Respeta tus tiempos, cómo prevenir la depresión

Hoy les hablaré de cómo prevenir estados anímicos bajos. La Biblia es un libro que nos muestra personas reales, no mitificadas, lo cual nos sirve para comprender de mejor al ser humano.

Estamos acostumbrados a asociar la depresión a problemas, pero no es una relación del todo correcta. Sabemos de muchas personas que sufren depresión y que han sido exitosas en la vida. La Biblia nos muestra personas que estuvieron muy deprimidas, al punto de pedir a Dios que les quitara la vida. Hablo de Moisés, Elías y Jonás. Los tres cayeron en una profunda depresión, pero no luego de tener fracasos, sino una gran victoria; adicionalmente, los tres cayeron en depresión luego de tener un gran desgaste físico, mental y espiritual.

Veamos con detalle el caso de Elías. (Si tienen interés pueden leer lo ocurrido con Moisés en Números 11, 10-20 y lo de Jonás en Jon. 4). Comencemos.

Elías ora, diciéndole a Dios que consumiera con fuego del cielo un buey de sacrificio que había preparado, para demostrar de esta forma que el Dios de Israel era el verdadero y no los dioses a los cuales los profetas servían (Baal y Aserá). Dios responde y consume con fuego. Luego de eso Elías los ejecuta. El hecho de orar implica un desgaste de energía, sumado a a al carga emocional de ejecutar a los falsos profetas. Pero la historia no termina allí. Además de todo esto la Biblia relata que Elías caminó todo un día en pleno desierto. Finalmente, se sienta al lado de un arbusto y dice:

“Estoy harto, Señor -protestó-. Quítame la vida, pues no soy mejor que mis antepasados”. (1 Reyes 19, 4).

Elías dice esto luego de haber tenido una gran victoria espiritual, pero también luego de haber experimentado un gran desgaste físico, espiritual y emocional. ¿Qué hizo Dios? Para empezar, no le responde esta oración, sino que lo alimenta, lo hace dormir; luego lo vuelve a alimentar para enviarlo a un lugar totalmente solitario. De esta forma Elías logra descansar. Elías se había sobre exigido. Fue un gran profeta, pero no respetaba sus tiempos, por lo cual, terminaba exhausto, pero de una manera nociva.

Si hay algo que podemos aprender de este pasaje es que todos necesitamos descanso. Luego de hacer un gran esfuerzo, necesitamos retirarnos, no podemos seguir con el mismo ritmo de trabajo o terminaremos destruyéndonos. Por esta razón Dios instituye el día de reposo. Para decirnos que necesitamos descansar. También por esta razón creó la noche. Para decirnos que debemos dormir. Si estuviéramos siempre de día, probablemente siempre estaríamos en vela y nos desequilibraríamos. Probablemente las jornadas laborales serían de más de 9 horas diarias.

Necesitamos dormir, necesitamos comer, necesitamos beber. Dios sabe esto mejor que nosotros. Nosotros tendemos a ser déspotas con nosotros mismos y no nos tratamos lo suficientemente bien. No nos medimos muchas veces y terminamos faltándonos el respeto. Pero Dios nos enseña a través de estos pasajes cómo evitar el desánimo. Nos enseña a delegar, a hacer pausas, a retirarnos cuando todo está muy difícil, a recostarse al lado de la sombra cuando el sol cae directo sobre nosotros.

Nueve enseñanzas para el romance extraídas de la Biblia

El Cantar de los Cantares es un libro de la Biblia escrito por Salomón. Es una obra lírica romántica organizada en cinco cantos. Como poeta, me es difícil no maravillarme ante la belleza de las palabras y su disposición. En este artículo me centraré en rescatar enseñanzas para el romance que podemos extraer del libro. (No, la Biblia no es un libro fome, ni siquiera en esta área).

1. Los amantes se hablan con pasión

Muchas personas piensan que la Biblia es un libro recatado o medido al hablar de romance y pasión, pero se equivocan. El primer canto comienza con la declaración apasionada de la amada frente a su amado (el rey Salomón). Leamos un versículo:

¡Hazme del todo tuya! ¡Date prisa! ¡Llévame, oh rey, a tu alcoba! (1, 4).

2. Los amantes se aceptan a sí mismos

La amada relata que su piel es morena, y se bronceó más debido a que trabajó en viñedos que no eran propios. Pero ella defiende su belleza, pese a ser morena. No se acompleja. Esto nos da la lección de aceptar nuestro cuerpo, no dejarse llevar por estereotipos y darse cuenta de que Dios nos creado, por lo tanto, debemos valorarnos físicamente.

3. Los amantes se admiran con la belleza del otro

El amado pronuncia también la belleza de su amada. La amada pronuncia la belleza del amado. Generalmente, esto lo hacen hombres a mujeres, pero no tan común vemos que mujeres hablen de la belleza del amado [en el caso de que sean bellos, obviamente, jajaja]. 

Miren en este verso:

¡Cuán hermoso eres, amado mío! ¡Eres un encanto! (1, 16).

4. Los amantes utilizan la belleza para rodear al amado

No creo que sea casualidad el hecho de que las parejas se dediquen canciones y se escriban poemas. En general, intentamos usar toda la belleza posible para expresarnos nuestro amor. Queremos rodear de belleza al ser amado. 

Miren en este versículo, cómo el amado hablar de reunirse fogosamente en el campo.

Una alfombra de verdor es nuestro lecho. (1, 16).

5. Los amantes se protegen

El amado se preocupa de que la amada esté protegida cuando está más indefensa, es decir, en su sueño. Desea que repose y que descanse. 

…no desvelen ni molesten a mi amada hasta que ella quiera despertar. (2, 7).

6. Los amantes declaran su pertenencia al otro

El amor libre (en que nadie pertenece a nadie) es contrario al romance. Es mucho más intenso y fogoso el pertenecerse. Miren este versículo:

Mi amado es mío, y yo soy suya… (2, 16).

