Soñemos juntos

Hola a todos. Soy pastor de la Iglesia del Viento: la primera iglesia online. Esta iglesia no tiene requisitos, no tiene restricciones. Es 100% inclusiva. Pueden pensar distinto. Pueden ser ustedes mismos.

La Iglesia del Viento no tiene templos. Dios no desea templos de piedra: el mejor templo para Dios es el corazón del ser humano. Deseo que esta Iglesia sea la más grande de la historia. Sueño que el mensaje de Jesús llegue a todos los continentes: a todas las personas.

Tengo la siguiente visión: una fundación con centros de adopción internacional y la creación de un centro educativo con enseñanza libre y humanizada para los niños. De esta forma estoy seguro que transformaremos el mundo. Como ustedes saben, en algunos países se está obligando a mujeres que aborten, debido a que no tienen el dinero suficiente para pagar los impuestos. Nuestra misión entonces es de carácter urgente. No podemos seguir esperando.

Pero no sirve que yo solo tenga este sueño. No sirve que yo solamente tenga esta visión. Una persona no puede lograr esto si actúa solitariamente. Necesito de la colaboración de todos ustedes. Necesito de su ayuda. Los invito a ver un nuevo mundo y a soñar conmigo.

¿Cómo me pueden ayudar? De una o todas las formas que les muestro a continuación.

1. Pidiéndole a Dios que haga realidad estos sueños. La oración es el arma más peligrosa, poderosa y eficaz que Dios ha puesto a nuestro alcance.

2. Difundiendo estos escritos en las redes sociales, por correo electrónico, decirle a sus conocidos o imprimiéndolos para quienes no tienen acceso a internet.

3. Si usan Facebook: colocando “me gusta” en la página de la Iglesia http://www.facebook.com/IglesiaDelViento

4. Dándome sugerencias, consejos, ideas, etc. Pueden hacerlo a mi correo electrónico sebastianleroywriter@gmail.com o en los comentarios.

5. Si desean enterarse de qué sucede en otros países lean mi blog de noticias: http://noticiasquevalen.blogspot.com

No les pido su dinero, sino su compromiso y disposición. No les pido que hagan sacrificios:  les pido su trabajo y su apoyo. Tengo fe de que esto se logrará, pero sé que no lo puedo hacer solo. Sé que los necesito. Únanse a este proyecto.

Con afecto,

Sebastian Leroy.

Dar en adopción: una opción de amor

Quiero compartirles una visión que tengo. Suelo soñar despierto y sería injusto no hacerles partícipes de mis sueños. Ustedes que me leen, ustedes que me siguen merecen saber qué sucede en mi mente.  🙂

Hace un tiempo tengo una visión de un centro educativo, el cual es bastante innovador. Es un proyecto que vengo forjando hace muchísimo tiempo y que he estudiado y abordado de muchos modos… Pero antes, volvamos al título de este artículo. Hablemos de dar en adopción.

Una mujer o niña que queda embarazada en el mundo tiene tres opciones: criar a su hijo, abortar —en algunos países es legal, en otros no— o dar en adopción. Ojalá el aborto no fuera una opción real para las personas, ojalá las niñas y mujeres no pensaran en esta trágica opción. Pero antes de decir eso pensemos en qué ocurre en un embarazo no deseado.

Si la niña es menor de 18 años —o es una mujer que estudia aún— todos empiezan a decir que no ha terminado sus estudios, que arruinó su vida, que cómo no se cuidó, etc. Algunos bárbaros las tratan con los peores adjetivos que a mí me enfurecen. Estos no los repetiré acá, pero creo que los descalificativos los merecen más quienes los profieren que quienes los reciben.

Para ser más explícito les contaré mi propia experiencia como padre. Sin ser mujer (obvio) recibí muchas críticas cuando mi ex polola quedó embarazada. Pese a no tener trabajo, yo quería ser papá. En esa época estaba en mis últimos años de universidad. Mis amigos me decían: “Has arruinado tu juventud”; “Pero por qué no te cuidaste”. Otros más religiosos me miraban con rostros fríos que me transmitían la idea de que era un fornicario, un pecador, ya que no estaba casado. ¿Curiosamente?, de personas no-cristianas, recibí valiosos comentarios como por ejemplo: “Qué bakán ser padre, debe ser maravilloso crear vida”.  Finalmente, por diversas diferencias con la madre terminamos nuestra relación y ahí volvieron las miradas de pecaminosidad: ¡cómo era posible que no me casara con ella si teníamos un hijo!

