La revolución del perdón

Esta historia es 100% real. El otro día una persona me lo contó y me conmovió. Para resguardar su privacidad no diré su nombre, así que la llamaremos “A“.

A, siendo muy niña, teniendo nueve años, y teniendo un hermano de siete años de edad, su padre los abandonó.  Nadie lo echó. Se fue sin despedirse, sin decir nada. Así que solamente los cuidó su madre por muchos años.
Pasaron aproximadamente 20 años y un día A iba a su trabajo, algo apurada, algo atrasada, y choca con un caballero y le pide disculpas. El hombre, entonces, le dice que es su padre. Ese sería el primero de muchos encuentros ya que luego de eso el padre la iría a ver casi todos los días.
A le comentó lo que le había sucedido a su hermano. Como al hermano le había hecho tanta falta su padre (desde los 7 años), tenía mucha rabia o dolor. Ni siquiera le decía papá. El hermano de A ya tenía hijos. Pero un día, muy enojado, le pidió el número de teléfono de su padre a A, solo para que sus hijos pudieran ver que él no era huérfano y pudieran conocer a su abuelo.
El terreno donde viven es relativamente grande. A vive junto a su hermano y junto a su madre. El hermano tiene una pequeña casa dentro del terreno. Un día A se sorprendió mucho al ver que su padre estaba en la casa del hermano. El hermano, que parecía el más furioso, fue uno de los que primero le dio acceso al hogar, y al parecer el que más intensamente se acercó a él. La madre estaba enervada y no podía entender la situación.
Pasó el tiempo y un día A ve que venía un camión de mudanza. Le preguntó a su madre, y esta le dice que se había reconciliado con su esposo y había decidido que viviera de nuevo en la casa. Es decir, todos habían perdonado al caballero: la hija, el hijo y la esposa.
A me cuenta que su padre es una persona muy educada, es muy caballero. Cuando le piden algo, él dice “no hay problema”. De hecho, el padre la va a buscar al trabajo cada día, teniendo ella más de 30 años. El padre suele estar de pie en el living sin ver TV. Le dicen que se siente o que vea algún programa y él dice que le gusta pensar. No suele estresarse por ningún tema. Al punto que a veces su esposa se altera de tanto relajo en él, lo cual encuentro casi hilarante.
Esta historia me sorprendió por varias razones. Primero, encontré hermoso el testimonio. Me cautivó completamente. me sorprendió la capacidad de perdón en la familia. Encontré que había mucho amor cristiano. A veces, el verdadero perdón no es tanto cuando uno dice “te perdono”, sino que a veces es simplemente seguir con el ritmo de la vida, reír con la persona que a uno le hace daño y dar vuelta la página sin casi hacer notar que la otra persona se equivocó. A su vez, me sorprendió que A solo me dijera cosas buenas de su padre. Podría haber escogido vivir con resentimiento, con odio, pero eligió vivir con amor y perdonando. Y, francamente, ella es feliz.
Jesús dijo que todo lo que atáramos en la tierra quedaría atado en el Cielo y todo lo que desatáramos en la tierra, quedaría desatado en el Cielo. Muchos de nosotros, tendemos a atar cuando no perdonamos a las personas. Debido a esto, muchas veces, se producen interferencias en la comunicación con Dios. Estas amarras terrenales afectan nuestra relación con Dios. No podemos llevarnos mal u odiar a la gente que vemos y tratamos día a día y pretender tener una excelente relación con Dios. Si hay algo que Jesús nos enseñó es a perdonar y amar a nuestros enemigos. Si no, no habría diferencia alguna con aquellos que no son discípulos de Cristo.
A veces escucho que personas que desconocen un poco la vida de Jesús, dicen que fue el primer revolucionario, o el primer comunista. Creo que esas personas desconocen un poco la Biblia. Jesús no fue el primer comunista. Jesús no trajo una revolución de las armas, pero sí fue el revolucionario del perdón. Mientras lo golpeaban y le escupían, Él oró por sus enemigos. Creo que hay muchas personas que lo siguen, pero no perdonan. ¿Pero entonces cómo es posible que se llamen discípulos de Él?
A nunca me habla de la Biblia o de Dios, pero me lo demuestra siempre en sus actos. Es que son más bienaventurados los que escuchan la Palabra y la obedecen (Lc 11, 28) y no solo los oidores (Santiago 1, 22).
A su vez, el apóstol Pablo, decía que pensáramos en todo lo puro, en todo lo amable (Fil 4, 8). Ese versículo lo recordé cuando A me hablaba de todas las cualidades de su padre. Me lo decía con tanta alegría y estaba tan orgullosa de su papá que realmente me conmovió, me emocionó y me condujo a escribir este artículo. Quería compartirlo con ustedes. Era demasiado bonito como para que la historia quedara oculta.

