El regalo más bello

Dios no nos necesita, Él lo es todo y no necesita de nadie ni nada para sobrevivir ¿Entonces por qué estamos aquí? ¿Por qué nos creo?  Porque Él también es amor, y en su amor nos creó a nosotros. El don de la vida es el regalo más hermoso del universo y nos creó con la necesidad de depender de él (necesidad espiritual).

Este comentario publicó Van Alencer en la entrada anterior, “Dios no nos necesita” (si no ha leído el artículo, le recomiendo hacerlo).

Hoy quiero hablarles de la vida. Quiero hablarles del valor que tiene. Muchas personas talvez no se dan cuenta de esto, talvez lo pasan por alto. Sucede que quienes tienen algo desde siempre no saben valorarlo tanto como otros que estuvieron a punto de perderlo. Yo he sido de esas personas que han estado próximas a perder la vida. Como he relatado en otras oportunidades, cuando era un niño solamente estuve cerca de la muerte, no una vez, sino varias veces. Gracias a Dios hoy respiro, veo, escribo, oro, rezo, aprendo, leo, siento, escucho, camino, gusto, palpo, percibo.

Talvez por estar cerca de perder la vida me he aferrado de ella más férreamente que una persona normal. He comprendido que la forma de estar más cerca de la vida es caminando con quien es vida. Jesús dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”. He descubierto que estando con la fuente misma de la vida, esta se disfruta más. Se vive más profundamente, más intensamente, más fuertemente.

Hay personas que menosprecian la vida: aquellos que intentan quitarse la vida; aquellos que ven a los hijos no como regalos, sino como problemas; aquellos que valoran más un trozo de papel (dinero) o metal (oro, plata) que un ser humano. De todos modos, no los culpo. Esto es algo que la sociedad cada vez nos trata de inculcar con más fuerza. Según la sociedad, lo más importante no es tu vida y cuánto la vives y disfrutas, sino cuántos ingresos generas, cuántos puestos de trabajo creas, cuántas veces vas a trabajar en el año, cuánto aportas al PIB del país. No culpo a las personas. Culpo a los patrones de fundo urbanos, que te inculcan que no tengas hijos para que puedas ir sin problemas al trabajo que no te gusta, en el cual te explotan y en el cual, se desvanece, poco a poco, tu propia vida, para que otro, no tú, gane 100 veces más que tu salario.

Llega un feriado y todos los gobernantes se escandalizan. Hablan de las pérdidas económicas que le significará al país tener tantos días festivos. ¿Alguien piensa en que la gente tendrá la oportunidad de estar más cerca de su familia? ¿Alguien piensa en que las parejas podrán tener más tiempo para disfrutar de su amor? ¿Alguien piensa en la ganancia de estar con nuestros amigos? Pareciera que todo se midiera en dólares.

Yo no mido la vida en dólares ni en pesos. La mido en cuánto estoy viviendo mi propio proyecto y no el proyecto que otros me imponen. Mido mi vida en cuánto disfruto de un día soleado o un día nublado. Hago un balance de cuánto sigo mi llamado, mi vocación. Valoro el descanso, así como valoro el trabajo.

Hay gente que piensa que el respeto se debe ganar. La verdad es que el respeto no se gana, sino que se adquiere al momento de existir. La sola existencia implica respeto.

Respetemos la vida: la vida del que está por nacer, la vida del que está a nuestro lado, sea enemigo o amigo, la vida del que está lejos, la vida del que sufre, la vida propia. Hagamos de nuestra vida algo maravilloso: es el regalo más hermoso del universo. No la desaprovechemos, no la desperdiciemos y… Vivamos.

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