7. Los amantes sienten con desenfreno

La amada busca al esposo de una forma muy intensa, ella se ha entregado desenfrenadamente al sentimiento. No hace cálculos, no busca seguridades. Llega a expresar:

…si encuentran a mi amado, ¡le digan que estoy enferma de amor! (5, 8).

Y este otro verso (el más hermoso a mi parecer):

Fuerte es el amor, como la muerte, y tenaz la pasión como el sepulcro. Como la llama divina es el fuego ardiente del amor. (8, 6).

8. Los amantes se expresan lo únicos que son para el otro

Las amigas y amigos, preguntan: ¿en qué aventaja tu amado a otros hombres? (5, 9)

La amada responde: “Mi amado es apuesto y trigueño, y entre diez mil hombres se le distingue” (5, 10). 

La amada reconoce en el esposo atributos especiales que lo hacen inconfundible. Aunque ella viera a diez mil hombres, su amado es único, especial,  distinguido, apuesto.

9. Los amantes desean estar en todo momento y en todo lugar juntos

Leamos:

… pasemos la noche entre los azahares. Vayamos temprano a los viñedos (…) ¡Allí te brindaré mis caricias! (7, 11-12).

A la amada no le importa el contexto, lugar; no le importa si es noche o día. Quiere siempre brindarle sus caricias, su ternura a su amado.

Espero que apliquen estos principios con sus parejas. Ya sean matrimonios, pololos o novios.

El conocimiento

En nuestra sociedad el conocimiento está sobrevalorado. Tendemos a decirles a nuestros alumnos que se esfuercen para que algún día lleguen a la universidad y así sigan estudiando. El saber es algo muy premiado y reconocido. En estos tiempos, tener un doctorado, una maestría es algo muy valorado, ya que además están ligados a éxito laboral y financiero. Sin embargo, la Biblia tiene un enfoque muy diferente. Leamos:

»mientras más sabiduría, más problemas;
    mientras más se sabe, más se sufre.» (Eclesiastés 1, 18).

Estas palabras fueron escritas por la persona más sabia de todos los tiempos: Salomón. La Biblia refiere que el Señor se le apareció en sueños a Salomón cuando aún era un muchacho, y le dijo “Pídeme lo que quieras”. Como este le pide sabiduría, Dios le hace el hombre más sabio, y además el hombre más rico que haya existido alguna vez, ya que se agradó que no le hubiera pedido otras cosas.

Teniendo esto en mente, prosigamos.

Salomón no nos dice que la mayor bendición sea el saber, sino el disfrutar. Quien disfruta es el más bendecido. Es decir, no es tan bendecido quien entiende el funcionamiento de las mareas, sino que quien puede ir a la playa, tomar sol, nadar y pasarlo bien. No es tan bendecido quien ha estudiado la geografía de una ciudad, sino quien va de viaje y se toma fotografías allí con sus amigos. No es tan bendecido quien entiende los misterios del matrimonio, sino quien tiene a su mujer y la disfruta.

El libro de Eclesiastés nos enseña que casi todo en esta vida es un absurdo, es correr tras el viento. Tanto el necio y el sabio mueren y ya nadie se acuerda de ellos. Quien tiene sabiduría y riquezas un día morirá y sus bienes pasarán a manos de personas que nunca se esforzaron para obtener lo que ellos lograron. La persona que más pudo entender este mundo, nos enseñó que casi todo lo que nosotros nos afanamos por conseguir: títulos, bienes, riquezas, fama… Todo es correr tras el viento.

Lo mejor que puede hacer el hombre es alegrarse y hacer el bien mientras viva. Esto es lo máximo que uno puede hacer. Es curioso que algunas personas se esfuercen en construir imperios, realizar grandes proezas y dejen pasar cosas como la alegría. Vemos también que muchos emperadores se han levantado: Napoleón, Alejandro Magno, Octavio Augusto, Steve Jobs (ejemplo moderno); y en todos, la historia es siempre igual. Tienen un ascenso explosivo, un poder grande y luego… Decadencia. Todo va al mismo lugar: al polvo.

Lo que ahora existe, ya existía;
    y lo que ha de existir, existe ya.
    Dios hace que la historia se repita. (Eclesiastés 3, 15).

Pienso que este libro nos recuerda qué es lo que somos. Nos recuerda la humildad, nos hace pensar en la muerte. Nos hace colocar la vista en las cosas que nos convienen más, en vez de distraernos con la fama, el éxito y las envidias. Este libro nos muestra que el hombre bendecido no es aquel que tanto éxito tiene, sino aquel que mucho disfruta lo que tiene.