¿Qué es el Cristianismo?

Vivimos en un país que dice ser cristiano. Existe un gran porcentaje católico y otro porcentaje evangélico y protestante. Sin embargo, ¿quién de esa inmensa mayoría sabe definir el Cristianismo?

Si buscamos en la Real Academia Española, no obtenemos una respuesta muy satisfactoria. Quienes hagan el intento se encontrarán con una escueta definición: religión cristiana.

Existen muchos que dicen ser cristianos, pero que —en realidad— no lo son. Extrañamente, existen otros que, siendo cristianos, no saben que lo son.

¿En qué consiste esa “religión cristiana” de la que nos habla la RAE? Yo lo explico así: Cristianismo es la religión que implica seguir los preceptos y enseñanzas de Jesús como son presentados en los evangelios canónicos (Mateo, Marcos, Lucas y Juan).

Una de las enseñanzas de Jesús fue que lo siguiéramos, pero no como se sigue a cualquier maestro terrenal, sino como a Dios. Si debemos seguir a Jesús, entonces debemos tomar en serio sus palabras, su ejemplo y sus acciones. En esta columna me remitiré a lo último por razones de espacio y tiempo.

Una de las cosas que Jesús hizo en su vida fue leer el A.T. (Antiguo Testamento). Encontramos citas de prácticamente todos los libros del A.T. en las palabras de Jesús. Él hizo citas formales y citas libres, como quien conoce muy bien las Sagradas Escrituras. Sin embargo, hoy en día, el A.T. es un libro prácticamente desconocido para la mayoría de los creyentes. Según la definición que di, para entender el Cristianismo, debemos leer la Biblia; sin embargo, pese a ser el libro más vendido en la historia, no es tan leído como uno esperaría.

Otra de las cosas que hizo Jesús fue orar. No oraba cinco minutos ni un par de fórmulas repetidas, sino que podía pasar noches enteras orando. ¿Cuántos de los que dicen ser cristianos oran todos los días? ¿Cuántos conversarán —al menos— más de 5 minutos al día?

Jesús dejó un modelo de oración que poco se respeta (el Padre Nuestro), empezando por la primera parte, ya que son pocos los que se dirigen a Dios como Padre (lo han reemplazado por María, José, los santos y un largo etcétera).

El Cristianismo, como pueden ver, no se trata de seguir de cerca el nombramiento de un Papa; de pertenecer a una cierta denominación cristiana o de haber realizado los sacramentos. Alguien que esté consciente de sus pecados y busque con más fuerza a Dios, seguramente es más cristiano que quien sabe de memoria el credo apostólico.

Yo apunto a que nos aproximemos a un Cristianismo mucho más vivo y verdadero.

La importancia de la oración

Jesús solía orar mucho tiempo. Sabemos muy poco acerca del contenido de aquellas oraciones, pero lo poco que quedó registrado en la Biblia es verdaderamente revelador y reconfortante.

¿Qué es orar? Desde el punto de vista cristiano, orar es conversar con Dios.

Jesús les enseñó a orar a sus discípulos de la siguiente forma:

Padre nuestro que estás en el cielo,
santificado sea tu nombre,
venga tu reino,
hágase tu voluntad
    en la tierra como en el cielo.
El pan de mañana, dánoslo hoy.
Perdónanos nuestras deudas,
    como también nosotros hemos perdonado a nuestros deudores.
Y no nos dejes caer en tentación,
sino líbranos del maligno. 

