“Yo sé que siempre me escuchas…”

Jesús tenía un amigo. Su nombre era Lázaro. En otro artículo hablamos del afecto especial que Jesús tenía por María de Magdala. Bueno, también quería mucho a tres personas (hermanos entre sí): Marta, María de Betania y Lázaro. Sabemos que Jesús algunas veces se quedaba ahí para dormir y cenar. 

Antes haré una aclaración necesaria. Hay tres Marías importantes en el Nuevo Testamento. Las enumero: María. la madre de Jesús, María de Betania (ungió a Jesús para su sepultura y le secó los pies con sus cabellos) y María Magdalena (a quien le sacó siete demonios). Creo que para Jesús la más importante de ellas fue María Magdalena, ya que es a quien primero se aparece resucitado. No sabemos quién es la mujer adúltera a la cual salvó de la muerte cuando todos la querían apedrear. Es posible que fuera María Magdalena y los evangelistas no lo dijeron por respeto. 

Continuemos con el amigo de Jesús: Lázaro. 

Lázaro enfermó gravemente y sus hermanas mandaron a avisarle para que lo sanara, ya que era conocido por todos que Jesús sanaba a muchos enfermos (paralíticos caminaban, ciegos veían, endemoniados eran libertados). A esta altura, la fama de Jesús se había extendido por toda Palestina. Sin embargo, Jesús se mantuvo dos días en el lugar donde estaba. No fue de inmediato al llamado de estas mujeres. Pese a que se trataba de su amigo. Pese a que se trataba de personas cercanas que lo habían hospedado en su hogar. 

Pero Jesús no esperó eternamente. Luego de los dos días le dice a sus discípulos “Regresemos a Judea”. Pero dos días significó mucho tiempo. Lázaro ya no estaba enfermo, estaba muerto. Con todo el tiempo que implicó viajar, llegó cuando Lázaro tenía cuatro días muerto. Leamos Juan 11, 21-26:

—Señor —le dijo Marta a Jesús—, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. Pero yo sé que aun ahora Dios te dará todo lo que le pidas.
Tu hermano resucitará —le dijo Jesús.
—Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día final —respondió Marta.
Entonces Jesús le dijo:
Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí vivirá, aunque muera; y todo el que vive y cree en mí no morirá jamás. ¿Crees esto?

El lugar estaba lleno de gente que habían ido a darle el pésame a Marta y María. Algunos murmuraban y decían (criticando o quejándose de Jesús): “Éste, que le abrió los ojos al ciego, ¿no podría haber impedido que Lázaro muriera?”. 

Al ver a María tan triste y a los judíos que la habían acompañado, Jesús se turba y se conmueve profundamente. Jesús, orando, le dice a Dios: “Yo sé que siempre me escuchas”. Jesús tenía certeza de que era escuchado. Dios era su “Papito”. Dios no era un rey distante, no era un juez injusto que esperaría que una viuda se desgastara yendo a verlo cada día esperando que le diera una solución, no era un mal padre que le daría piedras si le pedía pan. 

Dios nos escucha la primera vez que le pedimos. No es necesario hacer pedidos continuos, no son necesarias las mandas, no son necesarios los sacrificios. Jesús escuchó la primera vez que las mujeres le piden que vaya a sanar a Lázaro. Si Jesús se demora es porque tenía un plan. No fue por descuido ni negligencia. No fue desamor ni falta de amistad.

Hoy Dios es tan cercano como lo era Jesús de Lázaro. Dios es tan amigo de nosotros como lo era de estos tres hermanos. Dios se conmueve con nuestro dolor. Y es posible que incluso llore. Nuestro Papito se pone triste si nos pasa algo malo. Nuestro Papito se alegra con nuestra alegría. Nuestro Papito nos escucha. No lo hace a la segunda vez que le pedimos algo, no lo hace a la tercera vez. Nos escucha la primera vez que nos presentamos delante de Él. Lo que sucede es que algunas veces Dios no nos responde porque le pedimos mal. Pero ¿qué es pedir mal? Pedir sin fe. Pedir pensando que tenemos que hacer ayunos y sacrificios. Pedir pensando que tenemos que darle algo a cambio a Dios para que Él nos oiga. Pero Él ya lo dio todo. Dio a su hijo unigénito por nosotros. ¿Que podríamos agregar nosotros? ¿Qué otro sufrimientro sería necesario agregar? Cuando pidan a Dios, pidan sabiendo que un Padre amoroso les escucha. Así como lo hizo Jesús. 

Lázaro resucitó (pueden leer la historia completa en Juan 11). Este milagro maravilloso lo podemos ver nosotros en  la actualidad. Los cristianos tenemos el Espíritu Santo. Y Él es quien obra con poder hoy. 