Ahora mi hija Victoria tiene cuatro años. Yo tengo 28. Nunca pensé en la opción de aborto. De todas maneras, no condeno a quienes piensan eso. Condeno a quienes condenan a los que sufren. Además, casi todos son tan negativos con el tema del embarazo (en parejas no casadas) que en realidad empujan a la gente a esa trágica opción. Los culpables del aborto no son las niñas que se los realizan, sino esta sociedad hipócrita. Los culpables son esas personas que atacan a las niñas, aquellos que se etiquetan como pro-vida, pero que no tienen compasión alguna al momento de criticar la moralidad sexual de otra persona. Los culpables son los gobernantes que no dan ningún tipo de subsidio en el embarazo adolescente. Además, si alguien llega a dar en adopción se les dice que “abandonan” a sus hijos. ¿Por qué no ven que en realidad les han salvado la vida, ya que en vez de llevar a sus hijos a un destino fúnebre los llevan a casas donde los pueden acoger?

Dar en adopción es una opción de amor porque permite que otros padres, tal vez estériles, tal vez no, pueden acoger al niño que tú no te sientes preparado/a para criar. El aborto, en cambio, es muerte. No hay vuelta atrás. No hay opciones. No se puede deshacer. Ahora, no creo que el camino para que no haya abortos sea haciendo leyes que prohíban el aborto. Sin leyes los abortos existen igual y son más peligrosos. Creo que una buena forma para desincentivar el aborto sería a través de una fundación que se encargara de recibirlos y que les entregara educación de calidad. Pero no solo una educación de calidad (eso lo dicen todos los colegios), sino la mejor educación (eso nadie lo puede decir).

Ahora, no solo piensen en los niños que viven en Chile que van a ser abortados, miren más allá. Piensen en China. País en donde, en ocasiones, niños quedan huérfanos cuando los padres se separan. Piensen en la “política del hijo único”. Mientras mujeres feministas en países más democráticos dicen que abortar es un beneficio para la mujer y se consideran pro-vida —otra falacia que me irrita—, en China están obligando a abortar a mujeres que realmente quieren criar a sus hijos o las están esterilizando. Nunca he escuchado a feministas abogar para que no obliguen a abortar a mujeres en China. ¿Cuál es su verdadera causa entonces: defender a las mujeres —a las cuales defiendo sin ser feminista— o solo atacar hombres? Si es lo segundo, su activismo me parece patético. Nunca he escuchado a los que se escandalizan con los abusos en animales que hagan activismo para detener la violencia contra los niños que mueren en contra de la voluntad de los padres. Bueno, nunca los he escuchado, tal vez han dicho algo, pero la verdad solo escucho que hablan encerrados en sus temas. El tema se vuelve aún más grave, urgente e importante si piensan que China tiene una población 76 veces más grande que Chile.

Volviendo a la introducción de este artículo: ¿cuál es mi visión? Mi visión es un centro de adopción internacional. Siempre los centros de adopción suelen ser pobres, con pocos recursos y los avisos publicitarios suelen decir que de allí egresan técnicos. Es raro que quienes son dueños de esas fundaciones no quieran lo mismo para sus hijos, a los cuales envían al extranjero a hacer Ph.D.

Mi idea es hacer que este centro de adopción, a través de una enseñanza libre, revolucione el mundo. Tener a los mejores y a los más nobles profesores allí, quienes no serán impositivos, sino guías para esos niños que vendrán de todas partes del mundo, y así este centro se convierta en el centro educativo más envidiado por los colegios tradicionales. Que de ese centro salgan grandes cristianos, artistas destacados, deportistas de alto rendimiento, académicos, doctores, jueces, líderes, presidentes que renueven los poderes corruptos de este oxidado mundo. ¿Cambiaríamos el mundo, verdad? ¿Ustedes apoyarían una causa así? Finalmente, la educación tradicional caería por su propio peso. Cuando algo es malo no necesita ser derribado, solo se debe dejar ser. Una planta podrida, pronto se marchitará y secará: eso será lo que ocurrirá con la podrida educación tradicional que tenemos hoy.