Si ustedes pusieron atención en la oración modelo de Jesús notarán que a quien debemos dirigirnos es al Padre. Esto la gente no lo suele considerar, pero es un gran honor que podamos llamar al Creador de la misma forma en que Jesús lo hacía: Padre. Debo recalcar que Jesús no nos enseñó a comunicarnos con su madre (María), con su padre terrenal (José), con sus discípulos o con algún santo. Siempre que oren/recen, digan Padre y diríjanse al Padre, así estarán siendo obedientes con Su Maestro.

Jesús solía orar junto a otros, pero la mayor parte del tiempo de su oración lo hacía orando apartado de la gente, en lugares tranquilos (probablemente por esa razón tenemos tan pocos registros de sus oraciones). Lo que sí sabemos es que solía pasar noches enteras orando con Dios. Miren este versículo:

En aquellos días él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios (Lc 6, 12).

Lo otro: la oración no se debe hacer una vez a la semana ni una vez al mes, sino todos los días. Jesús enseñó que debíamos orar y velar sin cesar. Un judío contemporáneo de Jesús solía orar tres veces al día, pero sabemos, por la Biblia, que Jesús oraba eso y mucho más.

Hay algunos que menosprecian el poder de la oración y se desvelan haciendo muchas obras, pero eso es tener un Cristianismo incompleto. Acotemos que no por mucho orar, significa que Jesús actuara poco, al contrario: de la oración él sacaba fuerzas para luego hacer milagros, convertir el agua en vino, sanar enfermos, multiplicar los panes, enseñar a los discípulos, echar fuera demonios etc. Estoy seguro que quienes más oran, pero en su verdadero sentido, no el repetir palabras sueltas -una y otra vez- como lo hacen en religiones orientales, son quienes más obras realizan.

“No hay reino de Dios sin oración”, dijo una vez un teólogo. Orar es tener intimidad con Dios. Orar es estar más cerca de Dios. Y si estamos más cerca de Dios estamos haciéndolo todo bien. Jesús dice en Jn 15, 5: Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí y yo en él, éste lleva mucho fruto, porque separados de mí nada podéis hacer.

¿Cuánto tiempo dedicas a la oración? ¿Oras todos los días? ¿Te diriges a tu Padre Celestial cuando oras? ¿Sigues el ejemplo de Jesús o el de los hombres? Espero que estas preguntas sean para tu beneficio.

La mentira del feminismo

Yo pienso que la mujer debe tener los mismos derechos sociales, económicos y políticos que un hombre, pero me parece que el feminismo como tal, es una contradicción per se. El hecho de que exista el feminismo es una contradicción porque no hay un movimiento machista que luche por la igualdad de derechos de los hombres. Creo que la lucha del feminismo se encuentra dentro del humanismo, no dentro del feminismo. Antes de ser hombres o mujeres, somos seres humanos. Pero si alguien piensa que ser hombre o mujer es más importante que ser humano, entonces se cae en errores graves. Este es el caso, a mi juicio, del feminismo. 

Ahora, ¿cuál es la mentira del feminismo? Habla de una igualdad de género, incluso a veces habla de una superioridad de género (existen grupos extremistas), sin embargo, con este lema ha logrado formar mujeres que parecen hombres y hombres que parecen mujeres, ya que a los hombres no les han permitido ejercer su rol.

La verdad es otra: somos distintos, pero (por esto) nos complementamos. La mujer es delicada. El hombre es protector. La mujer tiene necesidades distintas a la de los hombres. Por esta razón, es una locura que mujeres pretendan igualarse con los hombres.

La Biblia dice que Cristo es la cabeza de todo hombre, mientras que el hombre es cabeza de la mujer, y Dios es la cabeza de Cristo.

¿Qué significa ser “cabeza”? Significa liderazgo. En un matrimonio solo hay dos personas por lo que no puede haber votación. Por esta razón, Dios puso al hombre como líder. Talvez haya muchas personas que se escandalizan con esto, pero si lo meditan bien, se darán cuenta de que los matrimonios en que mandan las mujeres son mal mirados por hombres y lo más sorpresivo es que también son mal mirados por mujeres. En Chile, a los hombres que son dominados por sus mujeres les dicen “macabeos”. Al menos, yo nunca digo esa palabra porque la encuentro ofensiva, pero es de uso cotidiano en la gente.