Finalizo este post con una canción: “You are more”. El coro dice así:

You are more than the choices that you’ve made, [eres más que las decisiones que has tomado]
You are more than the sum of your past mistakes, [eres más que la suma de tus errores pasados]
You are more than the problems you create, [eres más que los problemas que creas]
You’ve been remade. [Has sido renovado]

‘Cause this is not about what you’ve done, [Porque esto no se trata de lo que has hecho]
But what’s been done for you. [sino de lo que ha sido hecho por ti]
This is not about where you’ve been, [esto no se trata de dónde has estado]
But where your brokenness brings you to  [sino hacia dónde te lleva tu quebrantamiento]

This is not about what you feel,  [Esto no se trata de lo que sientes]
But what He felt to forgive you, [sino de que lo que Él sintió al perdonarte]
And what He felt to make you loved. [y lo que sintió Él al hacerte amado]

Jesús y las mujeres

En tiempos de Jesús, la mujer debía pasar inadvertida. Un escriba de la época dijo: “No hables mucho con una mujer. Esto vale de tu propia mujer, pero mucho más de la mujer de tu prójimo”. Se prohibía encontrarse a solas con una mujer, mirar a una mujer casada e incluso saludarla. Era un deshonor para un aprendiz de escriba hablar con una mujer en la calle. Filón, un filósofo judío, decía: “A las mujeres les conviene quedarse en casa y vivir retiradas. Las jóvenes deben estar en aposentos retirados, poniendo como límite la puerta (con los aposentos de los hombres), y las mujeres casadas, la puerta del patio como límite”. Los deberes de las mujeres casadas consistían en moler, coser, lavar, cocinar, hilar, tejer, prepararle la copa al marido, lavarle la cara, las manos y los pies. En resumen, se prefería que la mujer no saliese y no participara de la vida pública [1].

Debido a esto, resulta escandaloso y revelador el hecho de que Jesús hubiese entablado una conversación con una mujer desconocida (la samaritana) a la cual pidió agua. Los discípulos quedaron extrañados de este suceso, pero no se atrevieron a preguntarle (Juan 4, 27). 

Jesús no termina aquí, sino que además, fue hospedado por una mujer llamada Marta, la cual tenía una hermana (María) que según nos relata la Biblia, se sentó a los pies de Jesús para escuchar las palabras que decía, mientras Marta se quejaba porque ella no la ayudaba a realizar los quehaceres del hogar (Lc 10, 38).

Como si fueran pocos los dos ejemplos anteriores, tenemos más evidencias de que Jesús rompió con muchas (¿todas?) de las costumbres de la época respecto a las mujeres. Sabemos que, además de los doce discípulos, lo acompañaban mujeres que habían sido sanadas de espíritus malignos y de enfermedades. Dentro de este grupo estaban María de Magdala (a la que llamaban Magdalena); Juana (esposa del administrador de Herodes); Susana y muchas más que lo ayudaban económicamente (Lc 8, 1-3).  

Cuando Jesús resucita de entre los muertos, fue María Magdalena la primera en ir al sepulcro vacío (probablemente a llorar por él) y ella da voz de alarma entre los discípulos de que la piedra del sepulcro no estaba. Luego es María Magdalena —ella sola— quien ve a los ángeles. Veamos el pasaje (Jn 20, 10-16):

Los discípulos regresaron a su casa, pero María se quedó afuera, llorando junto al sepulcro. Mientras lloraba, se inclinó para mirar dentro del sepulcro, y vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentados donde había estado el cuerpo de Jesús, uno a la cabecera y otro a los pies.
—¿Por qué lloras, mujer? —le preguntaron los ángeles.
—Es que se han llevado a mi Señor, y no sé dónde lo han puesto —les respondió.
Apenas dijo esto, volvió la mirada y allí vio a Jesús de pie, aunque no sabía que era él. Jesús le dijo: —¿Por qué lloras, mujer? ¿A quién buscas?
Ella, pensando que se trataba del que cuidaba el huerto, le dijo:
—Señor, si usted se lo ha llevado, dígame dónde lo ha puesto, y yo iré por él.
—María —le dijo Jesús.
Ella se volvió y exclamó:
—¡Raboni! (que en arameo significa: Maestro).

El hecho de que se hubiera aparecido a María no tuvo mucho efecto entre los discípulos, ya que las mujeres no estaban cualificadas como testigos. Nadie le dio crédito (Lc 24, 10; Mc 16, 10). Pero ¡qué gran honor para María Magdalena haber sido la primera en tener una angelofanía y, sobre todo, una Cristofanía! Este sería solo el comienzo de las muchas apariciones de Jesús a sus discípulos. El hecho de que haya sido primero a una mujer indica que Jesús la apreciaba en una especial manera. Tal vez porque se habría comportado de forma valiente durante su pasión (sufrimiento en la cruz). Algunos investigadores poco serios y poco rigurosos, han entendido esto como si Jesús hubiera tenido una relación erótica con ella. Nada más errado. La relación de Jesús con ella fue de amistad o de discípula frente a un maestro. Como pueden ver, los evangelios no tienen dificultades en mostrar todas las rupturas de Jesús con las costumbres de la época. Tal vez a nuestros ojos occidentales modernos, Jesús no hacía nada malo en entablar conversaciones con mujeres, pero a los ojos de un fariseo era totalmente reprobable. Entonces ¿por qué los evangelios habrían silenciado aquello? No tiene sentido. 

Jesús dignificó a la mujer. Fue amigo de ellas, les permitió que le dieran ayuda económica, permitía que le escuchasen, conversaba con ellas, etc. Jesús prohibió el divorcio a sus discípulos. Esto también fue una medida pro-mujer, ya que en aquella época el divorcio lo decidía solamente el hombre y la mujer era repudiada. Jesús no se dejó llevar por las “buenas costumbres”, ya que muchas veces estas van en contra de la moral. Que algo se repita mucho tiempo no significa que esté bien. Deberíamos tratar de seguir su ejemplo hoy y no dejarnos llevar por el “qué dirán”.

No me queda más que admirar el amor de Jesús para con todos y todas, traspasando las barreras sociales, en una época en donde abundaban el machismo y las clases sociales.

