El valor de un hombre

El valor de un hombre no se mide en el desarrollo de su musculatura.

El valor de un hombre no se mide en su inteligencia, sus capacidades o su productividad laboral.

El valor de un hombre no se mide en su claridad, destreza, atractivo o agudeza.
El valor de un hombre no se mide en su labor, su fortuna, su herencia o su familia.
El valor de un hombre no se mide en si aguanta estoicamente el dolor o si se pone a llorar como un niño a la más mínima provocación.
El valor de un hombre no se mide en si sabe resolver problemas, en vez de provocarlos.
El valor de un hombre no se mide en si tiene o no alguna adicción.
El valor de un hombre no se mide en su resolución y determinación.
El valor de un hombre no se mide con ninguno de estos parámetros.
El valor de un hombre se esconde en que fue creado y diseñado por y para Dios.
El valor de un hombre es el ser creación divina, admirable y bella.
El valor de un hombre no es la cantidad de amor que él siente, sino que es el amor que siente su Padre por él.

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