Los invito a soñar conmigo, los invito a ser parte de esta visión. Una sola persona no puede cambiar el mundo, pero si somos muchos sí. Si ustedes se comprometen lo podemos lograr.

Frenemos la injusticia. Hagamos algún tipo de activismo. Con eso no me refiero a que se pongan una chapita que digan “no a la comida”, como quienes son pro-ANA (pro-anorexia), sino que al ver una niña embarazada la acojan, la reciban, la defiendan, la apoyen, la estimulen, la celebren, ya que ha creado vida. No olviden al padre también, sobre todo si es adolescente. Muy grande será, muy “peludo” será (como suelen decir), pero también necesita apoyo, no necesitan decirle que se case a la fuerza; si se desea casar con la niña, nada lo impedirá. No necesita que lo demanden por pensión alimenticia porque “embarazó a la niña”.  Aquel hombre o niño que es padre necesita tanta acogida como la madre. Es una persona con sentimientos también, no lo olviden. Necesita escuchar palabras de aliento. De esa forma, será el mejor papá para ese niño. No olviden que el amor es la mejor disciplina.

Para quienes no tiene el apoyo de nadie y piensan en abortar, desincentívenlos del aborto. Menciónenles que existen centros de adopción. Díganles que el dar en adopción no es abandono, sino una opción de amor. Y a la vez, fundemos un nuevo centro de adopción, el cual provea la mejor educación para niños de los siete continentes. Quién sabe; tal vez de allí vendrá el próximo Nobel de la paz, el próximo presidente o un miembro más de esta amada Iglesia.

Mis sueños provienen de Ti y vuelven a Ti

Sé lo que es vivir sin seguir tus sueños: es una sensación terrible. Sé lo que es estar paralizado o avanzar en la dirección incorrecta (que en realidad es retroceder). Sé lo que es apuntar hacia todos lados de la desesperación o simplemente dejarse estar, pero sin hallar tranquilidad. Me gustaría compartirles un trozo de mi historia. Quiero compartirles sobre cómo llegué a mi visión. Ese camino tuvo muchos tropiezos. Después de todo, una historia de éxito se construye de muchos fracasos. Un día empecé a trabajar por mis sueños y todo cambió para mí. ¿Están listos para escuchar mi relato? Empecemos entonces.

A diferencia de textos anteriores, este será uno mucho más extenso: un texto fundacional. Si desean saber más de mi historia les recomiendo leer la autobiografía de mi niñez (si no la han leído).

Al salir de la enseñanza media, no tenía algo claro. Mis proyectos siempre me los habían anulado. Sabía que tenía que seguir la literatura, sin embargo, nadie me había apoyado, nadie se había dado cuenta de mi habilidad. Nadie había celebrado que escribiera desde los 4 años. Mi habilidad había pasado inadvertida. Sentía que no tenía cabida en la sociedad, ya que lo que soñaba nunca se podía realizar. Al menos, eso era lo que me enseñaban los adultos. Dentro de toda esta confusión entré a la universidad a estudiar algo que nunca había tenido en mente: Química. Allí me encontré con la rigurosidad y dificultad que representa esta materia. Fue un esfuerzo doble: sabía que no era ese mi camino y sabía que era un extranjero que tenía que aprender un idioma muy difícil si quería sobrevivir.

Tuve —sin mentirles— como 15 crisis vocacionales dentro de la carrera, sin embargo, seguí adelante. Lo que impidió el retirarme de la carrera es que en cada una de esas crisis nunca tuve claridad hacia algo y no me motivaba a seguir otro camino, ya que aún no descubría mi propósito o, mejor dicho, aún no lo redescubría. Finalmente, terminé la carrera con dos votos de distinción. Es que no me disgustaba la química, es solo que no era atractiva la forma en que la enseñaban ni me era atractivo el mundo laboral existente.