¿Qué tan diferentes somos nosotros como sociedad? 

1. Jeremias, Joaquim. “Jerusalén en tiempos de Jesús”. Cap. VII. La situación social de la mujer. Páginas 371-388.

Volver al futuro

Hay una película de 1985 llamada “Back to the Future”. Es un clásico. Si no la ha visto le recomiendo que lo haga. En esta columna quiero hablar un poco de esa película y acerca de la oración que nos enseñó Jesús. Advierto que este texto contiene spoilers del film (también contiene spoilers de la oración que nos enseñó Jesús, aunque eso no debiese ser un problema).

¿Comencemos?

La película se trata de cambiar el destino de una persona. Esto, en la película, se logra con un viaje al pasado. Pero, en realidad, se logra con la enseñanza que Emmett “Doc” Brown le entrega al joven Marty McFly. Él le dice: “Si pones tu mente en un propósito, puedes lograr cualquier cosa”.

Un consejo bastante diferente de lo que le dice el director de la escuela de Marty McFly: “Tienes un problema de actitud McFly, eres un holgazán. Me recuerdas a tu padre cuando estudió aquí. Él también era un flojo”.  El director continúa desanimando a Marty, rematando con: “¡Ningún McFly nunca llegó a nada en la historia de Hill Valley!”.

¿Cuál de los dos consejos han recibido ustedes? Yo he recibido más consejos similares a los del director.

De todos modos, el director, en cierta medida, tiene algo de razón. Es verdad que uno acarrea con maldiciones familiares al momento de nacer. Es cierto que uno tiende a reproducir errores ancestrales de nuestros tatarabuelos. Es que uno carga con los pecados de nuestros antepasados. No hablo de “karma” ni de vidas pasadas, sino de pecados que cometieron nuestros ascendientes y que conllevan consecuencias. Lo bueno es que existe una salida para eso. Existe una solución. Desde el momento en que tú aceptas el perdón que ofrece Jesús —gratuitamente—, esos pecados son borrados y naces de nuevo. Hay personas que representan eso con bautismos de agua. Yo no encuentro necesario hacer esa representación, pero eso es otro tema.

Sigamos con la película.

Marty McFly viaja al pasado en un DeLorean que funciona con Uranio. Llega hasta la época en que sus padres aún no se conocen. Él le da un consejo a su padre, inspirado en el “Doc”, que cambiaría para siempre la historia de los McFly. Le dice: “Si te propones algo, puedes lograr cualquier cosa”.  (Dejo la imagen, para que quede más claro).

Marty hablándole a su padre, en el pasado.

El padre tenía miedo el rechazo. Era escritor y tenía miedo de que se burlaran de su trabajo que, en el fondo, era su alma. Así también, a Marty le daba terror ser rechazado en una disquera por su trabajo musical como guitarrista y cantante. El miedo había paralizado a la familia. Los había hundido en el fracaso, en la mediocridad, en la pobreza.

Muchas personas tienen miedos y dejan que ese miedo se apodere de ellos. No es pecado sentir miedo, pero se le debe dejar solo un espacio limitado. Si se descontrola puede terminar arruinándonos. Siempre debemos recordar que Dios es nuestra fortaleza, nuestra “torre fuerte”, como decía el salmista. Si pensamos en el poder de Dios, nuestro miedo queda reducido al tamaño de una hormiga; pero si le damos más relevancia a nuestro propio poder,  entonces nos desarticulamos, desfallecemos.

Pero aún no hablo de la oración que Jesús nos enseñó. A continuación lo haré. Manténganse atentos.

Jesús también nos invita a un viaje temporal. La diferencia es que el viaje no lo hacemos nosotros, sino el tiempo mismo. El futuro es el que viaja hacia el presente.

Jesús, en la famosa oración que enseño a sus discípulos, dijo que le pidiéramos lo siguiente al Padre: “El pan de mañana, dánoslo hoy” (Mat 6,9-13). Es decir, Jesús nos dice que el futuro lo traigamos a nuestro presente, al ahora. Esto puede parecer extraño para nosotros, pero Dios está sobre el tiempo. Después de todo, Él lo creó.

El pan de mañana es el Pan de Vida, el regocijo del Paraíso, el poder del Reino de Dios, la bendición. Dios nos enseña que ese pan de mañana lo pidamos para hoy mismo. El Reino de Dios se ha acercado. El Reino de Dios ha llegado. El Pan no es solo pan. El pan es nuestro trabajo soñado, la pareja soñada, la casa soñada, es el pan del paraíso. Para Dios no hay cosas profanas y cosas sagradas porque Él santifica todo. 

Jesús rompe con todas las maldiciones que acarreamos y que ni siquiera notamos que son maldiciones. Por esa razón Jesús sanó (y sigue sanando) a ciegos, cojos, paralíticos, endemoniados. Jesús hace vivo su Reino en cada corazón que lo sigue. La buena noticia es que ese reino está maravillosamente cerca. Está al paso de una oración hacia Dios. Así de próximo. 

Así como Marty McFly le habla a su padre, Dios nos dice que nos propongamos cualquier cosa porque Él la cumplirá por nosotros. Aunque nosotros seamos débiles, aunque no estemos lo suficientemente preparados, aunque ya no tengamos fuerzas. Dios no se reirá de nosotros. Dios no se burlará de nuestra petición. Si el pedido es grande, entonces le has pedido algo en lo cual Él es especialista.