La mentira del feminismo es que introduce necesidades que no existen en las mujeres. Las mujeres no necesitan ser hombres. No necesitan las mismas cosas de los hombres. Los hombres buscan admiración. La mujer busca la dirección de un líder espiritual; necesita saber que ellas y solamente ellas son las que llenan todas las necesidades básicas, necesita saber que es la “número uno” en la vida del esposo; necesita que sus esposo aprenda a deleitarse en ella, que la aprecie como persona (no como objeto sexual); necesita tiempo de calidad para conversaciones íntimas; ella necesita ver que la meta de la vida del esposo es ayudarla a tener éxito en su mundo (el esposo debe ser el proveedor y protector de su esposa). Recomiendo ver este vídeo de un pastor estadounidense que explicaba este tema. Él decía que los hombres de este tiempo han estado más preocupados de los deportes, los negocios y el sexo, que de enseñar la ley divina a sus hijos. 

En fin, creo que debemos regirnos por lo que dice la Palabra de Dios, más que por lo que nos dicta un movimiento social o una agrupación. Por esta razón, es importante que leamos la Biblia. Sé que muchos no lo hacen. Se buscan muchos pretextos: falta de tiempo, falta de interés, etc. Pero es nuestro deber como cristianos.

Les dejo un pasaje bíblico de 1 Pedro 3, para finalizar: 

Así mismo, esposas, sométanse a sus esposos, de modo que si algunos de ellos no creen en la palabra, puedan ser ganados más por el comportamiento de ustedes que por sus palabras, al observar su conducta íntegra y respetuosa. Que la belleza de ustedes no sea la externa, que consiste en adornos tales como peinados ostentosos, joyas de oro y vestidos lujosos. Que su belleza sea más bien la incorruptible, la que procede de lo íntimo del corazón y consiste en un espíritu suave y apacible. Ésta sí que tiene mucho valor delante de Dios. Así se adornaban en tiempos antiguos las santas mujeres que esperaban en Dios, cada una sumisa a su esposo. Tal es el caso de Sara, que obedecía a Abraham y lo llamaba su señor. Ustedes son hijas de ella si hacen el bien y viven sin ningún temor. De igual manera, ustedes esposos, sean comprensivos en su vida conyugal, tratando cada uno a su esposa con respeto, ya que como mujer es más delicada, y ambos son herederos del grato don de la vida. Así nada estorbará las oraciones de ustedes.

Aprendan a reconocer el mal

En esta columna quiero enseñar a que reconozcan el mal para que, de esta forma, se alejen de él. Me refiero a reconocer ataques o tentaciones diabólicas.

Como ustedes saben, los demonios tienen dos formas de actuar: directa o indirectamente. El ataque indirecto es aquel en el cual ellos no se hacen manifiestos, sino que se esconden con “pieles de oveja” o, simplemente, omiten su nombre. El ataque directo es aquel en el cual no se esconden, sino que buscan algún tipo de idolatría. 

Ahora, una pregunta importante: ¿por qué se dedican a atacarnos? Debido a que ven en nosotros a Cristo. Jesús se identifica con cada uno de nosotros (seres humanos). Él dijo que cada vez que ayudaran a uno de estos pequeñitos, a Él ayudan. Por esta razón, el demonio buscará formas de atacar a esos “pequeñitos” que somos nosotros.

Me dedicaré a analizar ambos tipos de ataques (directos e indirectos). 

Ataques indirectos

Los demonios pueden inducir a suicidios, destruir, dividir o asesinar. Ustedes, muchas veces pensarán que el asesinato es debido a “personas sin corazón”, pero ¿no les parece extraño que —sobre todo el último tiempo— niños (muy chiquitos) maten a otros niños? A mí, no deja de causarme extrañeza. Lo “normal” sería que niños jugaran entre sí. No que se asesinaran. Algunas de estas noticias más desoladoras tratan de niños que ni siquieran provienen de ambientes violentos o vulnerables, sino de familias normales.