La importancia de los Diez Mandamientos

El cristianismo, a lo largo de su historia, pero especialmente en los últimos siglos, ha cometido un grave error. Este consiste en haber menospreciado la Torah (ley del antiguo testamento o antiguo pacto). El hecho de que ahora exista un nuevo pacto no implica que los mandamientos ya no sean importantes. El nuevo pacto no invalida la ley, ya que la Biblia dice que Dios pondrá la ley en nuestros corazones (Hebreos 10, 16).
Para entender mejor la importancia de los Mandamientos, leamos este pasaje:
Grábense estas palabras en el corazón y en la mente; átenlas en sus manos como un signo, y llévenlas en su frente como una marca. Enséñenselas a sus hijos y repítanselas cuando estén en su casa y cuando anden por el camino, cuando se acuesten y cuando se levanten; escríbanlas en los postes de su casa y en los portones de sus ciudades. (Deuteronomio 11, 18-20 NVI).
¿A qué se refiere a que debemos pegarnos en la frente sus mandamientos? A que la ley divina (Torah) debe gobernar nuestros pensamientos. ¿Qué significa que debamos atarlos a nuestras manos? Que la ley divina debe estar presente en nuestros actos. La ley debe impregnar nuestro hogar y nuestra ciudad. De esta forma, nos irá bien y estaremos haciendo la voluntad divina. Es tan importante esto que me escandaliza que los cristianos desconozcan los 10 mandamientos. (Hice una mini-encuesta y pregunté a cristianos si conocían los mandamientos y ninguno fue capaz de decírmelos de memoria). Estoy decidido a que esta realidad cambie, por lo cual abora siempre los enseñaré en los estudios bíblicos presenciales y en mis posts online.
Empezaré hoy mismo, pero hoy solo me remitiré a los dos primeros mandamientos. En otras columnas analizaré los siguientes. La idea es que los escudriñemos y comprendamos bien.
El primer mandamiento es: “[El Señor dice:] No tendrás otros dioses además de mí”.
Aquí talvez muchos digan que no tienen otros dioses. Tal vez me digan (o estén pensando): “Yo no adoro a Zeus, Isis o a Osiris, solo adoro al único Dios, entonces yo obedezco el primer mandamiento”. Yo les digo que está bien y los felicito si no adoran a esos dioses y solo adoran al Señor. ero no por esto significa que no tengan otros dioses. Sin embargo, los invito a meditar bien. Piensen si Dios es lo más importante en sus vidas; revisen en su corazón si es que existe algo más importante que Dios porque de ser así, entonces sí tienen otros dioses. Si existe algo o alguien que amen con más fuerza que a Dios —ya sea un pariente, un amigo, una ideología, una carrera universitaria, una mascota o ustedes mismos—, entonces están violando el primer mandamiento. Recuerden que Dios le dijo a Abraham que sacrificara a su propio hijo y Abraham no se lo negó. Obviamente al estar a segundos de sacrificarlo apareció Dios diciendo que no lo matara. Solo se trataba de una prueba, la cual Abraham (el padre de la fe) pasó con éxito.
Debemos amar a Dios con todas nuestras fuerzas, con todo nuestro ser, con todo nuestro corazón. Si no hacemos esto, entonces estamos rompiendo el primer mandamiento y quien rompe uno solo de los mandamientos ha quebrantado toda la ley.
El segundo mandamiento dice: “[El Señor dice:] No te harás imagen, ni semejanza alguna de lo que está arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás ante ellas, ni las honrarás, porque yo soy el Señor tu Dios, fuerte y celoso.” (Deuteronomio 5, 8-9). 
Muchas personas estarán pensando: “Yo no me inclino frente a imágenes como un Buda o frente a imágenes de dioses indios o no adoro árboles”. Está bien, pero ¿están seguros que no violan el segundo mandamiento?
Entre aquellos que les gusta la tecnología ¿no tendrán imágenes que idolatren? Piensen, por ejemplo, en la manzana de Apple o en el pingüino de Linux. Son imágenes que pegan en fondos de perfil en internet o pegan en los parabrisas de vehículos. ¿Las estarán idolatrando? Entre aquellos que les gusta el fútbol, piensen en si idolatran símbolos de sus clubes favoritos.
Yendo un poco más allá. Piensen y revisen su hogar y vean si es que tienen imágenes de “santitos”, “animitas”, la virgen María u otros. Mediten si se han fabricado o si tienen imágenes a las cuales idolatran.
Para concluir me gustaría dejarles el mensaje de que debemos recordar siempre los mandamientos y tenerlos presentes en nuestra vida. Debemos aprenderlos, memorizarlos, interiorizarlos a tal punto que estén como atados a nuestras manos y pegados en nuestra frente, de esta forma, estaremos escuchando y poniendo por obra la Palabra de Dios.

Jonás

Hoy deseo contarles la historia de un hombre de Dios: Jonás. De todos modos, recomiendo que lean el libro de Jonás en la Biblia, tiene solo 4 capítulos y es, realmente, hermoso.

Se nos cuenta que la palabra de Dios vino a Jonás y le dijo: «Anda, ve a la gran ciudad de Nínive y proclama contra ella que su maldad ha llegado hasta mi presencia». Jonás, sin embargo, siendo muy caprichoso, no fue a Nínive, sino a Tarsis, en barco. Estando ya en la travesía comenzó una fuerte tormenta, el barco amenazaba con hacerse pedazos. Todos estaban muy asustados, sin embargo Jonás dormía.

Este profeta conocía muy bien a Dios. Cuando lo leí me sorprendió el conocimiento de la naturaleza de Dios que tenía, sobre todo, al compararlo con otros profetas como Elías o Eliseo. Todos en el barco estaban asustados ya que los dioses falsos de los otros hombres deben haber sido dioses torturadores, dioses crueles, dioses que no amaban a la humanidad. Jonás, sin embargo, estaba —sorprendentemente— tranquilo… ¡¡¡Y durmiendo!!! Pese a estar desobedeciendo a Dios, pese a huir a Tarsis, en vez de cumplir su misión, pese a desoir el llamado divino. Jonás debiese haber sido quien estaba con temor, ¿verdad?, pero no; Jonás sabía que Dios era bondadoso y compasivo, lento para la ira y lleno de amor, que cambia de parecer y no destruye (4, 2). Quien destruye es el diablo, no Dios.

A este hombre Dios le dio un don muy poderoso para anunciar la Palabra porque donde fuera que hablara los hombres se convertían al Señor. Resultó que, finalmente, los hombres del barco reconocen al Dios de Israel como el verdadero Dios. Ellos no echan a Jonás del barco por la fuerza cuando se enteran de que por culpa de él era que se encontraba en una tormenta, sino que intentaron llevar a Jonás a tierra firme (pese a que él les dijo que lo echaran al mar). Pero Dios no quería eso. Dios hizo que la tormenta empeorara cuando los hombres intentaban remar. Entonces, se dan cuenta que no quedaba otra alternativa para Jonás y le piden a Dios que no se enojara con ellos por echarlo al mar, donde, de seguro, moriría.

Ahora, Jonás podría haber pedido que Dios calmara la tormenta, pero no lo hizo. Encaprichademente, y casi suicida, dijo que lo echaran al mar. Al momento de que Jonás sale del barco, la tormenta se calma.