El Cristianismo no se trata de lo que hacemos nosotros, sino de lo que Cristo hizo por nosotros y de lo que Dios hace por nosotros hoy.

Pidámosle a Dios cada día que el pan de mañana nos lo dé hoy. Yo lo haré. Los invito a hacer lo mismo.

Dios no nos necesita

Muchas veces he escuchado de algunos cristianos o he visto escrito en carteles de iglesias la frase: “Jesús te necesita”. Muchas veces creí en esa frase. Pero ahora lo cuestiono. ¿Realmente Dios nos necesita? ¿Es posible que el creador de los cielos y la tierra nos necesite? ¿Es posible que nuestro propio Creador nos necesite?

Algunas veces nos angustiamos. Pensamos que necesitamos hacer más cosas o que tenemos que hacer mejor aquello que estamos haciendo. Nos ponemos maniáticos, de mal humor, trabajólicos, nos estresamos. Y ¿por qué? Porque en el fondo, todos alguna vez hemos creído que Dios nos necesita. En la Biblia encontramos algo totalmente distinto.

¿Recuerdan cómo Pablo comienza a creer en Cristo? ¿Fue por la predicación de alguien con gran retórica o por el testimonio de una persona con una vida intachable? Pues, no. Hubiera sido difícil que alguien como Saulo de Tarso dejara el fariseísmo. Saulo era muy, muy estructurado. Cuadrado, si quieren. Seguía la ley judía al pie de la letra.

Saulo no se convierte en un discípulo de Jesús por la predicación de algún cristiano (hubiera sido difícil), sino que Cristo mismo es quien se aparece y le habla cuando se dirigía a Damasco.

Mientras tanto, Saulo no dejaba de amenazar de muerte a los creyentes en el Señor. Por eso, se presentó al sumo sacerdote, y le pidió cartas de autorización para ir a las sinagogas de Damasco, a buscar a los que seguían el Nuevo Camino, tanto hombres como mujeres, y llevarlos presos a Jerusalén. Pero cuando ya se encontraba cerca de la ciudad de Damasco, una luz que venía del cielo brilló de repente a su alrededor. Saulo cayó al suelo, y oyó una voz que le decía: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?». Saulo preguntó: «¿Quién eres, Señor?» La voz le contestó: «Yo soy Jesús, el mismo a quien estás persiguiendo. Levántate y entra en la ciudad; allí te dirán lo que debes hacer.» (Hechos 9,1-6).

¿Significa por esto que no debemos hacer nada? No. No estoy diciendo eso. Sigan trabajando, sigan orando, sigan haciendo sus cosas. Pero no hagan las cosas con desesperación, con angustia, con infelicidad, con manía. Hagan las cosas con alegría, con gozo, sabiendo que hay alguien que los respalda, alguien que los protege, alguien que cumple sus promesas, alguien que los bendice, alguien que los prospera, alguien que con su sola voz calma la tormenta y crea el Universo.

Es que la gran verdad es que Dios no nos necesita. Nosotros necesitamos a Dios, nosotros necesitamos a Jesús.

Si alguna vez escriben algún mensaje, que este mensaje diga: “Tú necesitas a Jesús”.

Vean este vídeo, contiene unas palabras y una canción.

¿Cuál fue el mensaje principal de Jesús?

El mensaje principal de Jesús fue: “El reino de Dios se ha acercado”.

¿Quién era el rey? Él mismo. Por eso en su cruz dice “INRI”, un acrónimo en latín para Iēsus Nazarēnus, Rēx Iūdaeōrum (Jesús Nazareno Rey de los Judíos). Por esa razón le pusieron una corona de espinas. Los soldados romanos se burlaban de él cuando escribieron esto, lo sé. Pero no hacían más que confirmar Su palabra. De todos modos, su reino no era de esta Tierra.

Ahora, ¿qué significa que el reino se ha acercado? Significa que lo escatológico, lo futuro, se transforma en presente en la Persona de Jesús. En la oración que nos enseñó señala: “Venga a nosotros tu reino. El pan de mañana, dánoslo hoy”. Es decir, el pan de la vida, ese que nos dará en el Paraíso, pedimos que lo dé hoy. Pedimos que traiga el futuro hasta hoy, hasta nosotros. El reino es vive en nosotros.

En la petición del pan de mañana va incluido todo: comida, trabajo, esposa/o, hijos, etc. Es que todo es santificado cuando estamos con Dios. Dios no hace una diferencia entre las cosas espirituales y las cosas profanas. Nuestro Padre es un Dios es un Dios de todo, no un Dios de algunas cosas solamente.

Vayamos a la frase inicial del mensaje principal de Jesús. ¿De qué trata este reino del cual tanto predicó Cristo? Es un reino en el que prima el amor. Prima la más alta de las éticas: la más alta moral. Aquí prima el amor a los enemigos. Jesús nos manda a hacer el bien a quienes nos persiguen y hablan mal de nosotros. Jesús nos enseña a no odiar. El que odia a su hermano es similar a un asesino.

Es un reino diferente.

Si en los reinos terrenos los ricos son afortunados, en el reino de Dios los pobres son bienaventurados. Y no solo los pobres: también los perseguidos, los que sufren, los humildes, los compasivos, los de corazón limpio, los que trabajan por la paz.

