Jonás

Hoy deseo contarles la historia de un hombre de Dios: Jonás. De todos modos, recomiendo que lean el libro de Jonás en la Biblia, tiene solo 4 capítulos y es, realmente, hermoso.

Se nos cuenta que la palabra de Dios vino a Jonás y le dijo: «Anda, ve a la gran ciudad de Nínive y proclama contra ella que su maldad ha llegado hasta mi presencia». Jonás, sin embargo, siendo muy caprichoso, no fue a Nínive, sino a Tarsis, en barco. Estando ya en la travesía comenzó una fuerte tormenta, el barco amenazaba con hacerse pedazos. Todos estaban muy asustados, sin embargo Jonás dormía.

Este profeta conocía muy bien a Dios. Cuando lo leí me sorprendió el conocimiento de la naturaleza de Dios que tenía, sobre todo, al compararlo con otros profetas como Elías o Eliseo. Todos en el barco estaban asustados ya que los dioses falsos de los otros hombres deben haber sido dioses torturadores, dioses crueles, dioses que no amaban a la humanidad. Jonás, sin embargo, estaba —sorprendentemente— tranquilo… ¡¡¡Y durmiendo!!! Pese a estar desobedeciendo a Dios, pese a huir a Tarsis, en vez de cumplir su misión, pese a desoir el llamado divino. Jonás debiese haber sido quien estaba con temor, ¿verdad?, pero no; Jonás sabía que Dios era bondadoso y compasivo, lento para la ira y lleno de amor, que cambia de parecer y no destruye (4, 2). Quien destruye es el diablo, no Dios.

A este hombre Dios le dio un don muy poderoso para anunciar la Palabra porque donde fuera que hablara los hombres se convertían al Señor. Resultó que, finalmente, los hombres del barco reconocen al Dios de Israel como el verdadero Dios. Ellos no echan a Jonás del barco por la fuerza cuando se enteran de que por culpa de él era que se encontraba en una tormenta, sino que intentaron llevar a Jonás a tierra firme (pese a que él les dijo que lo echaran al mar). Pero Dios no quería eso. Dios hizo que la tormenta empeorara cuando los hombres intentaban remar. Entonces, se dan cuenta que no quedaba otra alternativa para Jonás y le piden a Dios que no se enojara con ellos por echarlo al mar, donde, de seguro, moriría.

Ahora, Jonás podría haber pedido que Dios calmara la tormenta, pero no lo hizo. Encaprichademente, y casi suicida, dijo que lo echaran al mar. Al momento de que Jonás sale del barco, la tormenta se calma.

Pero Jonás no muere. Dios le salva la vida enviando un gran pez que lo tuvo en su interior tres días y tres noches, hasta que Jonás se arrepiente y el pez lo vomita en tierra firme por orden de Dios. (Todas las criaturas se sujetan a la voluntad de Dios). Destaco que Dios le salva la vida porque muchos piensan que Dios lo castiga al enviar un gran pez que lo engullera. ¿Qué habría pasado si Dios no envía el gran pez? Jonás hubiese muerto ahogado.

Finalmente, Jonás obedece y estuvo todo un día predicando lo que le había encomendado Dios en la importante ciudad de Nínive. Resultó que todos, absolutamente todos, desde el más poderoso al menor, aproximadamente 120 mil personas, se convirtieron al Señor, se arrepintieron de sus malos caminos y creyeron a la voz del profeta, sin señales milagrosas, sin prodigios.

Como Dios ve que Nínive se arrepiente, cambia de parecer y no se enoja con ellos. Sin embargo, hubo una sola persona que no estaba contenta: ese era Jonás. Él, muy encaprichado y enojado, le dice a Dios que le quitara la vida. Le dice que hubiera preferido que Nínive fuera destruída. Pero Dios le da una lección, y le enseña que era necesario que él fuera a predicar, ya que, cómo Él no iba a compadecerse por 120 mil personas.

Así como Jonás, hoy todos los escogidos de Dios tenemos una misión que cumplir. ¿Escuchamos a Dios? ¿Obedecemos lo que nos dice? ¿Usamos los dones que Dios nos ha entregado o huimos del llamado de Dios, así como Jonás?

Los dejo con este versículo de Jonás 2, 2.

En mi angustia clamé al Señor,
    y él me respondió.

2 thoughts on “Jonás

  1. Muy bonito, podrías hablar de Job si que no has escrito de él, a mi este hombre es el que me ha sorprendido enormemente cuando leí de él por primera vez….

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