Pero Jonás no muere. Dios le salva la vida enviando un gran pez que lo tuvo en su interior tres días y tres noches, hasta que Jonás se arrepiente y el pez lo vomita en tierra firme por orden de Dios. (Todas las criaturas se sujetan a la voluntad de Dios). Destaco que Dios le salva la vida porque muchos piensan que Dios lo castiga al enviar un gran pez que lo engullera. ¿Qué habría pasado si Dios no envía el gran pez? Jonás hubiese muerto ahogado.

Finalmente, Jonás obedece y estuvo todo un día predicando lo que le había encomendado Dios en la importante ciudad de Nínive. Resultó que todos, absolutamente todos, desde el más poderoso al menor, aproximadamente 120 mil personas, se convirtieron al Señor, se arrepintieron de sus malos caminos y creyeron a la voz del profeta, sin señales milagrosas, sin prodigios.

Como Dios ve que Nínive se arrepiente, cambia de parecer y no se enoja con ellos. Sin embargo, hubo una sola persona que no estaba contenta: ese era Jonás. Él, muy encaprichado y enojado, le dice a Dios que le quitara la vida. Le dice que hubiera preferido que Nínive fuera destruída. Pero Dios le da una lección, y le enseña que era necesario que él fuera a predicar, ya que, cómo Él no iba a compadecerse por 120 mil personas.

Así como Jonás, hoy todos los escogidos de Dios tenemos una misión que cumplir. ¿Escuchamos a Dios? ¿Obedecemos lo que nos dice? ¿Usamos los dones que Dios nos ha entregado o huimos del llamado de Dios, así como Jonás?

Los dejo con este versículo de Jonás 2, 2.

En mi angustia clamé al Señor,
    y él me respondió.

Consecuencias

Les contaré la historia de un asesinato. Una historia de un crimen fríamente ejecutado. Esta historia no la encuentran en una novela de Arthur Conan Doyle o Agatha Christi, sino en la Biblia. El asesino fue un poderoso e importante rey israelita. La víctima es un soldado: un miembro de sus propias tropas. La víctima de este rey ni siquiera era un antiguo enemigo, un rival o un mal elemento, sino una persona honorable.

Sucedió en una primavera, allá por el año 1000 antes de Cristo (aproximadamente), que Israel estaba en numerosas campañas. Sin embargo, David prefirió quedarse en Jerusalén (la capital). Desde su palacio pudo observar a una mujer hermosa a la cual deseó. Preguntó de quién se trataba. Sus oficiales le respondieron: “Se trata de Betsabé, que es hija de Elián y esposa de Urías el hitita”. David ordenó que la trajeran a su presencia y yacieron juntos. Al tiempo después, Betsabé nota que está embarazada y lo hace saber al rey.

Al enterarse David hace llamar a Urías (esposo de Betsabé) y le pregunta cómo iban las campañas militares. Luego de conversar, David le dice al soldado que fuera a su casa y se acostara con su mujer. Pero Urías en vez de irse a acostar a su hogar prefiere dormir en la guardia real. Esto lo hizo debido a que todos estaban en sus respectivas ocupaciones, por lo que sintió que hubiera sido injusto comer un banquete y yacer con su esposa, mientras sus compañeros luchaban.

Pero la historia continúa…

Al día siguiente, David lo invita a un banquete y logra emborracharlo. Pese a estar borracho, Urías vuelve a dormir en la guardia real y persiste en no ir a casa. Su honor era más grande que la necesidad de ver a su esposa. Mientras tanto, David le escribe una carta al jefe de la guardia real y la envía a través de Urías. El mensaje decía: «Pongan a Urías al frente de la batalla, donde la lucha sea más dura. Luego déjenlo solo, para que lo hieran y lo maten».

Se cumplió la orden y el deseo de David: Urías muere en la batalla. Betsabé realiza luto por su esposo y luego de este luto, David la pide para sí. Con el tiempo ella le dio un hijo. David podría haber pensado que los problemas habían acabado. Nadie lo había juzgado. No tuvo que ir a ningún tribunal. A los ojos de los hombres era inocente. Es que, como dicen, la justicia es ciega. Sin embargo, hay Alguien que lo ve todo: aquello de lo que te libran los “mejores” abogados, aquello que pasa desapercibido para la sociedad, aquello que incluso tú mismo tratas de negar y terminas cegándote. Hay Alguien que hace justicia infinita. Solo hay Uno que puede hacer esto. Y como dice la Biblia: “a Dios le desagradó lo que hizo David”.

El profeta Natán se encarga de hacerle entender que David había obrado mal. Dios lo perdonó, sin embargo, quedaron consecuencias de sus propias palabras condenatorias y actos. Dios le dice que la espada nunca más se apartaría de su casa y le dice que su hijo moriría. David no fue el único en vivir las consecuencias de su pecado. Adán también vivió las consecuencias del pecado original (la muerte). Jacob, debido a sus múltiples engaños, fue toda la vida engañado (por extraños y sus propios hijos). Y muchos más personas de la Biblia.

El niño, efectivamente, cae gravemente enfermo luego de esto. David hace ayuno y pasa las noches tirado en el suelo. Aquí yo puedo ver que la fe de David en Dios no era la misma que la de antaño (por ejemplo, cuando derrotó al gigante Goliat). ¿Por qué habría pensado que ayunar haría que Dios cambiaría de parecer? ¿Acaso Dios nos responde por nuestros sacrificios? ¿Acaso Dios responde por nuestro ayuno? Dios responde porque Él es bueno y quien tiene una fe sana lo sabe. Dios no responde entre más sacrificios le hagamos. Dios no responde si nos infligimos dolor. Si uno ayuna o hace ofrenda debe ser para adorarle y no para que nos responda. Él no es como los “dioses” paganos que exigen mandas, cortes en la piel, vestirse de cierto color en año nuevo, etc. Dios nos responde por fe. Pero fe en un Padre amoroso, no en un Dios castigador.

Luego de este triste episodio, nacería el segundo hijo entre Betsabé y David: Salomón. Él sería el sucesor de la monarquía davídica. Salomón fue una de las personas más sabias que hayan existido. Pero la historia de Salomón  la dejaré para otro artículo.