Pero este reino es principalmente, un reino de gracia. Está abierto a todos. No pueden existir sectas cristianas, ya que el cristianismo está abierto a todos. Todos tienen cabida en este reino. Eso sí, nos advierte, muchos son llamados, pero pocos escogidos. Pocos son los que aceptan el perdón gratuito de Dios. Pocos son los que le entregan su corazón a Dios para ser transformados.

El reino de Dios, en síntesis, no es un cúmulo de leyes, sino un lugar milagroso, bello y que se hace presente en nuestra vida cada vez que oramos (no hay reino sin oración), cada vez que sentimos a Dios y cada vez que ayudamos al prójimo.

Grita más fuerte

Aconteció que, acercándose Jesús a Jericó, un ciego estaba sentado junto al camino mendigando, y al oír a la multitud que pasaba, preguntó qué era aquello. Le dijeron que pasaba Jesús nazareno. Entonces gritó, diciendo: “¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!”. Los que iban delante lo reprendían para que callara; pero él gritaba aún más fuerte: “¡Hijo de David, ten misericordia de mí!”. Jesús entonces, deteniéndose, mandó traerlo a su presencia. Cuando llegó, le preguntó,  diciendo: “¿Qué quieres que te haga?”. Y él dijo: “Señor, que reciba la vista”. Jesús le dijo: “Recíbela, tu fe te ha salvado”. Al instante recobró la vista, y lo seguía glorificando a Dios; y todo el pueblo, cuando vio aquello, dio alabanza a Dios. (Lucas 18,35-43).

¿Cuántas veces nos hemos sentido como este hombre? ¿Cuántas veces nos hemos sentido igual de mendigos, angustiados, ciegos y necesitados? Este hombre rogaba por misericordia. Llevaba quizá cuántos años así. Talvez era ciego de nacimiento. Su angustia debe haber sido mucha. Ciertamente, vivir de mendigo no es el sueño de nadie.

Algunos, cuando nos sentimos así, comenzamos a orar y no faltan aquellas personas que nos dicen que lo que pedimos es imposible. Hablan como si para Dios algo fuera difícil. O talvez lo dicen porque no entienden nuestra necesidad. Solo un ciego comprende lo difícil que es ser ciego y subsistir día a día. Solo alguien necesitado, angustiado, depresivo, alguien que está cesante, alguien a quien le impiden ver a sus seres queridos, conoce ese dolor. Los demás probablemente no te comprendan, pero Dios sí.

No faltan aquellos que nos hacen callar o nos dicen que pidamos menos. Nos piden conformarnos con menos porque ellos lo tienen todo. Porque ellos no son ciegos: ellos ven el resplandor del sol cada mañana y la luz rojiza del crepúsculo. Pedir poco hubiera sido como si este ciego le hubiera pedido a Jesús ver solo de un solo ojo. Pues, no. Este ciego se rehúsa. No quiere quedar tuerto. Quiere la sanidad completa, no solo una parte. Quiere la salvación. (Después de todo, la palabra salvación proviene de salud).

Pese a las reprensiones, pese a que lo hicieron callar, pese a que talvez sus gritos eran  molestos a la gente (a nadie le parecen agradables los mendigos), él se atreve a gritar más fuerte para pedir misericordia. Este ciego quería que Jesús atendiera su llamado. Quería ser visto por el mismísimo Dios en la Tierra.

Al llegar, Jesús le pregunta: “¿Qué quieres que te haga?”. Jesús sabía lo que necesitaba. Dios sabe lo que necesitamos antes que se lo pidamos, pero quiere que nos acerquemos a él humildemente y se lo pidamos. No nos dice que la petición sea pequeña o “humilde”, sino que nuestro corazón sea humilde ante Él, ante nuestro Creador, porque Él tiene poder para responder aún lo más difícil. Incluso, darle la vista a un ciego. ¡Algo que hasta nuestros días parece imposible!

Pero Jesús sana a este hombre sin necesidad de operaciones, de costos médicos (en esa época también había médicos), de medicamentos. Jesús no lo deriva a un especialista. Jesús es el médico especialista de los enfermos. Él no ha venido a los sanos. No ha venido a los perfectos, sino a los imperfectos. Viene a buscar a la oveja que se había perdido.

Finalmente, a su sola palabra, el hombre recibe la vista. El universo fue creado por la palabra de Dios y basta solo que él lo diga y nuestra petición será respondida. Muchas veces, la respuesta demora. Pero debemos ser persistentes y hacer como hizo este hombre: gritar más fuerte, pedir pese a que todos nos hagan callar, orar con más intensidad, buscar un encuentro profundo con Dios que hoy se hace presente a través de la Persona del Espíritu Santo.

Dios está tan cerca de ti como lo estaba Jesús del hombre ciego. Búscalo. Solo Él te puede dar la salvación a través de la fe. ¿Tienes una fe pequeña? Dios dice que si tu fe fuera tan pequeña como un grano de mostaza serás capaz de mover montañas.

Dios está cerca. Su reino ha llegado. Trabaja para Él, sígue a Jesús.

Todos son importantes

Si hay algo que ocurre en las iglesias tradicionales es que los dones  se suelen desperdiciar por no darles el valor que merecen, por lo tanto, suele pasar que las personas no son tomadas en cuenta y no se les da importancia. Generalmente, el único importante es el jerarca.

Se suele creer que el único capaz de hacer milagros, el único capaz de hablar algo sabio, el único de decir una profecía es el sacerdote o el pastor. Lo peor es que ahora ni siquiera hablan de esto, ya que ha habido una pérdida considerable de fe el último tiempo.