Pero no toda victoria de los demonios se concreta necesariamente en la ejecución de un crimen. Un demonio triunfa también si logra dejar a una persona con odio o —solamente— con deseos de venganza (aunque nunca se lleven a cabo). ¿Por qué? Porque esto impedirá que las personas perdonen las ofensas de otros. Si un demonio logra que las personas no se perdonen entre sí, entonces impiden que las personas tengan una buena relación con Dios. Jesús nos enseñó en el “Padre Nuestro” que le dijéramos a Dios: “Perdónanos, así como nosotros perdonamos a quienes nos ofenden”. 

Ataques directos

Otra forma del actuar diabólico es el ataque directo. En este caso, a los demonios les gusta que los idolatren o que adoren a entes que no son Dios. ¿Cómo logran esto? A través de la adivinación, la magia negra, magia blanca, nigromancia, espiritismo y un largo etcétera. 

Los demonios han hecho un tremendo avance en la televisión. Vemos cada día cómo a ciertas personas les pagan por “adivinar” el futuro, lo cual es un completo fraude, ya que solo Dios conoce el porvenir. Dios es dueño de nuestro presente y futuro. Otras personas acuden a brujos y brujas, buscando soluciones a problemas. No se dan cuenta de que al hacer esto atraen a los demonios a sus vidas. No es extraño que luego de esto, aparezcan enfermedades, signos prematuros de vejez, etc. 

La atracción por los cementerios, los muertos, la oscuridad, los monstruos, los vampiros no son más que publicidad diabólica para que la gente caiga en sus garras. Por esta razón estas cosas nos producen miedo. No es una casualidad.

La Biblia es enfática en este punto. Les dejo los siguientes versículos: 

“No practiquen la adivinación ni los sortilegios.” (Lv. 19, 26).

“No se hagan heridas en el cuerpo por causa de los muertos, ni tatuajes en la piel.” (Lv. 19, 28).

“No acudan a la nigromancia, ni busquen a los espiritistas, porque se harán impuros por causa de ellos.” (Lv. 19, 31).

“Nadie entre los tuyos deberá sacrificar a su hijo o hija en el fuego; ni practicar adivinación, brujería o hechicería; ni hacer conjuros, servir de médium espiritista o consultar a los muertos.” (Dt. 18, 10-11). 

Por último, un consejo, para que el diablo no los moleste, la solución es relativamente sencilla. La Biblia dice: “Así que sométanse a Dios. Resistan al diablo, y él huirá de ustedes”. ¿Cómo someterse a Dios? Obedezcan su Palabra. ¿El resultado? El diablo huirá de ustedes. 

Manténganse siempre alertas. Recuerden que Jesús nos enseñó a cada día pedir para que fuéramos librados del mal. Él sabía que teníamos un enemigo: el peor enemigo de todos, ya que atenta contra nuestra alma. Alguien que nos odia y solo desea vernos sufrir. Pero Jesús ya lo ha derrotado… En la cruz y en su Resurrección.  

Las exigencias de Jesús

Muchas veces se tiende a simplificar mucho el Cristianismo. He escuchado a personas que dicen que solo se trata del amor; pero esa sentencia deja más dudas que respuestas. La verdad es más clara y específica.

¿De qué trata el Cristianismo?

Para responder esa pregunta es necesario ir a los evangelios y leer las palabras de Jesús. Él no solo dio esperanzas y promesas, también entregó mandamientos. Estos mandatos fueron, para ser sinceros, más difíciles aún que los del Antiguo Pacto. Si los mandamientos del Antiguo Testamento se detenían en rituales, los mandamientos del Nuevo Testamento se centran en nuestras relaciones humanas, ya que, cómo tratamos a otros influye directamente en cómo tratamos con Dios.

