El valor perdido

El otro día conversaba con alguien que me relataba que valoraba que le dijeran críticas (destructivas) frente a frente. Me explicaba que lo valoraba porque lo consideraba honestidad. Inmediatamente sentí que algo no cuadraba. ¿Desde cuándo que atacar a otra persona se había transformado en un valor? Pero hago este cuestionamiento no porque soy ingenuo. Yo entiendo a qué apuntaba cuando me decía esto. Se refería a que era mejor que le dijeran las cosas de frente a que la apuñalaran por la espalda, luego de sonreirle cada día. ¿Pero el hecho de criticar de forma dañina no será un apuñalamiento diario y de frente? En ese sentido, ¿cuál sería la diferencia si te apuñalan por la espalda o te apuñalan de frente? Ambos son puñales. Ambos duelen por igual.

Creo que el valor perdido hoy es decir las cosas positivas de las otras personas. Al momento que alguien comete un error, todos se lanzarán como pirañas a devorar, pero ¿qué sucede con quien hace las cosas bien? ¿Quién felicita a esa gente? Y yendo más allá, ¿quién dice alguna cualidad a cualquier persona que uno conoce? Este, a mi juicio, es el valor perdido: tener las agallas para decirle a la otra persona que tiene talento, que es comprometida, que es inteligente, que la consideras honorable. Pero no decírselo mintiendo, sino creyendo de verdad que lo es. Aprender a respetar y valorar las distintas características de las personas.

Si nos vamos a decir las cosas de frente, digamos lo positivo, que lo negativo ya ha estado mucho tiempo en la palestra.

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