Yo creo que los dones están repartidos, lo cual hace que las personas de cada iglesia sean sumamente valiosas.

La Biblia habla acerca de los siguientes dones. Sepan identificar cuál es su don (o dones) para que trabajen con este (estos):

  • Hablar con sabiduría
  • Conocimiento profundo
  • Tener fe de que Dios realiza cosas imposibles
  • Curación de enfermos
  • Poder para hacer milagros
  • Don de hablar profecía
  • Capacidad de distinguir entre los espíritus falsos y el Espíritu verdadero
  • Hablar en idiomas
  • Interpretación de idiomas

No solo debemos saber conocer los dones, sino también ambicionar los mejores. Don significa regalo. Significa que no por ser mejor a uno se le concede cierto don, sino que es un regalo del Espíritu Santo, aquel que mora en nosotros. De esta modo se forma el cuerpo de Cristo; así logra caminar, ayudar a los más desvalidos, fortalecer a los heridos, dar palabras de aliento: a través de su iglesia que la componemos cada uno de nosotros.

Para leer el pasaje bíblico completo lean 1 Corintios, capítulo 12. 

Dios en la antigua China y en los actuales caracteres chinos

“Si eres cristiano eres libre para pensar que todas las religiones, incluso las más extrañas, contienen algo de verdad.” — C.S. Lewis, Mero Cristianismo.

En la antigua China, específicamente en la dinastía Shang que data del 1600 antes de Cristo, se creía en un único Dios llamado ShangDi. Recalquemos que esto fue antes del Confucionismo, el Taoísmo y el Budismo, que son las principales filosofías y religiones actuales de China.

El Dios ShangDi compartía varias similitudes con el Dios que adoraban en Israel. Por ejemplo:

  • ShangDi era el creador del universo y de la humanidad
  • ShangDi era justo y tenía altos estándares de moral para los Emperadores y Su pueblo
  • ShangDi les tenía prohibido hacer estatuas
  • ShangDi desea sacrificios animales, especialmente de toros y ovejas

Los primeros registros de escritura china están en caparazones de tortuga que datan del 1200-1050 antes de Cristo. Allí podemos encontrar el origen de los actuales caracteres chinos. Algunos de ellos los detallaré en este texto, los que quieran seguir investigando tienen las referencias al final de este texto que es de donde yo tomé esta valiosa información.

El cristianismo llegó a China recién en el 635 después de Cristo. Además, estos caracteres datan de muchísimo tiempo antes de que Jesús naciera como para que la religión cristiana los hubiera influenciado. Lo que significa que estos caracteres son algo así como un registro profético de lo que vendría en un pueblo no escogido por Dios (como sí lo era Israel).

Los chinos ofrecían un toro (en su cultura representa lealtad) o una oveja que en su cultura representa bondad, como animales de sacrificio. Estos se quemaban en honor a ShangDi.

Ahora, revisemos el carácter chino actual para sacrificio:

Lo he agrandado bastante para que los que no saben chino puedan visualizar claramente. El carácter para vaca es 牛 (a la izquierda), el carácter para oveja es 羊 (arriba a la derecha), el carácter para perfecto es 秀 (abajo en el centro) y el carácter para lanza es 戈 (abajo a la derecha).

Por favor, ahora comparen con lo que dice el libro de la Biblia Levítico 9,1-4 (escrito entre los años 538-332 a.C.):

Al octavo día Moisés llamó a Aarón y a sus hijos, y a los ancianos de Israel. Y le dijo a Aarón: «Toma un becerro para el sacrificio por el pecado, y un carnero sin defecto para ofrecerlo en holocausto, y preséntalos ante el Señor. A los israelitas diles que tomen un chivo como sacrificio por el pecado, un becerro y un cordero que sean de un año y que no tengan ningún defecto, para ofrecerlos como holocaustos, y un toro y un carnero para matarlos ante el Señor como sacrificios de reconciliación.

Sigan comparando con este pasaje de Levítico 1,3-5

Si el animal que ofrece en holocausto es de su ganado, tendrá que ser un toro sin defecto. Para que le sea aceptado, deberá ofrecerlo en presencia del Señor a la entrada de la tienda del encuentro,  poniendo la mano sobre la cabeza del animal. Así el animal le será aceptado para obtener el perdón de sus pecados.  Degollará el toro en presencia del Señor; luego los hijos de Aarón, los sacerdotes, ofrecerán la sangre, y después rociarán con ella los costados del altar que está a la entrada de la tienda del encuentro.  (…), y los sacerdotes harán fuego sobre el altar y acomodarán la leña

El carácter chino actual para rectitud consiste en una oveja (羊) encima del concepto de yo, que se representa de esta manera:

Ahora visualicen el carácter que significa rectitud:

Es decir, solo a través del cordero (Cristo, hijo de Dios) podemos ser justos ante Dios. Es perfectamente claro en un solo carácter.

El símbolo antiguo para sangre en China era una copa con una gota de sangre. Luego fue modificada al carácter actual que es 血. Lo que se ve arriba de este carácter (una línea diagonal) es una gota de sangre y lo que vemos abajo es la vasija o recipiente. Es decir, el concepto de sacrificio está dentro del carácter que actualmente en China designan para sangre.