Muchos cristianos viven su vida en el rencor y el odio; pero Jesús nos enseñó una oración que dice: “Perdónanos nuestras ofensas, así como nosotros también perdonamos a quienes nos ofenden”. Es decir, para que nuestra oración sea oída, es requisito que perdonemos a nuestros enemigos, a quienes nos ofenden, a quienes nos atacan. Y no solo eso. Se nos exhorta incluso a interceder por ellos, es decir, orar por aquellas personas que nos dañan. Ellos podrían ser futuros discípulos de Cristo. ¿Cuántos cristianos hacemos esto? ¿Cuántos tomamos en serio las palabras de Jesús?

Ni el amor ni el perdón son una opción: son mandamientos. Si nos consideramos verdaderos seguidores de Jesús no podemos ver el perdón como una alternativa. Dios nos dice que amemos al prójimo como a nosotros mismos. ¿Si no podemos amar a nuestro hermano que vemos, cómo podremos amar a Dios que no vemos? Sin embargo, muchas veces nuestros actos están originados, no en el amor, sino en la venganza y en la ira. Otras veces no aceptamos al otro, al diferente.

Algunos creen que hay seres humanos de primera, segunda y tercera categoría. Esto siempre ha sido así. En tiempos de Jesús, los que no eran israelitas valían menos. Sin embargo, Jesús se maravilló con la gratitud que mostró un samaritano al ser sanado (fueron 10 sanados, pero solo uno regresó). Se maravilló al ver la fe de la mujer siro-fenicia (creyó en la bondad divina, pese a las duras palabras que le dijo Jesús). Se maravilló con el centurión romano que le dijo que bastaba con que dijera la palabra y su criado sería sano.  

Para Jesús no existen diferencias de valor o dignidad entre personas. Él se identifica con el ser humano, por lo tanto, todos valen, todos importan. Jesús nos enseñó que no debíamos juzgar. Sin embargo, siempre nos sentimos tentados a juzgar, sin darnos cuenta que con esto nos desgastamos en una tarea que no nos corresponde. Además nos enemistamos, perdemos vínculos y lo único que ganamos es subir la vara con la cual se nos juzgará (con la vara que medimos seremos medidos). No seamos jueces de otros. Seamos hermanos. Somos todos hijos del mismo Dios.

Dios es nuestro Padre, sin embargo, veo pocos que realmente confían que tiene un Padre bueno en el Cielo. Muchos ven a Dios como un ser duro, difícil, inaccesible y castigador. Mirar así a Dios es carecer de fe. Debemos comprender que un padre desea lo mejor para nosotros, ymucho más si este Padre es perfecto.

Los motivo a conocer los mandamientos de Jesús, las exigencias de Jesús. No nos quedemos en la invitación. También conozcamos qué es lo que nos tiene que decir el anfitrión del banquete. Acerquémonos y abracémoslo como lo hizo Juan. Pongámonos a sus pies para escuchar sus enseñanzas como lo hizo su amiga María. Sigámoslo fiel y fervientemente como lo hizo la Magdalena. Él tiene una Palabra preparada para nosotros. Solo necesitamos estar atentos para oír. 

Dejo una canción, que en algunas partes, se acerca a lo que quiero decir: “El verdadero amor perdona” de Maná. 

“Yo sé que siempre me escuchas…”

Jesús tenía un amigo. Su nombre era Lázaro. En otro artículo hablamos del afecto especial que Jesús tenía por María de Magdala. Bueno, también quería mucho a tres personas (hermanos entre sí): Marta, María de Betania y Lázaro. Sabemos que Jesús algunas veces se quedaba ahí para dormir y cenar. 

Antes haré una aclaración necesaria. Hay tres Marías importantes en el Nuevo Testamento. Las enumero: María. la madre de Jesús, María de Betania (ungió a Jesús para su sepultura y le secó los pies con sus cabellos) y María Magdalena (a quien le sacó siete demonios). Creo que para Jesús la más importante de ellas fue María Magdalena, ya que es a quien primero se aparece resucitado. No sabemos quién es la mujer adúltera a la cual salvó de la muerte cuando todos la querían apedrear. Es posible que fuera María Magdalena y los evangelistas no lo dijeron por respeto. 

Continuemos con el amigo de Jesús: Lázaro. 

