Acerca del trabajo

Hay muchos puntos de vista acerca del trabajo. También hay muchos mitos. Aquí coloco algunas frases referentes a este tópico. Luego continuamos.

 

“Lo malo no es el trabajo, sino tener que trabajar” — Don Ramón (personaje de El Chavo).

“No muerdas la mano que te da de comer”— anónimo.

“El trabajo es un mal necesario que debe evitarse” — Mark Twain.

“Escoge un trabajo que ames, y no tendrás que trabajar ningún día de tu vida” — Confucio.

“Reza como si todo dependiera de Dios. Trabaja como si todo dependiera de ti.” — Agustín.

“Trabajemos sin razonar, es el único medio de hacer la vida soportable.” — Voltaire.

 

¿Se sintieron identificados con alguna de las frases? ¿Han dicho alguna de ellas? ¿Las han escuchado alguna vez? Pues bien, empecemos con el análisis.

Trabaja inteligente

No trabajes duro. Trabaja inteligente.

El trabajo lo inventó Dios. Pese a lo que todos creen, Dios no lo inventó como un castigo para el hombre. Antes de que Adán pecara en el jardín del Edén ya se le había encargado que lo cultivara y lo cuidara (Gen. 2,15), asimismo le encargó que le pusiera nombre a los animales (Gen. 2,19). La diferencia después de que Adán pecara (desobedeció y comió del fruto del único árbol prohibido) fue el agotamiento que produce el trabajar.

Este agotamiento y trabajar con el sudor de nuestra frente no significa que debemos matarnos trabajando. ¿Para qué trabajar duro cuando podemos hacerlo de forma inteligente? [ver imagen]. De hecho, debemos tener cuidado de no ser consumidos ni devorados por el trabajo. Si uno se obsesiona se convierte en una adicción (personas trabajólicas).

Una de las frases que a mi juicio es la más alejada de la verdad, es aquella que dice de no morder la mano que nos da de comer. Debemos tener claro que no somos animales. Nuestros empleadores no son quienes nos dan de comer. No somos burros de carga. Somos personas con derechos y ya seamos empleados o cesantes Dios es quien nos da de comer… Siempre. No los hombres.

Mi invitación no es a la pereza, sino a encontrar un trabajo que amemos. Si uno lo ve de esa forma se da cuenta que es motivador y desafiante trabajar. Tal vez con la frase que más cercano me siento es con la de Confucio, no obstante, no creo que dedicarse a lo que uno ama implique que uno no se canse (en eso se confunde Confucio). Yo amo mi trabajo, sin embargo, me canso y me estreso igual. A veces me desespero, a veces me desaliento, a veces no veo frutos de mi trabajo y esfuerzo, lo que me entristece muchísimo. Cuando me ocurre esto recuerdo un pasaje de la Biblia que dice lo siguiente:

En una ocasión, estando Jesús a orillas del Lago de Genesaret […]. Los pescadores habían bajado de ellas a lavar sus redes. Jesús subió a una de las barcas, que era de Simón, y le pidió que la alejara un poco de la orilla. Luego se sentó en la barca, y desde allí comenzó a enseñar a la gente. Cuando terminó de hablar, le dijo a Simón: —Lleva la barca a la parte honda del lago, y echen allí sus redes, para pescar. Simón le contestó: —Maestro, hemos estado trabajando toda la noche sin pescar nada; pero, ya que tú lo mandas, voy a echar las redes. Cuando lo hicieron, recogieron tanto pescado que las redes se rompían. Entonces hicieron señas a sus compañeros de la otra barca, para que fueran a ayudarlos. Ellos fueron, y llenaron tanto las dos barcas que les faltaba poco para hundirse. (Lucas 5,1-7).

Hay veces que lo damos todo, nos esforzamos, sudamos, nos entumecimos, nos acaloramos, y sin embargo, no vemos resultados. Eso fue lo que le ocurrió esa noche a Pedro. Él  se sorprende al escuchar que Jesús le dice que volvieran al lago y echaran las redes.

Pedro, el más impulsivo de los discípulos, reacciona tal vez con una mezcla de ironía, molestia y queja. Tal vez haya pensado que era ingenuo Jesús, puesto que él era rabino y no un experimentado pescador como él, ¿qué podría enseñarle Él? Quizá por eso le dice: “Hemos trabajado toda la noche”. Pero luego, reconsidera, se detiene a pensar y tal vez le es revelado que Jesús no solo era maestro de la Torá y de cosas espirituales, sino de todo el universo. Entonces con humildad y fe, dice: “En tu palabra, debido a que tú me lo mandas, debido a que tú me lo dices echaré las redes otra vez”.

Este pasaje es un mensaje para aquellos que están desalentados. Es un mensaje para aquellos que no han visto respuesta aún. Para aquellos que tal vez no han tenido el éxito que esperaban en su empresa. Para aquellos que tal vez no han sido ascendidos cuando sus jefes se lo habían prometido. Para aquellos que se ven en la obligación de salir a trabajar en algo que no desean, esperando que aparezca la oportunidad del trabajo soñado. Para aquellos que no saben cuál es su vocación; aquellos que nunca se han cuestionado qué querían ser en su vida y terminaron trabajando en lo primero que apareció, sin embargo, se sienten insatisfechos con sus actuales vidas.

El trabajo es una bendición de Dios. El trabajo es prosperidad. Si aún no hemos experimentado esto nos falta tener fe y persistir. Quizás nos hace falta apoyarnos más en Dios y menos en nuestras fuerzas. Debemos echar las redes en el nombre de Jesús. Si persistimos puede que esta vez, esta vez sí las redes salgan llenas, tanto que ni siquiera seamos capaces de llevarlas a tierra y tengamos que pedir ayuda. Es que cuando Dios responde, la respuesta es abundante. Dios no nos da migajas ni las sobras.

Aferrémonos de esta promesa divina:

¡Que el Señor te recompense por lo que has hecho! Que el Señor, Dios de Israel, bajo cuyas alas has venido a refugiarte, te lo pague con creces. (Libro de Rut 2,12).

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