Ahora comparen con Romanos 3,25 (Libro del Nuevo Testamento):

 Dios hizo que Cristo, al derramar su sangre, fuera el instrumento del perdón. Este perdón se alcanza por la fe. Así quería Dios mostrar cómo nos hace justos: perdonando los pecados que habíamos cometido antes

 Y comparen con 1 Pedro 1,19 (libro del Nuevo Testamento):

 sino con la sangre preciosa de Cristo, que fue ofrecido en sacrificio como un cordero sin defecto ni mancha.

 Espero que este articulo les haya servido para darse cuenta de cuán misterioso es el plan de Dios, entender la Biblia y haber aprendido un poco más del lenguaje y la cultura china.

Referencias:

“The Lamb of God hidden in the ancient Chinese characters”. Kui Shin Voo & Larry Hovee. Disponible en  http://www.thesourceoflove.com/english.pdf

Sermón de Kong Hee en Singapur. Disponible en

http://www.youtube.com/watch?v=DA-AkJzpKmg

Teologías erradas y crisis de fe

Teología de los principios bíblicos

Este tipo de teología se predica en algunos templos cristianos evangélicos. Generalmente lo explican de esta forma:

“Puede que en la Biblia nos encontremos con otras costumbres, otro contexto, otra sociedad, pero de la Biblia siempre podemos extraer principios que nos pueden servir”

Los predicadores que hablan de esto enfatizan las diferencias entre el contexto cultural de los personajes de la Biblia con los de nosotros. Con esto, en realidad, muchas veces quieren excusarse por no poder tener la fe para creer que Dios puede hacer las mismas maravillas que hizo en la Biblia. La verdad es que son pocas las diferencias entre la vida de los personajes de la Biblia y la vida de nosotros (he estudiado ampliamente el tema). Ellos tenían problemas  y vidas muy similares a las nuestras.

Estos predicadores, por dar un ejemplo, ven el relato del éxodo de los israelitas de Egipto y en vez de decir que Dios tiene el poder para hacerles salir de la opresión que viven ahora, hablan del principio de la obediencia. Sí, está bien. Ser obediente es algo lindo, pero de eso no se trata el pasaje. Este pasaje tiene plena vigencia hoy.

Hay muchas personas que actualmente viven en la opresión. Por ejemplo, ¿cuántas personas tienen un jefe que los oprime, los maltrata, no les paga adecuadamente o los hace trabajar de más? ¿Cuántas mujeres reciben violencia intrafamiliar de sus propios maridos?  ¿Cuántos hombres tienen a su lado mujeres manipuladoras y humillantes que los castran psicológicamente? Pues, Dios tiene el poder para llevar a los oprimidos a la Tierra Prometida como lo hizo con los israelitas. Basta que se acerquen a Él, que le clamen a Él. Dios no pide que le lleven una suma de dinero para responderles su petición; no pide que se arrastren un gran tramo de distancia; no pide que le prendan velas al santo de turno. Dios solo pide fe. Dios tiene más poder que un Tribunal (muchas veces se equivocan en los fallos), tiene más poder que la Inspección del Trabajo y, ciertamente, más poder que esa pareja que solo les hace daño. No obstante, el mensaje que reciben en las iglesias es que probablemente están siendo probados, que deben tomar su cruz y seguir adelante resignados y sufriendo (teología pesimista y algo masoquista). Nada más falso. 

La teología de los servidores autómatas

Esto lo podemos escuchar en algunas iglesias evangélicas y católicas. Lo explican de esta forma:

“Dios no obra a nuestro modo, tienen que pedir cuál es la voluntad de Dios y pedir de acuerdo a eso”

Es como si Dios quisiera servidores sin voluntad, sin deseos, sin sueños y, además, sin personalidad propia y auténtica. Como si Dios se complaciera de servidores autómatas, sin voz ni voto. Como si Dios se complaciera en que todos sus hijos sean iguales y uniformaditos.

La Biblia, sin embargo, nos enseña algo muy distinto. Veamos este versículo:

“Por la mañana, Señor, escuchas mi clamor; por la mañana te presento mis ruegos, y quedo a la espera de tu respuesta.” Salmos 5,3

El rey David, autor de este salmo, dice que le presenta su ruego. Dice que Dios nos escucha. No se trata de presentar la petición “correcta”, sino la petición que tengamos en nuestro corazón. Han enseñado que uno no debe decirle a Dios sus sueños, sus peticiones porque al parecer han perdido la fe de que Dios puede responder. Esto nos lleva al siguiente punto que es la crisis de fe y la petición de lo posible.

Teología de lo posible: crisis de la fe 

La mayoría de los sacerdotes y pastores enseñan que las peticiones sean, de preferencia, cosas posibles, fáciles de obtener. Ejemplo: si ven a una persona resfriada pedirán para que Dios la alivie con los antigripales que está tomando.

¿De qué forma Dios se puede glorificar si solo le piden cosas sencillas? Si piden cosas sencillas, cosas sencillas recibirán. Si le piden cosas grandes, grandes cosas verán. Jesús mismo dijo: “Les aseguro que si tienen fe tan pequeña como un grano de mostaza, podrán decirle a esta montaña: ‘Trasládate de aquí para allá’ , y se trasladará. Para ustedes nada será imposible.”

Por ejemplo, Dios tiene el poder para dales el triunfo aunque todo esté en su contra, de cumplir sus sueños aunque todo el mundo les diga que es algo ridículo. Si tienen dudas acerca de este tema recuerden que Jesús hizo caminar a paralíticos, sanó de enfermedades espirituales y corpóreas, resucitó a muertos.