Al entrar al mundo laboral solo comprobé algo que ya sabía: esa área de trabajo no era para mí. Entonces busqué otras alternativas. Me acerqué a las autoridades de la iglesia (era una iglesia protestante) para contarles que sentía un fuerte llamado de Dios para ser pastor. Me dijeron que lo tenían que analizar. Alguien dijo que debían probarme primero (¿desde cuándo que los hombres son los que prueban? Dijeron que debían llevarlo a votación; dijeron que era extemporáneo, dijeron muchas cosas…

Finalmente, la votación fue negativa. No podría ir a estudiar a la escuela de teología, lo que me dejaba en el mismo lugar de antes: el limbo. ¿El argumento para votar de esta forma? No me conocían, pero no era porque nunca asistiera al templo, sino que ellos nunca asistían. Los más cercanos a mí, dentro de la iglesia, me apoyaban —incluso personas ajenas a la iglesia sabían que tenía vocación—, pero lamentablemente no eran mayoría ni estaban en los cargos más altos. Esto provocó una fuerte desilusión en mí. Sentía que Dios no quería estar relacionado conmigo (me demoraría en entender qué significaba lo que ellos habían decidido). Esto me llevó al agnosticismo y a una amargura que duraría varios años. Yo era un gran talento y aporte para esa iglesia: un talento que perdieron. (Ya a esa edad había leído muchos textos de teología). Así como yo, ¿a cuántos más habrán dejado ir?

Luego, me acerqué a un partido político. Me hice militante. Pasé de la ignorancia completa de estos temas a un conocimiento más profundo de la ciencia política (aprendiendo por mi cuenta, es decir, sin instituciones). Estaba lleno de ideas. Me acerqué al dirigente del partido para que me escuchara. Tenía mucho que aportar. Tenía mucho que entregar, sin embargo, su respuesta fue aún más fría que la de iglesia. Estuve como dos meses tratando de acordar un encuentro con él. Me cambiaba las fechas, las horas, etc. Cuando finalmente accedió ni siquiera me miraba a los ojos. Al parecer, era más importante lo que decía su computadora que lo que le tenía que decir yo. Es que claro, yo era un “aparecido” en política. No tenía los contactos, no tenía los lazos sanguíneos con las personas apropiadas. Le expresé mi molestia, él me pidió disculpas (lo cual aprecié), pero luego de que cometiera otro error muy parecido decidí apartarme y renunciar.

Yo sabía que había sido llamado para algo importante, por lo que seguí buscando. Mi búsqueda era realmente incesante. Había estado muy interesado en la filosofía. Había leído a Platón, Kant, Nietzsche, Descartes, Foucault, etc. Entonces traté de ajustar mis intereses con los intereses de la sociedad. Traté de compatibilizar mis reparos con el sistema educativo con “mi realidad”. Intenté no ser tan decidido. Me censuré y fui a postular a un magíster en filosofía, el cual pagaría con las rentas de mi trabajo. Estaba dispuesto al sacrificio: quería triunfar. No podía quedarme detenido. Cumplí con todas las etapas. Me hicieron esperar como dos meses antes de darme una respuesta definitiva. Hasta que me llamaron para la última etapa. Dijeron que en la tarde de ese día me escribirían un correo para darme la respuesta. Pues, adivinen… La respuesta fue negativa. Me encontraba en el metro cuando vi la respuesta. Solo atiné a sentarme en una de las estaciones y llorar desconsoladamente. Aparentemente, el mundo me decía que no servía en lo que había estudiado pese a haber egresado de la institución mejor evaluada en Chile, no servía en un partido político, no servía en el mundo académico, no servía para el mundo eclesiástico. ¿Qué quedaba? ¿Qué me quedaba? ¿Qué hacía ahora?

Un día Dios me volvió a hablar. Fue a través de una persona. No es que Dios estuviera lejos de mí. Es solo que no había entendido su mensaje. En ese momento retomé la fe: ese don que había dejado escondido en un baúl.  En ese momento sentí su voz. Su voz no estaba en la reprensión, en la culpa, en la dureza; su voz estaba en el reconocimiento, la dulzura, la acogida, el cobijo. Entonces comenzó una recapitulación de todo lo que había vivido. Empecé a “conectar los puntos”.