La ley divina

Hay un pasaje —no muy conocido— que quiero enseñar hoy. Se trata de Deuteronomio 6, 4-9.

Escucha, Israel: El Señor nuestro Dios es el único Señor. Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Grábate en el corazón estas palabras que hoy te mando. Incúlcaselas continuamente a tus hijos. Háblales de ellas cuando estés en tu casa y cuando vayas por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes. Átalas a tus manos como un signo; llévalas en tu frente como una marca; escríbelas en los postes de tu casa y en los portones de tus ciudades.

Este pasaje contiene el principal mandamiento que Dios ordenó: “Amarás a Dios con todo tu corazón…”. No puede haber una cosa o una persona más importante que Dios en sus vida. Dios siempre debe ser su prioridad principal y a quien amen más. Antes que Dios no puede estar ni siquiera sus hijos, su marido, su esposa, su carrera, etc. De todos modos, yo he descubierto que quienes cumplen con este mandamiento, aman mejor a sus familias y amigos. 

La Biblia señala que debemos hablar de la ley de Dios en todo momento. No solo en una hora determinada o lugar determinado. Por ejemplo, un domingo en Misa o en el culto, en el templo. Puede ser en un camino, en la casa, en el colegio. Cualquier momento es buen momento para hablar de las leyes divinas.  La ordenanza tampoco limita a los profesores, sacerdotes o jefes religiosos. Es un mandamiento inclusivo, no exclusivo. Todos deben hacerlo. Muchos delegan en otros este deber sagrado y constante. Sucede también que muchos conocen más las leyes de este mundo (lo cual no es malo, pero sí insuficiente) que las leyes que dictó Dios.

Los judíos entendieron literalmente este pasaje y se fabricaron filacterias: unas pequeñas cajas que contienen pergaminos enrollados con porciones de las Escrituras. Estas se las atan a los brazos, manos, etc. Sin embargo, esto no es lo que quiso decir Dios. El hecho de que de que diga que las atemos a nuestras manos significa que debemos poner por obra la ley divina y que debe regir todo nuestro comportamiento. El hecho de que llevemos la ley en la frente, como una marca, significa que debe estar en nuestra mente y regir todos nuestros pensamientos.

Este es un llamado principalmente a los padres. Para que enseñen a sus hijos o futuros hijos en la ley de Dios. A los padres les enseñan que les cuenten un cuento de hadas en la noche para que sus hijos se queden dormidos, pero qué pocos hablan acerca de enseñar la Ley de Dios al “acostarse”. Les enseñan que al despertar deben darles un buen desayuno a sus hijos, pero qué pocos son los que les dan el mejor alimento a sus hijos: la Palabra de Dios “al levantarse”. Para poder enseñar, primero deben conocer. Para conocer, primero deben leer la Biblia. Las Sagradas Escrituras no son un libro más. Son un libro muy importante en nuestras vidas. Para empezar, deben saber cuál es el resumen de la ley de Dios y los mandamientos más importantes. Si comienzan con esto, es un excelente avance.

Así que en todo traten ustedes a los demás tal y como quieren que ellos los traten a ustedes. De hecho, esto es la ley y los profetas. (Mateo 7, 12).

“Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todo tu ser y con toda tu mente” —le respondió Jesús—. Éste es el primero y el más importante de los mandamientos. El segundo se parece a éste: “Ama a tu prójimo como a ti mismo.”De estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas. (Mateo 22, 37-40).

La ley de Dios no es fácil de cumplir, sin embargo, para quienes la cumplen les están preparadas grandes bendiciones. Quienes no la cumplen, les esperan maldiciones.

Lo importante es que Dios les permite entrar en su Reino gratuitamente, mediante la sangre de Cristo. No hay ningún mérito que cumplir para ingresar. No hay test ni examen previo. El Reino de Dios no es democrático: es “graciocrático”. Si se equivocan en las leyes, les serán perdonadas sus ofensas; aunque para esto hay un requisito: ustedes también deben perdonar a quienes les ofenden. Con la vara que midan serán medidos. 

Dios sea con todos nosotros. Amén. 

El diezmo no es bíblico

Hoy quiero hablar de una de las teologías más extendidas en algunas iglesias: la teología del diezmo. Específicamente, la creencia de que debes dar el 10% de tu sueldo porque la Biblia lo dice. En este artículo explicaré por qué el diezmo —al menos como lo entienden los pastores evangélicos— NO es “bíblico”.

Para empezar, ¿qué significa diezmo?

Según la RAE: “Parte de los frutos, regularmente la décima, que pagaban los fieles a la Iglesia”.

¿Está claro?, ahora vayamos a la Biblia.

Quienes dicen que el diezmo es bíblico se aferran de un pasaje de la Biblia que es Malaquías capítulo 3,8-10. Se los presento a quienes no lo conocen:

¿Acaso roba el hombre a Dios? ¡Ustedes me están robando! Y todavía preguntan: “¿En qué te robamos?” En los diezmos y en las ofrendas.  Ustedes —la nación entera— están bajo gran maldición, pues es a mí a quien están robando. Traigan íntegro el diezmo para los fondos del templo, y así habrá alimento en mi casa. Pruébenme en esto —dice el Señor Todopoderoso—, y vean si no abro las compuertas del cielo y derramo sobre ustedes bendición hasta que sobreabunde.

Pongamos esto en contexto. ¿A qué templo se refiere? ¿A qué casa se refiere? ¿Se refiere a los miles de templos evangélicos que se han construido en décadas? ¿A cuál de todos los templos debemos dar el diezmo entonces o es que deberíamos dar a todos esos templos? ¿Será que este pasaje se refiere al único Templo de Jerusalén en Israel? Pues sí, inteligente lector: se refiere al Templo de Jerusalén. Por cierto, un templo que está destruido (Jesús mismo profetizó su destrucción).