Lo importante de este tipo de peticiones es que Dios responderá para mostrar su misericordia. A la gente le gusta enorgullecerse en que las cosas las ha logrado por su esfuerzo, pero no le gusta darle la honra a Dios. Por esta razón, entre más imposible les parezca su petición, con mayor razón preséntensela a Dios. Así sabrán que no fue por su esfuerzo, sino por Su poder. Él es hacedor de milagros. Milagros cotidianos, tales como que Ud. en este momento esté con vida leyendo este artículo, como milagros espectaculares: darle la vista a ciegos, permitirle a los sordos oir.

En busca de la fe perdida

—Si ustedes tuvieran una fe tan pequeña como un grano de mostaza —les respondió el Señor—, podrían decirle a este árbol: “Desarráigate y plántate en el mar”, y les obedecería.

Lucas 17,6

Realmente lamento ver la fe de las personas hoy. En los templos hoy no se enseña a tener fe. Al menos, hay un tipo de fe que no se enseña. Veamos cuál es cuál primero.

1. La fe que salva

Esta es la fe que aún se predica en iglesias (al menos en algunas). Es la fe que se tiene cuando se cree en Jesús (en el caso de los cristianos) y que te lleva a la salvación.

2. La fe de lo imposible

Este es el tipo de fe de la cual quiero hablar: la fe que nadie en nuestra cultura enseña ni transmite. Lo triste es que ni siquiera se enseña en los templos, pero yo sí les hablaré de ella.

En la antigüedad el pueblo de Israel acudía continuamente a Dios. Esto lo hacían para que el Señor (Adonai) los liberara de la opresión egipcia en el caso del éxodo; para que los librara de algún peligro inminente (en el caso de Jacob con Esaú); para que les permitiera tener hijos pese a que ya no eran fértiles (en el caso de Abraham); para que lo sanara de enfermedades mortales (en el caso de Ezequías).

Hoy, en cambio, no se enseña el acudir a Dios en primer lugar. La primera opción debe ser el experto de turno.

En muchas iglesias se enseña de la paciencia y de la resignación. No me extraña que muchos cristianos estén deprimidos y amargados. ¿Tienes una enfermedad? Resígnate, acepta la voluntad de Dios. ¿Eres pobre? Esfuérzate, tal vez si estudias puedas salir de la pobreza (aunque deban pasar 10 años, al menos). ¿Buscas esposa? Ten paciencia, ya llegará la mujer indicada.

Algunos pastores y sacerdotes confunden la virtud de la paciencia con la incredulidad. Confunden aceptar la voluntad de Dios con una fe atrofiada. Enseñan que, en el fondo, pocos cambios podemos hacer. El punto es que han impedido que la gloria de Dios se manifieste en los seres humanos. Sucede que a veces existen cosas que no podemos lograr por nuestros medios. Hay cosas que escapan a nuestro alcance. (En realidad, nada lo podemos alcanzar si no es por gracia de Dios, pero se asume que ciertas cosas son alcanzables y otras no).

Las personas entonces han migrado hacia otros lugares y han puesto su fe en otras cosas. Hoy se cree en que unas mágicas cartas del tarot adivinarán la suerte de una persona (o darán algún consejo), se cree en espiritistas, en síquicos, etc. Pero no solo eso. También existe una fe, casi a nivel divino, en la medicina, en la justicia, en la educación, en los políticos, en los armamentos militares, en la fuerza física, etc.

Las personas no han enseñado a tener una fe en que Dios tiene el poder de que alcancemos cosas imposibles. Yo los quiero invitar a que extiendan su visión y no miren en pequeño. No miren tanto sus capacidades, sino que miren el poder infinito de Dios. ¿Estás enfermo? Dios tiene el poder para curarte. ¿Eres pobre? Dios tiene el poder para darte un empleo.

¿Le has pedido a Él el trabajo de tus sueños? ¿Quieres ser artista tal vez? La gente común te dirá que nadie puede vivir de ello. ¿Quieres ser una top model? La gente común te dirá que no eres lo suficientemente delgada. ¿Quieres ser médico? La gente común te dirá que no eres lo suficientemente inteligente. ¿Quieres ser profesor? La gente común te dirá que no ganarás lo suficiente (porque mirarán las estadísticas en vez de mirar el poder de Dios).

¿Eres pobre? La gente común te dirá que debes salir a protestar para conseguir mejores sueldos o te dirán que debes esforzarte el doble y te tratarán de flojo. Yo los invito a que dejen de mirar lo que el mundo les ofrece porque siempre será algo mediocre en comparación a las riquezas divinas. Miren la abundancia que posee Dios y que está dispuesto a otorgarles (después de todo, somos sus hijos gracias a Cristo) en vez de mirar las migajas que les da el mundo.

Yo los invito a ampliar sus horizontes, extender sus metas. Los invito a que se replanteen lograr sus objetivos aunque parezcan imposibles a los ojos de los hombres para Dios nada es imposible. Si miran con los ojos de la fe se podrán dar cuenta que puedan alcanzar las cosas que desean, por más difíciles que les parezcan.

Les dejo los siguientes versículos:

Hebreos 11,1: Tener fe es tener la plena seguridad de recibir lo que se espera; es estar convencidos de la realidad de cosas que no vemos.

Hebreos 11,6: Pero no es posible agradar a Dios sin tener fe, porque para acercarse a Dios, uno tiene que creer que existe y que recompensa a los que lo buscan.