Una de las ventajas que tenemos las personas sobre las sociedades es que podemos reescribir la historia de nuestras vidas: esa ventaja fue de la que me aferré. La historia del mundo ya está escrita, pero la historia de las personas siempre puede cambiar. En ese periodo recordé un pasaje bíblico que dice:

Así mismo, en nuestra debilidad el Espíritu acude a ayudarnos. No sabemos qué pedir, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras. Y Dios, que examina los corazones, sabe cuál es la intención del Espíritu, porque el Espíritu intercede por los *creyentes conforme a la voluntad de Dios. Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes le aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito. (Romanos 8,26-29)

Dios había intercedido por mí en todos aquellos momentos de dolor, cuando yo me había llegado a sentir hastiado de vivir, como Sansón. Estos versículos no significan que los malos momentos sean buenos. Los malos momentos son dolorosos, pero de todas formas Dios puede transformar todo eso en algo bueno. A través de este pasaje, nos dice que nunca se olvida de nosotros, sino que siempre estamos en su mente. Dios me quería decir que no buscara el bienestar entre los hombres, sino en Él. Que no buscara mi sueño por caminos humanos porque Él crearía uno nuevo para mí. Esa era la razón por la cual se cerraban las puertas de todos los lugares donde iba.

Una noche, inspirado en la historia de Jacob (lean Génesis 32), quise aferrarme a Dios y pedirle que me bendijera. Ya no quería deambular sin sentido en mi vida. Quería tener un plan. Dios respondió. Dios me dio una visión. Esta consistía en que Dios me daría un trabajo en el cual podría desarrollar todas mis potencialidades; podría hacer una de las actividades que más amaba: escribir; y me pondría como líder de la iglesia más grande de la historia: la Iglesia del Viento. ¿Y de qué forma si ni siquiera tenía un templo? A través de internet y las redes sociales llegaría a los siete continentes. Recordé que durante el ministerio de Jesús, él no se dedicaba a construir templos. De hecho, profetizó la destrucción del templo de Jerusalén.

Hoy les quiero compartir esta visión para invitarlos a que se sumen a este proyecto. Los invito, pero no a estar encerrados, sino a una iglesia del viento. El viento se mueve mejor en la naturaleza, no entre edificios institucionales. El viento se mueve mejor en el Himalaya y en el Amazonas que entre los edificios de las grandes ciudades. El viento a veces tiene la fuerza de un huracán y a veces tiene la dulzura y frescor de un silbo apacible. El viento llega a todas partes. El viento sopla desde una región tan lejana como el Tíbet (藏区) hasta la Patagonia. Por esta razón mi discurso es que sean autónomos, libres, triunfantes, fuertes y apacibles como el viento.

Para el Espíritu Santo es más cómodo llegar a las personas cuando se despojan de las instituciones y templos. Dios es sabiduría, verdad, justicia, amor; Dios no es universidades, canales de noticias, tribunales u organizaciones. Dios es Persona y ama a las personas.

No sé de dónde vienen ustedes ni sé a dónde van (Juan 3,8). Pueden venir de tierras muy lejanas y pueden dirigirse a lugares de mucha importancia. Estoy seguro que Dios no nos quiere para algo plan pequeño ni para el fracaso. Ya bastante fracaso y rechazo hemos vivido en el mundo como para que Dios quiera que sigamos sufriendo. Ahora estamos listos para vivir, estamos listos para la victoria; pero esta solo se consigue a través de la fe y a través de la oración.

¿Ustedes quieren ser parte de esto? Anuncien a Dios, recen, oren, comuníquense con Dios. Él los quiere escuchar. El mundo los podrá defraudar, pero Él no. Tal vez en sus iglesias no estén interesados en ocuparlos para tareas importantes y los quieran hacer esperar, pero Dios les quiere asignar una función importante hoy. Dios no quiere que se aíslen del mundo. No se trata de eso, Él quiere que brillen en medio de esta oscura sociedad. Tal vez la gente los menosprecie por no tener un título académico, pero para Dios la ciencia más importante es el temor del Señor.

Cambiemos el mundo, pero no como lo han intentado hacer antes otras personas de la historia. No a través de la violencia. No a través de la renuncia. No renuncien a sus sueños porque los sueños son de Dios y volverán a Él. Sus sueños se cumplirán. Tengo fe de que Dios moverá montañas de ser necesario. Tengo confianza de que Dios hará milagros de ser necesario (ya he tenido testimonio de que ha respondido muchas de mis peticiones). Tengo la certeza de que Dios nos ama y quiere que todos seamos plenos y felices. Hagamos de este lugar un mundo mejor… Hasta que Cristo vuelva.

El viento sopla por donde quiere, y lo oyes silbar, aunque ignoras de dónde viene y a dónde va. Lo mismo pasa con todo el que nace del Espíritu. (Juan 3,8).

