La fe

Hoy ya nadie tiene fe.

Los pastores evangélicos y los sacerdotes católicos dejaron de hablar de sanidades, dejaron de hablar de bendiciones, dejaron la profecía a un lado.

La fe, al contrario de lo que se dice, no es solamente creer en Dios. La fe es mucho más: es una entrega absoluta a Él; es entregarle tus sueños para que Él los haga realidad; es creer que Dios interviene en tu vida. Muchos ven la vida cristiana como si Dios transitara un camino en el Cielo y tú otro. La verdad es que Dios es un “Dios de cerca y un Dios de lejos”.  Dios quiere caminar contigo, pero la gente no lo deja porque creen que está ocupado en el Cielo. Yo creo que en ningún momento de la historia Dios tuvo tan poco trabajo.

La fe implica orar y leer la Biblia. La fe implica creer lo que dice la Sagrada Escritura. No obstante, ya nadie cree en la Creación, nadie cree en que Enoc fue traspuesto y llevado al Cielo (sin muerte), nadie cree en el pecado original de Adán, nadie cree el arca de Noé, nadie cree en el pecado, nadie cree en los milagros de Jesús, nadie cree en la resurrección de Cristo.

Cuando empiezas a poner en duda un pasaje de la Biblia no es extraño que el día de mañana pongas en duda otro, y así… Muchos terminan sin creer en Dios porque siembran una pequeña duda en la Biblia, que es la mismísima Palabra de Dios.

La oración debiera ser una actividad constante. Jesús pasaba horas enteras, noches enteras dedicadas a la oración. Esa oración le refrescaba su espíritu y por esa razón podía tener fe mayor a la de un grano de mostaza. ¿Hoy en día quién puede decir que ora más de cinco minutos diariamente? No se trata de repetir palabras vanas como lo hacen los paganos, sino de conversar con Dios. Debemos tener una relación íntima con Él. Jesús leía constantemente las Escrituras. Hay referencias en sus palabras a todos los libros del Antiguo Testamento, lo cual significa que para él era algo natural el estudio de la Biblia. ¿Hoy quién lee algún pasaje de la Biblia diariamente? Muchos hay que se dedican a criticarla, pero no extraen la vida que hay en ella.

¿Quién es responsable de que haya ocurrido todo esto? Pues, cada persona tiene responsabilidad, pero aún más los líderes religiosos, los guías, los teólogos, etc. Por eso la Biblia dice lo siguiente contra los pastores:

El Señor se dirigió a mí, y me dijo: «Tú, hombre, habla en mi nombre contra los pastores de Israel, y diles: “Esto dice el Señor: ¡Ay de los pastores de Israel, que se cuidan a sí mismos! Lo que deben cuidar los pastores es el rebaño. Ustedes se beben la leche, se hacen vestidos con la lana y matan las ovejas más gordas, pero no cuidan el rebaño. Ustedes no ayudan a las ovejas débiles, ni curan a las enfermas, ni vendan a las que tienen alguna pata rota, ni hacen volver a las que se extravían, ni buscan a las que se pierden, sino que las tratan con dureza y crueldad. Mis ovejas se quedaron sin pastor y se dispersaron, y las fieras salvajes se las comieron. Se dispersaron por todos los montes y cerros altos, se extraviaron por toda la tierra, y no hubo nadie que se preocupara por ellas y fuera a buscarlas. (Ezequiel 34,1-6).

Hoy, yo como guía cristiano, tengo como propósito cuidar del rebaño e ir a buscar las ovejas perdidas de la Iglesia.

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