Jesús salió del Templo y, cuando ya se iba, se acercaron sus discípulos para mostrarle los edificios del Templo. Respondiendo él, les dijo: —¿Veis todo esto? De cierto os digo que no quedará aquí piedra sobre piedra que no sea derribada. (Mt 24,1-2).

Pero sigamos con el estudio bíblico de los diezmos. Esta vez, leamos Deuteronomio 14,22-29.

Cada año, sin falta, deberán ustedes apartar la décima parte de todo el grano que cosechen. De esa décima parte de trigo, de vino y de aceite, y de las primeras crías de sus vacas y ovejas, comerán ustedes delante del Señor su Dios, en el lugar que él escoja como residencia de su nombre, para que aprendan a reverenciar siempre al Señor. Y si el Señor los bendice, pero ustedes tienen que hacer un largo viaje para llevar esa décima parte por vivir muy lejos del lugar que el Señor ha escogido para poner allí su nombre, entonces venderán ustedes esa décima parte y el dinero de la venta lo llevarán al lugar que el Señor haya escogido. Con ese dinero comprarán allí lo que crean más conveniente: bueyes, ovejas, vino o cualquier bebida fermentada; en fin, lo que ustedes quieran, y lo comerán allí, delante del Señor su Dios, y harán fiesta junto con su familia. No desamparen nunca a los levitas que vivan en su población, ya que a ellos no les ha tocado tener su propia tierra como a ustedes. Cada tres años deberán ustedes apartar la décima parte de su cosecha del año, y almacenarla en su ciudad, para que cuando vengan los levitas, a quienes no les ha tocado tener su propia tierra, o los extranjeros que viven entre ustedes, o los huérfanos y las viudas, puedan comer hasta quedar satisfechos. Así el Señor su Dios los bendecirá en todo lo que hagan.

Si nos ponemos rigurosos con la Biblia (como lo hacen algunos pastores) ¿significa que debemos darle el 10% de nuestros granos, trigo, vino y aceite que cosechemos? Pues, que yo sepa, ninguno de mis conocidos cosecha nada. Nadie tiene campos. Vivo en una zona urbana. Además, en este tiempo no hay levitas. Los levitas eran una de las doce tribus de Israel. Que yo sepa —perdonen si me equivoco— ninguno de los pastores evangélicos desciende de la tribu de Leví.

Yo digo que este pasaje, interpretándolo en contexto, quiere decir que ayudemos a las personas necesitadas: huérfanos, viudas, vagabundos, amigos con problemas económicos, familiares con necesidades.

Ahora, pasemos al siguiente argumento: ese lo encontramos en Jesús.

Para empezar, Jesús no pedía diezmos ni ofrendas, pese a ser el Hijo de Dios. No pasaba su tiempo construyendo templos, sino que habló de que sería destruido el Templo de Jerusalén. Sin embargo, también hay referencias de él hablando de dinero. La diferencia es que el dinero no lo pedía para él. Curiosamente, tampoco decía que el dinero lo llevaran al Templo. Decía que el dinero se lo dieran a los pobres.

Jesús le dijo: —Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme. Al oír el joven esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones. (Mt 19,21-22).

Hoy, sin embargo, vemos algunas iglesias obsesionadas con crecer y multiplicarse por el mundo. Quieren construir cada vez más templos. Algo que nunca hizo Jesús. Jesús no estaba interesado en pegar ladrillos. Jesús no estaba interesado en que el dinero se lo dieran a él. De hecho, él no tenía ni donde recostar su cabeza (lean Mt 8,20).

¿Qué hacía Jesús? Se dedicaba a sanar, hacer milagros, resucitar muertos, enseñar, alimentar a 10 mil personas. Hoy ¿quién hace sanaciones, o al menos quién al menos nos habla de la fe de que Dios nos puede sanar? ¿Qué guía hoy nos habla de fe? ¿Qué guía nos alimenta, ya sea con Palabra de Dios, o con panes y pescados? Lo único que se escucha en algunas iglesias es de economía, de estrategias de marketing, cómo captar más adeptos. Usan un lenguaje similar al empresariado. El miembro de la iglesia se transforma entonces en un número que les dará una cierta cantidad de dinero. El feligrés ha dejado de ser persona a los ojos de algunos líderes.

Yo no predico que no sean generosos. No predico que no donen. Solo digo que den dinero a quien de verdad lo necesita. El dinero no lo necesitan templos lujosos. El dinero lo necesitan personas; lo necesitan los niños que aún no nacen en China (si los padres no tienen dinero los obligarán a abortar); los niños de África que mueren de hambre; lo necesitan las fundaciones que cuidan huérfanos, viudas, etc. Si ayudan, la Biblia dice que serán recompensados. Pero háganlo, sobre todo, con alegría. Dios quiere que disfrutemos. Dios quiere que compartamos y seamos felices.  La vida no se trata de un porcentaje. La vida es para ser vivida.

Acerca del trabajo

Hay muchos puntos de vista acerca del trabajo. También hay muchos mitos. Aquí coloco algunas frases referentes a este tópico. Luego continuamos.

 

“Lo malo no es el trabajo, sino tener que trabajar” — Don Ramón (personaje de El Chavo).

“No muerdas la mano que te da de comer”— anónimo.

“El trabajo es un mal necesario que debe evitarse” — Mark Twain.

“Escoge un trabajo que ames, y no tendrás que trabajar ningún día de tu vida” — Confucio.

“Reza como si todo dependiera de Dios. Trabaja como si todo dependiera de ti.” — Agustín.

“Trabajemos sin razonar, es el único medio de hacer la vida soportable.” — Voltaire.

 

¿Se sintieron identificados con alguna de las frases? ¿Han dicho alguna de ellas? ¿Las han escuchado alguna vez? Pues bien, empecemos con el análisis.

Trabaja inteligente

No trabajes duro. Trabaja inteligente.