No renuncien a su libertad (historia de Liu Xiaobo)

[This article is available in english.]

Liu Xiaobo (刘晓波) es un poeta y activista de los derechos humanos que ganó el premio Nobel de la paz en el año 2010, sin embargo el gobierno chino (país por el cual siento un afecto especial) no le ha permitido recibirlo y lo mantiene prisionero por haberse opuesto al régimen.

El Sr. Liu hizo clases de literatura en la Universidad Normal de Beijing, en la Universidad de Columbia, Universidad de Hawai, etc. Se encontraba en el extranjero cuando se produjeron las protestas pacíficas de la plaza de Tian’anmen en 1989. En Abril de ese año decidió volver a su tierra natal, pese a los riesgos y participar activamente en el movimiento. Esta protesta tiene una imagen que representa muy bien su espíritu: un joven rebelde (desarmado) impide a un tanque avanzar y el de muchos otros. Se estima que murieron unas 7,000 personas (no se puede saber el número exacto) en Tian’anmen.

Liu Xiabo fue uno de los autores del manifiesto “Carta 08” (零八宪章) el cual presenta 17 demandas específicas como libertad de expresión y libertad religiosa. Este manifiesto fue firmado por 10,000 personas. Dos días antes de la publicación fue puesto en custodia por la policía. Fue enjuiciado el año 2009 por los cargos de “incitar la subversión al estado”.

Él hizo esta declaración el 23 de diciembre de 2009 (la traducción es mía):

«No tengo enemigos ni odios. Ninguno de los policías que me han monitoreado, arrestado, interrogado, perseguido o sentenciado son mis enemigos […] Debido a que el odio es corrosivo en la sabiduría y conciencia de una persona; una mentalidad de enemistad puede envenenar el espíritu de una nación, instigar una lucha brutal de vida o muerte, destruir la tolerancia de una sociedad y destruir a la humanidad. Por lo tanto, espero ser capaz de trascender mis vicisitudes personales en la comprensión del desarrollo de los cambios en la sociedad, contrarrestar la hostilidad del régimen con la mejor de las intenciones y apaciguar el odio con amor… No me siento culpable por mi admiración al derecho constitucional de la libertad de expresión ni por cumplir mi responsabilidad social como ciudadano chino. Incluso si soy acusado de ello no tendría queja alguna».

Hasta el día de hoy lo mantienen preso, pese a luchar por los derechos humanos que muchos en la actualidad ni siquiera ejercemos. Tenemos libertad religiosa para poder anunciar las buenas nuevas del Reino de Dios, sin embargo, muchos callan o no toman un rol protagónico en esta labor. A aquellos les digo que recuerden que es un derecho que no gozan los ciudadanos de países como Arabia Saudí, Irán, Uzbekistán, China, Egipto, Myanmar, Maldivas, Eritrea, Malasia y Brunéi.

Después de saber esto, ¿aún quieres mantenerte inactivo en un país en el que sí tienes libertad para anunciar a Cristo? ¿Aún quieren mantenerte inactivo en la transformación del mundo en un país en el cual sí tienes la libertad para expresarte? ¿Aún quieres permanecer inerte frente a todas las injusticias que vemos en el día a día? ¿Aún quieres permanecer a la sombra cuando tu destino es brillar?

Mi mensaje hoy es que no renuncien a la libertad que poseen. No se dejen vencer por los temores. No se dejen vencer por las culpas, por el remordimiento. Ya no son esclavos del pecado. Si ustedes han escogido a Dios han sido perdonados sus pecados con la sangre de Cristo. Jesús nos ha dado dignidad. Oren, anuncien, actúen. No dejen que el tiempo pase sin ustedes hacer algo. Nuestra misión es urgente y todos son importantes. Dios quiere que todos trabajemos para él.

Ahora, no sirve hacer marchas y protestas si no hay oración que las respalde. Ser activo también implica orar. (Contrario a lo que creían los monjes medievales, pienso que la oración es también un trabajo). Además, sabemos que la oración en sí es un arma tremendamente poderosa, la cual debe estar unida a la palabra. Por lo tanto, oremos por la liberación de Liu Xiaobo y veremos el poder de Dios. Oremos por lo imposible. Démosle un trabajo importante a Dios. No se trata de que lo hagamos todo nosotros. El mundo está solo en sus tareas, pero nosotros tenemos a un poderoso gigante que lucha por nosotros.

