitas. Algo muy similar a lo que ocurre con las esterilizaciones y abortos obligatorios en China que denunció en 2005 Chen Guangcheng (陈光诚). Podemos advertir cuán poco ha cambiado el mundo, aunque vivamos en una sociedad milenios después de los tiempos bíblicos.

Hubo una mujer de la tribu de Leví que al dar a luz vio a su hijo tan hermoso que decidió esconderlo por tres meses para que no fuera asesinado. Cuando se dio cuenta que esta situación no la podría seguir manteniendo decidió echarlo al río. Lo encontró la hija del faraón y tuvo compasión, entonces decidió rescatarlo y le pagó a una nodriza hebrea para que lo criara (la hija de faraón no sabía que esa nodriza era su madre). En Egipto le dieron un nombre: Moisés.

Me pregunto cuántos moisés habrá en nuestra sociedad que siempre tiende a imponer un negativismo acerca de la llegada de un niño al mundo y suelen influenciar para que las madres aborten —especialmente cuando son adolescentes—, sea ilegal en algunos países como Chile o legal en otros como China. De todos modos, nunca faltan madres y padres valientes que rescatan a sus hijos de morir asesinados. Nunca se sabe si uno de esos pequeñitos será un libertador, alguien que traiga mucho bien a la humanidad como ocurrió en el caso de Moisés. Hay personas que ponen toda su energía en salvar animalitos y olvidan hacer activismo en una tarea mucho más importante como es evitar los abortos obligatorios de seres humanos en algunos países. Los activistas por los derechos de animales hacen una tarea noble, de eso no hay duda, pero ¿están colocando sus prioridades en el orden correcto?

Continuemos con la historia bíblica.

Moisés vivió con todas las comodidades de un egipcio. Fue impactante para él observar el contraste de cómo vivían sus hermanos israelitas. Estos vivían en pobreza y opresión, lo cual le debe haber producido una lucha interna. Por un lado, había sido criado egipcio, por otro, sabía que corría sangre israelita por sus venas.

Un día vio a un egipcio que golpeaba a un hebreo y lo mató y escondió en la arena al notar que no había nadie cerca.

Luego vino otro episodio relatado en Éxodo 2,13-14:

Al día siguiente volvió a salir y, al ver que dos hebreos peleaban entre sí, le preguntó al culpable: —¿Por qué golpeas a tu compañero?

—¿Y quién te nombró a ti gobernante y juez sobre nosotros? —respondió aquél—. ¿Acaso piensas matarme a mí, como mataste al egipcio?

En todo caso, Dios sí lo había puesto como juez y gobernante. Las personas cercanas a veces lo único que hacen es desmoralizarnos. En esos casos yo recomiendo no escuchar las voces de ellos  y escuchar la voz de Dios. ¿Cómo reconocerla? La voz de Dios nos invita con dulzura, respeto y autoridad. Nos habla con fuerza, pero nos alienta. Los comentarios del mundo suelen decirnos las cosas supuestamente con “cariño”, pero al analizar sus palabras notaremos que solo buscan desmoralizarnos, disuadirnos de seguir nuestro llamado y nuestro deber espiritual. Las palabras de Dios nos dan fuerza para seguir adelante.

Al comprender que la noticia de que había matado al egipcio se extendería tuvo temor y decidió huir al desierto. Las peores decisiones son aquellas basadas en el miedo. Las mejores decisiones son las sustentadas en la fe. Dios había elegido a Moisés como libertador de Su pueblo, pero él aún no lo comprendía. Algunas personas demoran muchos años en comprender su llamado. Moisés demoró 80. ¿Usted se ha preguntado cuál es el llamado de Dios para su vida? Y para quienes ya saben cuál es su llamado: ¿cuántos huyen de este? ¿cuántos prefieren vivir en el desierto en vez de seguir el camino de Dios? ¿A cuántos les falta el valor para realizar el propósito para el cual fuimos creados?

Ese tiempo en el desierto fue un desvío del llamado de Dios. Es claro. No obstante, interpreto que a la vez, Moisés se debe haber sentido muy mal por haber asesinado un hombre. Dios no lo había llamado a asesinar, sino a libertar. Para esto necesitaba usar el poder de Dios: no sus fuerzas. Los 40 años que pasaría en el desierto también significarían un tiempo de catarsis. Significarían un tiempo en el cual asimilaría que era hebreo y no egipcio. Necesitó cuarenta años para asimilar todas estas cosas. Dios es respetuoso y no lo obligó a seguir el llamado. Es que Él no es como los reyes y gobernantes de esta tierra, los cuales dan órdenes que si no son cumplidas somos llevados muertos o tomados prisioneros.

Moisés se sentía como extranjero en tierra extraña durante su vida, de hecho, durante su estadía en el desierto, a uno de sus hijos le puso Guersón; nombre que significa “extranjero allí”. Pasó el tiempo y un día, tal vez cuando las heridas en el corazón sanaban; tal vez cuando la culpa que había sentido por matar al egipcio se disipaba; tal vez cuando su corazón se afirmaba como hebreo y entendía que sus raíces eran más fuertes que su crianza; tal vez cuando su inseguridad desaparecía; Dios le habla a Moisés desde una zarza ardiente. Moisés percibió que era algo sobrenatural porque pese a que la zarza ardía en llamas no se consumía. Dios le dice en Exódo 3,7:

Ciertamente he visto la opresión que sufre mi pueblo en Egipto. Los he escuchado quejarse de sus capataces, y conozco bien sus penurias. Así que he descendido para librarlos del poder de los egipcios y sacarlos de ese país, para llevarlos a una tierra buena y espaciosa, tierra donde abundan la leche y la miel.

Dios mismo podría haber bajado a la Tierra y defender a los israelitas, pero no es el estilo de Dios. Él respeta las leyes que ha escrito. Él respeta a la humanidad —su creación—, por esa razón usa seres humanos para libertar a otros seres humanos. La pregunta que hago yo es: ¿cuántos están disponibles para trabajar para Dios? ¿Cuántos Le permiten actuar en sus vidas?

Moisés, con su típica inseguridad que muchos de nosotros hemos sentido, le dice en Éxodo 3,11:

¿Y quién soy yo para presentarme ante el faraón y sacar de Egipto a los israelitas?

Dios responde: “Yo estaré contigo”. No creo que existan palabras más hermosas que aquellas. Qué aliento es cuando Dios es nuestro respaldo. Las palabras de los hermanos de Moisés eran “¿y quién te crees que eres tú?”. Cuando nuestros propios parientes o amigos nos tratan así nos sentimos mal, nos sentimos nada, polvo.

Los invito a no escuchar cuando los descalifiquen. No se queden con esas palabras de desánimo. No retengan en su corazón las palabras de muerte del mundo. El mundo quiere que no cumplamos nuestros sueños porque en realidad son los sueños de Dios. Algunos se reirán de ustedes, pero no los oigan. Quédense con las palabras de Dios, con las promesas de Dios. Su promesa es: “Yo estaré contigo”. Aferrémonos de Su Palabra. Es la única forma de no decaer y no desmayar. De Su palabra extraeremos la fuerza necesaria para cumplir Su tarea, Su misión.

Él está con nosotros. Eso es todo lo que necesitamos. Eso es todo el apoyo que podríamos anhelar.

 

[Continuará…]

One thought on “El éxodo

  1. Yo le hecho una mirada siempre a tus artículos, pero en realidad me aburren porque dan por supuesta la fe y entonces todo lo demás pierde sentido para mí. Sin embargo, igual siempre les echo una mirada. 🙂

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