El trabajo lo inventó Dios. Pese a lo que todos creen, Dios no lo inventó como un castigo para el hombre. Antes de que Adán pecara en el jardín del Edén ya se le había encargado que lo cultivara y lo cuidara (Gen. 2,15), asimismo le encargó que le pusiera nombre a los animales (Gen. 2,19). La diferencia después de que Adán pecara (desobedeció y comió del fruto del único árbol prohibido) fue el agotamiento que produce el trabajar.

Este agotamiento y trabajar con el sudor de nuestra frente no significa que debemos matarnos trabajando. ¿Para qué trabajar duro cuando podemos hacerlo de forma inteligente? [ver imagen]. De hecho, debemos tener cuidado de no ser consumidos ni devorados por el trabajo. Si uno se obsesiona se convierte en una adicción (personas trabajólicas).

Una de las frases que a mi juicio es la más alejada de la verdad, es aquella que dice de no morder la mano que nos da de comer. Debemos tener claro que no somos animales. Nuestros empleadores no son quienes nos dan de comer. No somos burros de carga. Somos personas con derechos y ya seamos empleados o cesantes Dios es quien nos da de comer… Siempre. No los hombres.

Mi invitación no es a la pereza, sino a encontrar un trabajo que amemos. Si uno lo ve de esa forma se da cuenta que es motivador y desafiante trabajar. Tal vez con la frase que más cercano me siento es con la de Confucio, no obstante, no creo que dedicarse a lo que uno ama implique que uno no se canse (en eso se confunde Confucio). Yo amo mi trabajo, sin embargo, me canso y me estreso igual. A veces me desespero, a veces me desaliento, a veces no veo frutos de mi trabajo y esfuerzo, lo que me entristece muchísimo. Cuando me ocurre esto recuerdo un pasaje de la Biblia que dice lo siguiente:

En una ocasión, estando Jesús a orillas del Lago de Genesaret […]. Los pescadores habían bajado de ellas a lavar sus redes. Jesús subió a una de las barcas, que era de Simón, y le pidió que la alejara un poco de la orilla. Luego se sentó en la barca, y desde allí comenzó a enseñar a la gente. Cuando terminó de hablar, le dijo a Simón: —Lleva la barca a la parte honda del lago, y echen allí sus redes, para pescar. Simón le contestó: —Maestro, hemos estado trabajando toda la noche sin pescar nada; pero, ya que tú lo mandas, voy a echar las redes. Cuando lo hicieron, recogieron tanto pescado que las redes se rompían. Entonces hicieron señas a sus compañeros de la otra barca, para que fueran a ayudarlos. Ellos fueron, y llenaron tanto las dos barcas que les faltaba poco para hundirse. (Lucas 5,1-7).

Hay veces que lo damos todo, nos esforzamos, sudamos, nos entumecimos, nos acaloramos, y sin embargo, no vemos resultados. Eso fue lo que le ocurrió esa noche a Pedro. Él  se sorprende al escuchar que Jesús le dice que volvieran al lago y echaran las redes.

Pedro, el más impulsivo de los discípulos, reacciona tal vez con una mezcla de ironía, molestia y queja. Tal vez haya pensado que era ingenuo Jesús, puesto que él era rabino y no un experimentado pescador como él, ¿qué podría enseñarle Él? Quizá por eso le dice: “Hemos trabajado toda la noche”. Pero luego, reconsidera, se detiene a pensar y tal vez le es revelado que Jesús no solo era maestro de la Torá y de cosas espirituales, sino de todo el universo. Entonces con humildad y fe, dice: “En tu palabra, debido a que tú me lo mandas, debido a que tú me lo dices echaré las redes otra vez”.

Este pasaje es un mensaje para aquellos que están desalentados. Es un mensaje para aquellos que no han visto respuesta aún. Para aquellos que tal vez no han tenido el éxito que esperaban en su empresa. Para aquellos que tal vez no han sido ascendidos cuando sus jefes se lo habían prometido. Para aquellos que se ven en la obligación de salir a trabajar en algo que no desean, esperando que aparezca la oportunidad del trabajo soñado. Para aquellos que no saben cuál es su vocación; aquellos que nunca se han cuestionado qué querían ser en su vida y terminaron trabajando en lo primero que apareció, sin embargo, se sienten insatisfechos con sus actuales vidas.

El trabajo es una bendición de Dios. El trabajo es prosperidad. Si aún no hemos experimentado esto nos falta tener fe y persistir. Quizás nos hace falta apoyarnos más en Dios y menos en nuestras fuerzas. Debemos echar las redes en el nombre de Jesús. Si persistimos puede que esta vez, esta vez sí las redes salgan llenas, tanto que ni siquiera seamos capaces de llevarlas a tierra y tengamos que pedir ayuda. Es que cuando Dios responde, la respuesta es abundante. Dios no nos da migajas ni las sobras.

Aferrémonos de esta promesa divina:

¡Que el Señor te recompense por lo que has hecho! Que el Señor, Dios de Israel, bajo cuyas alas has venido a refugiarte, te lo pague con creces. (Libro de Rut 2,12).

La tierra prometida

En los textos anteriores les mencioné acerca de la juventud de Moisés y sobre cómo Dios se glorifica en la debilidad, ya que Él escoge como libertador de su pueblo a una persona escasa de palabras. Hoy llegamos al final de la historia de cómo Dios liberó a Israel.

Dice la Biblia que Moisés se acercó a Faraón para que liberara a su pueblo. Pero como sabría que Faraón no querría liberarlos Dios provoca una serie de plagas, que aunque la gente normal las ve como cosas terribles, en realidad fueron las oportunidades que Dios le ofreció a Faraón para cambiar de opinión y demostrarle que estaba por sobre su poder al cual él idolatraba. Dios quiso sacar a Faraón de su idolatría, aunque ya sabía que Faraón no lograría creer en Él. Faraón siempre tuvo una vida de desobediencia a Dios. Esto fue mostrado claramente con Moisés, pero en realidad era solo un pecado de arrogancia más en su vida.