El libro de Jeremías 20:11, en la Biblia, dice:

Mas el Señor está conmigo como un poderoso gigante; por tanto, los que me persiguen tropezarán y no prevalecerán; serán avergonzados en gran manera, porque no prosperarán; tendrán perpetua confusión, que jamás será olvidada. 

Oremos por la libertad religiosa en el mundo. Oremos para que sean liberados aquellos cristianos y no-cristianos prisioneros solo porque tuvieron la valentía para defender su libertad e incluso estuvieron dispuestos a dejarlo todo por luchar por ella… Como Liu Xiaobo.

Cambiar el mundo

“No con ejército, ni con fuerza, sino con mi espíritu, ha dicho el Señor.” – Zacarías 4,6.

Rerefencias:

http://en.wikipedia.org/wiki/Liu_Xiaobo

http://www.nobelprize.org/nobel_prizes/peace/laureates/2010/speedread.html

Todos somos pastores

En mi niñez asistí a una iglesia evangélica (no daré nombres para no hacer sentir mal a alguien). En esta la autoridad es un pastor. Pastores y sacerdotes tienen cosas en común, pero también diferencias. Por ejemplo, el sacerdote es el encargado de hacer la homilía: el pastor también. No obstante, mientras los sacerdotes hacen votos de castidad los pastores se pueden casar y tener hijos.

En la iglesia me enseñaban que la gente debía congregarse en templos, que esa era la mejor forma de servir a Jesús. No me sentía con la autoridad de hablarle a alguien directamente de las enseñanzas del cristianismo porque pensaba que solo los pastores eran quienes impartían ese “pan” especial (el sermón, la interpretación de La Biblia). Yo invitaba a mis amigos al templo, pero la gente a la cual invitaba no quería ir y quienes se decidían a asistir no les gustaba el 99% de las veces. No me daba cuenta que ellos preferían escucharme a mí que asistir a una iglesia que enseñaba cosas añejas, aburridas y estructuradas.

La oportunidad de transmitir a Dios no podía ser más obvia, pero no lograba ver: había sido instruido en la iglesia para no verlo, nos enseñaban que solo el pastor podía dar sermones. Solo él recibía, supuestamente, una claridad mayor para entender algún pasaje de la Biblia. Todos podíamos orar, pero si el pastor oraba entonces era una oración más importante que de seguro Dios responderia (terrible error).

En las iglesias evangélicas se suelen pedir diezmos (10% del sueldo), pero también cada día se hacían pasar ofrendas. En ocasiones especiales se pedía dinero por algo en particular, generalmente la construcción de otro templo. Entonces se pedía, voluntariamente, además de todo lo anterior sumas grandes de dinero. Lo curioso es que la iglesia a la cual asistía no se predicaba la teología de la prosperidad. Debo reconocer que eran bastante astutos, ya que sacaban el dinero de la gente que era más pobre, pero no se les podía condenar porque no estaban enseñando teologías extrañas.

Creo que el tema de las ofrendas y diezmos y pedidos especiales es el peor error de la mayoría de las iglesias evangélicas. Estas tienen la gran virtud de llegar a los lugares más vulnerables. El problema es que algunas de estas iglesias le extraen el dinero a esa gente que más lo necesita. Mientras la iglesia católica pide el 1%, la iglesia evangélica pide el 10% más todo lo que mencioné anteriormente, por lo que una persona ingenua y con ganas de ayudar podía llegar a dar en mi antigua congregación del 10% al 50% de su sueldo un determinado mes. Después estos mismos pastores se escandalizan al ver que hay tantas personas reacias a las iglesias o personas que se vuelven agnósticas.

Y todo esto, ¿para qué? Vean lo que dice 1 Corintios 6,19-20.

¿Acaso no saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, quien está en ustedes y al que han recibido de parte de Dios? Ustedes no son sus propios dueños; fueron comprados por un precio. Por tanto, honren con su cuerpo a Dios.

Un día me di cuenta que la iglesia debe cambiar su rumbo. Ya no podemos seguir extendiéndonos por el mundo a través de la construcción de templos. Sumado al hecho de que cada vez son más y más denominaciones. Al principio solo era la iglesia primitiva, en la cual también había divisiones (no era el paraíso como algunos tienden a idealizar); luego fue la iglesia católica romana, la iglesia oriental, la iglesia del este; luego la iglesia ortodoxa; luego fue la iglesia protestante, la iglesia calvinista, la iglesia luterana, la anglicana y podría seguir. Paremos esto de una buena vez.

