La tierra prometida

En los textos anteriores les mencioné acerca de la juventud de Moisés y sobre cómo Dios se glorifica en la debilidad, ya que Él escoge como libertador de su pueblo a una persona escasa de palabras. Hoy llegamos al final de la historia de cómo Dios liberó a Israel.

Dice la Biblia que Moisés se acercó a Faraón para que liberara a su pueblo. Pero como sabría que Faraón no querría liberarlos Dios provoca una serie de plagas, que aunque la gente normal las ve como cosas terribles, en realidad fueron las oportunidades que Dios le ofreció a Faraón para cambiar de opinión y demostrarle que estaba por sobre su poder al cual él idolatraba. Dios quiso sacar a Faraón de su idolatría, aunque ya sabía que Faraón no lograría creer en Él. Faraón siempre tuvo una vida de desobediencia a Dios. Esto fue mostrado claramente con Moisés, pero en realidad era solo un pecado de arrogancia más en su vida.

Moisés coloca su vara en las aguas y estas se convierten en sangre. Toda agua se convirtió en sangre: lagos, lagunas, ríos, arroyos, canales, etc., incluso la que se encontraba en vasijas. Sin embargo, mediante artes secretas los magos egipcios hicieron lo mismo, y Faraón se devolvió como si nada hubiese ocurrido.

Después de siete días Dios provoca la plaga de ranas. Entonces Faraón encuentra un poco de luz en su corazón y le dice a Moisés que dejaría ir al pueblo si Dios lo libraba de la infestación de ranas que incluso estaban en su dormitorio. Moisés entonces ora a Dios para que cese la plaga de ranas, y así ocurre, pero al experimentar alivio el Faraón decide no liberar a Israel.

Cuán misericordioso fue Dios. Para empezar, podría haber matado a todos los egipcios que se opusieran a dejar marchar a Sus hijos, pero no. Prefirió mostrarle Su majestuosidad para que glorificara al Dios de Israel y no a su dios llamado poder. Podría haber obligado a dejar ir a Israel, sin embargo, se lo pide: “Deja a mi pueblo ir”. Esta historia nos muestra la misericordia infinita divina. Pero aún faltaba que ocurriera algo, algo que desencadenaría la muerte de los primogénitos egipcios. ¿Qué ocurrió?

Luego de que Dios enviara diferentes plagas: plaga de mosquitos, tábanos, plaga en el ganado, plaga de úlceras, de granizo, de langostas, vino otra plaga que haría que la muerte saliera de la boca de Faraón. (No es lo que contamina lo que entra al hombre, lo ajeno, sino lo que sale del hombre porque lo que sale del hombre proviene del corazón y afecta al corazón).

[Faraón] que le gritó a Moisés:

—¡Largo de aquí! ¡Y cuidado con volver a presentarte ante mí! El día que vuelvas a verme, puedes darte por muerto. (Éxodo 10,28).

Es grave amenazar a un elegido de Dios. Faraón al decretar la muerte de Moisés decretó su propia muerte trayendo la última plaga: la muerte de los primogénitos.

El Señor le dijo a Moisés: «Voy a traer una plaga más sobre el faraón y sobre Egipto. Después de eso, dejará que se vayan. Y cuando lo haga, los echará de aquí para siempre. Habla con el pueblo y diles que todos ellos, hombres y mujeres, deben pedirles a sus vecinos y vecinas objetos de oro y de plata. (Éxodo 11,1-2).

¿Por qué Dios les dice que les pidieran oro y plata a los egipcios? Porque no quiso que se fueran con manos vacías. Y estos metales preciosos eran el pago por todo su trabajo. Trabajo por el cual no habían recibido paga, ya que eran esclavos. Dios los haría marchar con honores. Los egipcios ni siquiera pudieron insultarles. Dios les cerró la boca incluso a los perros para que no les ladraran. Dios los sacó sin ejército, sin fuerza. Los israelitas no tuvieron que tomar una espada. Nada. Cuando el poder de Dios es manifiesto lo notamos porque no es necesario usar armas ni hacer guerras. Dios está por sobre las armas que inventan los hombres. Dios había libertado a su pueblo con paz. Creo que este hecho fue único en la historia de la humanidad. Nunca más ocurriría que un pueblo esclavo saliera de su opresión sin siquiera levantar una sola arma. Los estudiosos han descubierto que incluso personas no hebreas se les unieron y entraron en esta liberación personas de otras etnias, por ejemplo negros. Debido a esto, en África, en la actualidad, existen judíos.

El tiempo de la opresión había terminado para Israel. El tiempo de la esclavitud había terminado. Ahora debían entrar a la tierra prometida, tierra que fluye leche y miel. Este fue el final de la historia de Moisés, pero no es tu final. Este es tu principio.

Hoy vivimos en “Egipto”. Hemos sido oprimidos por los gobernantes. Hemos trabajado como esclavos. Hemos trabajado con sueño, con frío y sin ganas. Hemos trabajado para que otros se hagan ricos. Vivimos en una esclavitud moderna. Se paga con sueldos muy inferiores a los que merecemos. A algunos ni siquiera se les paga, justificando que hacen prácticas “profesionales”, aunque de profesional no tienen nada.

Es hora de que nos vayamos de este lugar árido y busquemos tierras fértiles. El mensaje de Dios para ustedes no es que emigren a otro lugar. No se trata de que vayan en busca de otro país con mejores oportunidades. No existe tal. Dios los invita a que habiten en el Reino de Dios. Ese es el país al cual los invita Jesús: Su Reino. ¿Quieren entrar a la  tierra que fluye leche y miel? Está frente a ustedes, deben entrar a ella por la fe.

Tal vez para ti la tierra prometida es una esposa bella y fiel. Tal vez para ti es un esposo que te valore y te ame tal como eres. Tal vez para ti es un trabajo donde puedas desarrollar todas tus habilidades y potencialidades: aquellas que tu jefe no sabe valorar ni sabe apreciar. Tal vez es la casa de tus sueños. Tal vez es trabajar para Dios como misionero en un país extranjero. Tal vez para ti la tierra prometida es un lugar lleno de amor, ya que has vivido toda tu vida en oprobio, burlas y escarnios.

Este es el momento para que demos un paso de fe y entremos a la tierra que fluye leche y miel. Entremos en el Reino de Dios. Ese reino que tanto anunció Jesús, pero que tan poco se predica en iglesias convencionales. Ese reino en el cual hay perdón para el culpable. Hay justicia para la víctima. Hay misericordia para todos. Hay pobreza para el rico y hay riqueza para el pobre. Dios te quiere levantar. El más grande de los profetas de todo el antiguo pacto es menor que el más pequeñito en el Reino de Dios.

¿Quieres ser parte del reino de Dios? ¿Quieres ser príncipe, princesa? ¿Quieres que Dios sea tu Rey? Pues, entra a esta nueva vida. Despójate del peso de tu pasado. La carga de Jesús es ligera. Adelante, pasa; Jesús te estaba esperando desde el principio de los tiempos.

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