Moisés coloca su vara en las aguas y estas se convierten en sangre. Toda agua se convirtió en sangre: lagos, lagunas, ríos, arroyos, canales, etc., incluso la que se encontraba en vasijas. Sin embargo, mediante artes secretas los magos egipcios hicieron lo mismo, y Faraón se devolvió como si nada hubiese ocurrido.

Después de siete días Dios provoca la plaga de ranas. Entonces Faraón encuentra un poco de luz en su corazón y le dice a Moisés que dejaría ir al pueblo si Dios lo libraba de la infestación de ranas que incluso estaban en su dormitorio. Moisés entonces ora a Dios para que cese la plaga de ranas, y así ocurre, pero al experimentar alivio el Faraón decide no liberar a Israel.

Cuán misericordioso fue Dios. Para empezar, podría haber matado a todos los egipcios que se opusieran a dejar marchar a Sus hijos, pero no. Prefirió mostrarle Su majestuosidad para que glorificara al Dios de Israel y no a su dios llamado poder. Podría haber obligado a dejar ir a Israel, sin embargo, se lo pide: “Deja a mi pueblo ir”. Esta historia nos muestra la misericordia infinita divina. Pero aún faltaba que ocurriera algo, algo que desencadenaría la muerte de los primogénitos egipcios. ¿Qué ocurrió?

Luego de que Dios enviara diferentes plagas: plaga de mosquitos, tábanos, plaga en el ganado, plaga de úlceras, de granizo, de langostas, vino otra plaga que haría que la muerte saliera de la boca de Faraón. (No es lo que contamina lo que entra al hombre, lo ajeno, sino lo que sale del hombre porque lo que sale del hombre proviene del corazón y afecta al corazón).

[Faraón] que le gritó a Moisés:

—¡Largo de aquí! ¡Y cuidado con volver a presentarte ante mí! El día que vuelvas a verme, puedes darte por muerto. (Éxodo 10,28).

Es grave amenazar a un elegido de Dios. Faraón al decretar la muerte de Moisés decretó su propia muerte trayendo la última plaga: la muerte de los primogénitos.

El Señor le dijo a Moisés: «Voy a traer una plaga más sobre el faraón y sobre Egipto. Después de eso, dejará que se vayan. Y cuando lo haga, los echará de aquí para siempre. Habla con el pueblo y diles que todos ellos, hombres y mujeres, deben pedirles a sus vecinos y vecinas objetos de oro y de plata. (Éxodo 11,1-2).

¿Por qué Dios les dice que les pidieran oro y plata a los egipcios? Porque no quiso que se fueran con manos vacías. Y estos metales preciosos eran el pago por todo su trabajo. Trabajo por el cual no habían recibido paga, ya que eran esclavos. Dios los haría marchar con honores. Los egipcios ni siquiera pudieron insultarles. Dios les cerró la boca incluso a los perros para que no les ladraran. Dios los sacó sin ejército, sin fuerza. Los israelitas no tuvieron que tomar una espada. Nada. Cuando el poder de Dios es manifiesto lo notamos porque no es necesario usar armas ni hacer guerras. Dios está por sobre las armas que inventan los hombres. Dios había libertado a su pueblo con paz. Creo que este hecho fue único en la historia de la humanidad. Nunca más ocurriría que un pueblo esclavo saliera de su opresión sin siquiera levantar una sola arma. Los estudiosos han descubierto que incluso personas no hebreas se les unieron y entraron en esta liberación personas de otras etnias, por ejemplo negros. Debido a esto, en África, en la actualidad, existen judíos.

El tiempo de la opresión había terminado para Israel. El tiempo de la esclavitud había terminado. Ahora debían entrar a la tierra prometida, tierra que fluye leche y miel. Este fue el final de la historia de Moisés, pero no es tu final. Este es tu principio.

Hoy vivimos en “Egipto”. Hemos sido oprimidos por los gobernantes. Hemos trabajado como esclavos. Hemos trabajado con sueño, con frío y sin ganas. Hemos trabajado para que otros se hagan ricos. Vivimos en una esclavitud moderna. Se paga con sueldos muy inferiores a los que merecemos. A algunos ni siquiera se les paga, justificando que hacen prácticas “profesionales”, aunque de profesional no tienen nada.

Es hora de que nos vayamos de este lugar árido y busquemos tierras fértiles. El mensaje de Dios para ustedes no es que emigren a otro lugar. No se trata de que vayan en busca de otro país con mejores oportunidades. No existe tal. Dios los invita a que habiten en el Reino de Dios. Ese es el país al cual los invita Jesús: Su Reino. ¿Quieren entrar a la  tierra que fluye leche y miel? Está frente a ustedes, deben entrar a ella por la fe.

Tal vez para ti la tierra prometida es una esposa bella y fiel. Tal vez para ti es un esposo que te valore y te ame tal como eres. Tal vez para ti es un trabajo donde puedas desarrollar todas tus habilidades y potencialidades: aquellas que tu jefe no sabe valorar ni sabe apreciar. Tal vez es la casa de tus sueños. Tal vez es trabajar para Dios como misionero en un país extranjero. Tal vez para ti la tierra prometida es un lugar lleno de amor, ya que has vivido toda tu vida en oprobio, burlas y escarnios.

Este es el momento para que demos un paso de fe y entremos a la tierra que fluye leche y miel. Entremos en el Reino de Dios. Ese reino que tanto anunció Jesús, pero que tan poco se predica en iglesias convencionales. Ese reino en el cual hay perdón para el culpable. Hay justicia para la víctima. Hay misericordia para todos. Hay pobreza para el rico y hay riqueza para el pobre. Dios te quiere levantar. El más grande de los profetas de todo el antiguo pacto es menor que el más pequeñito en el Reino de Dios.

¿Quieres ser parte del reino de Dios? ¿Quieres ser príncipe, princesa? ¿Quieres que Dios sea tu Rey? Pues, entra a esta nueva vida. Despójate del peso de tu pasado. La carga de Jesús es ligera. Adelante, pasa; Jesús te estaba esperando desde el principio de los tiempos.