Debemos ser nosotros los instructores y no una “iglesia”. Nosotros somos La Iglesia: el cuerpo de Cristo. Enseñemos persona a persona. Que cada uno de nosotros transmita el mensaje cristiano. Sea por teléfono con algún amigo, por internet o en vivo y en directo. No necesitamos congregarnos en grandes masas. No necesitamos instituciones. Eso es para los partidos políticos, no para La Iglesia.

Dice 1 Pedro 2,9:

Pero ustedes son linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo que pertenece a Dios, para que proclamen las obras maravillosas de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable.

Aquí habla de todos los cristianos. Todos nosotros somos sacerdotes, escogidos, santos y un pueblo que pertenece a Dios. Dejemos las “cuatro paredes” de los templos y salgamos a brillar en un mundo que cada día nos necesita más.  Pareciera que no nos necesita. Puede que nos digan que no nos necesitan. Pero no es así.

Mientras el mundo da sueldos misérrimos, nosotros  podemos dar sueldos éticos (si somos empleadores). Mientras el mundo crea leyes injustas, nosotros podemos cambiar eso (si somos legisladores). Mientras el mundo enseña la avaricia, nosotros podemos mostrar la generosidad (si somos ricos).

Mientras el mundo se deja guiar por los prejuicios y discrimina, nosotros podemos acoger sin importar la condición. Mientras el mundo muestra caretas, nosotros podemos mostrar autenticidad. Mientras el mundo muestra rechazo, nosotros podemos aceptar las diferencias. Mientras el mundo les da dolor, insultos, burlas, nosotros podemos dar apoyo, legitimización, cariño, amor. Y lo más importante: nosotros podemos mostrarles a Dios mismo.

El Reino de Dios ya está aquí. Solo necesitamos empezar a tener fe. Empecemos a orar, actuar y hablar. Somos libres del pecado. Todos somos pastores. Todos somos sacerdotes. Todos somos santos. 

Bienvenidos a la Iglesia del Viento

Inspirado por Dios he creado este ministerio llamado Iglesia del Viento.

Esta es una iglesia cristiana. No pertenece a alguna denominación específica.

Varios ya me conocen, pero para los que no: me llamo Sebastian Leroy. Soy escritor, pensador y fotógrafo. Soy cristiano y pastor de esta iglesia. Ahora les explicaré de qué trata todo esto.

Esta iglesia no se parece mucho a una que conozcan. No es convencional.  Para empezar, no tiene templo. No se pedirán diezmos u ofrendas o sumas de dinero. No habrá bautismos de agua.

Pese a no tener esos elementos, es una iglesia que será muy fuerte y unida. Aquí habrá oración, fe, palabra de Dios y Espíritu. Siempre estaré publicando artículos relacionados con el cristianismo y la Biblia.  También estaré disponible si tienen consultas en caso de que no entiendan la Biblia o si tienen consultas para entender mejor el Cristianismo. Para ello me he estado preparando muchos años. También pueden contactarme para pedirme la oración en algún tema que los aflija o algo que quieran lograr.

Los medios para contactarme serán Twitter (@sebastianleroy) y el correo electrónico (sebastianleroywriter@gmail.com).

Aquí todos serán importantes y siempre podrán encontrar una palabra vivificante. A su vez, todos serán bienvenidos. Será cosa de hacer un clic. La forma que tienen para ayudar a esta iglesia es difundiendo los escritos acá publicados, orando para que se extienda por todo el mundo y compartiendo con otros lo que hayan aprendido aquí. La meta es que lleguemos a ser 2 mil millones de personas.

Tomémonos las redes sociales, pero esta vez por una buena causa: Jesús.

Lo demás lo construiremos en el camino. Aquí no habrá tanto protocolo ni tanta fórmula, pero habrá poder, amor y fe.

¿Por qué el nombre Iglesia del Viento? Porque será una iglesia de internet y por el siguiente versículo:

“El viento sopla por donde quiere, y aunque oyes su ruido, no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así son también todos los que nacen del Espíritu.” Juan 3,8.