La revolución del perdón

Esta historia es 100% real. El otro día una persona me lo contó y me conmovió. Para resguardar su privacidad no diré su nombre, así que la llamaremos “A“.

A, siendo muy niña, teniendo nueve años, y teniendo un hermano de siete años de edad, su padre los abandonó.  Nadie lo echó. Se fue sin despedirse, sin decir nada. Así que solamente los cuidó su madre por muchos años.
Pasaron aproximadamente 20 años y un día A iba a su trabajo, algo apurada, algo atrasada, y choca con un caballero y le pide disculpas. El hombre, entonces, le dice que es su padre. Ese sería el primero de muchos encuentros ya que luego de eso el padre la iría a ver casi todos los días.
A le comentó lo que le había sucedido a su hermano. Como al hermano le había hecho tanta falta su padre (desde los 7 años), tenía mucha rabia o dolor. Ni siquiera le decía papá. El hermano de A ya tenía hijos. Pero un día, muy enojado, le pidió el número de teléfono de su padre a A, solo para que sus hijos pudieran ver que él no era huérfano y pudieran conocer a su abuelo.
El terreno donde viven es relativamente grande. A vive junto a su hermano y junto a su madre. El hermano tiene una pequeña casa dentro del terreno. Un día A se sorprendió mucho al ver que su padre estaba en la casa del hermano. El hermano, que parecía el más furioso, fue uno de los que primero le dio acceso al hogar, y al parecer el que más intensamente se acercó a él. La madre estaba enervada y no podía entender la situación.
Pasó el tiempo y un día A ve que venía un camión de mudanza. Le preguntó a su madre, y esta le dice que se había reconciliado con su esposo y había decidido que viviera de nuevo en la casa. Es decir, todos habían perdonado al caballero: la hija, el hijo y la esposa.
A me cuenta que su padre es una persona muy educada, es muy caballero. Cuando le piden algo, él dice “no hay problema”. De hecho, el padre la va a buscar al trabajo cada día, teniendo ella más de 30 años. El padre suele estar de pie en el living sin ver TV. Le dicen que se siente o que vea algún programa y él dice que le gusta pensar. No suele estresarse por ningún tema. Al punto que a veces su esposa se altera de tanto relajo en él, lo cual encuentro casi hilarante.
Esta historia me sorprendió por varias razones. Primero, encontré hermoso el testimonio. Me cautivó completamente. me sorprendió la capacidad de perdón en la familia. Encontré que había mucho amor cristiano. A veces, el verdadero perdón no es tanto cuando uno dice “te perdono”, sino que a veces es simplemente seguir con el ritmo de la vida, reír con la persona que a uno le hace daño y dar vuelta la página sin casi hacer notar que la otra persona se equivocó. A su vez, me sorprendió que A solo me dijera cosas buenas de su padre. Podría haber escogido vivir con resentimiento, con odio, pero eligió vivir con amor y perdonando. Y, francamente, ella es feliz.
Jesús dijo que todo lo que atáramos en la tierra quedaría atado en el Cielo y todo lo que desatáramos en la tierra, quedaría desatado en el Cielo. Muchos de nosotros, tendemos a atar cuando no perdonamos a las personas. Debido a esto, muchas veces, se producen interferencias en la comunicación con Dios. Estas amarras terrenales afectan nuestra relación con Dios. No podemos llevarnos mal u odiar a la gente que vemos y tratamos día a día y pretender tener una excelente relación con Dios. Si hay algo que Jesús nos enseñó es a perdonar y amar a nuestros enemigos. Si no, no habría diferencia alguna con aquellos que no son discípulos de Cristo.
A veces escucho que personas que desconocen un poco la vida de Jesús, dicen que fue el primer revolucionario, o el primer comunista. Creo que esas personas desconocen un poco la Biblia. Jesús no fue el primer comunista. Jesús no trajo una revolución de las armas, pero sí fue el revolucionario del perdón. Mientras lo golpeaban y le escupían, Él oró por sus enemigos. Creo que hay muchas personas que lo siguen, pero no perdonan. ¿Pero entonces cómo es posible que se llamen discípulos de Él?
A nunca me habla de la Biblia o de Dios, pero me lo demuestra siempre en sus actos. Es que son más bienaventurados los que escuchan la Palabra y la obedecen (Lc 11, 28) y no solo los oidores (Santiago 1, 22).
A su vez, el apóstol Pablo, decía que pensáramos en todo lo puro, en todo lo amable (Fil 4, 8). Ese versículo lo recordé cuando A me hablaba de todas las cualidades de su padre. Me lo decía con tanta alegría y estaba tan orgullosa de su papá que realmente me conmovió, me emocionó y me condujo a escribir este artículo. Quería compartirlo con ustedes. Era demasiado bonito como para que la historia quedara oculta.

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