Lázaro enfermó gravemente y sus hermanas mandaron a avisarle para que lo sanara, ya que era conocido por todos que Jesús sanaba a muchos enfermos (paralíticos caminaban, ciegos veían, endemoniados eran libertados). A esta altura, la fama de Jesús se había extendido por toda Palestina. Sin embargo, Jesús se mantuvo dos días en el lugar donde estaba. No fue de inmediato al llamado de estas mujeres. Pese a que se trataba de su amigo. Pese a que se trataba de personas cercanas que lo habían hospedado en su hogar. 

Pero Jesús no esperó eternamente. Luego de los dos días le dice a sus discípulos “Regresemos a Judea”. Pero dos días significó mucho tiempo. Lázaro ya no estaba enfermo, estaba muerto. Con todo el tiempo que implicó viajar, llegó cuando Lázaro tenía cuatro días muerto. Leamos Juan 11, 21-26:

—Señor —le dijo Marta a Jesús—, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. Pero yo sé que aun ahora Dios te dará todo lo que le pidas.
Tu hermano resucitará —le dijo Jesús.
—Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día final —respondió Marta.
Entonces Jesús le dijo:
Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí vivirá, aunque muera; y todo el que vive y cree en mí no morirá jamás. ¿Crees esto?

El lugar estaba lleno de gente que habían ido a darle el pésame a Marta y María. Algunos murmuraban y decían (criticando o quejándose de Jesús): “Éste, que le abrió los ojos al ciego, ¿no podría haber impedido que Lázaro muriera?”. 

Al ver a María tan triste y a los judíos que la habían acompañado, Jesús se turba y se conmueve profundamente. Jesús, orando, le dice a Dios: “Yo sé que siempre me escuchas”. Jesús tenía certeza de que era escuchado. Dios era su “Papito”. Dios no era un rey distante, no era un juez injusto que esperaría que una viuda se desgastara yendo a verlo cada día esperando que le diera una solución, no era un mal padre que le daría piedras si le pedía pan. 

Dios nos escucha la primera vez que le pedimos. No es necesario hacer pedidos continuos, no son necesarias las mandas, no son necesarios los sacrificios. Jesús escuchó la primera vez que las mujeres le piden que vaya a sanar a Lázaro. Si Jesús se demora es porque tenía un plan. No fue por descuido ni negligencia. No fue desamor ni falta de amistad.

Hoy Dios es tan cercano como lo era Jesús de Lázaro. Dios es tan amigo de nosotros como lo era de estos tres hermanos. Dios se conmueve con nuestro dolor. Y es posible que incluso llore. Nuestro Papito se pone triste si nos pasa algo malo. Nuestro Papito se alegra con nuestra alegría. Nuestro Papito nos escucha. No lo hace a la segunda vez que le pedimos algo, no lo hace a la tercera vez. Nos escucha la primera vez que nos presentamos delante de Él. Lo que sucede es que algunas veces Dios no nos responde porque le pedimos mal. Pero ¿qué es pedir mal? Pedir sin fe. Pedir pensando que tenemos que hacer ayunos y sacrificios. Pedir pensando que tenemos que darle algo a cambio a Dios para que Él nos oiga. Pero Él ya lo dio todo. Dio a su hijo unigénito por nosotros. ¿Que podríamos agregar nosotros? ¿Qué otro sufrimientro sería necesario agregar? Cuando pidan a Dios, pidan sabiendo que un Padre amoroso les escucha. Así como lo hizo Jesús. 

Lázaro resucitó (pueden leer la historia completa en Juan 11). Este milagro maravilloso lo podemos ver nosotros en  la actualidad. Los cristianos tenemos el Espíritu Santo. Y Él es quien obra con poder hoy. 

Finalizo este post con una canción: “You are more”. El coro dice así:

You are more than the choices that you’ve made, [eres más que las decisiones que has tomado]
You are more than the sum of your past mistakes, [eres más que la suma de tus errores pasados]
You are more than the problems you create, [eres más que los problemas que creas]
You’ve been remade. [Has sido renovado]

‘Cause this is not about what you’ve done, [Porque esto no se trata de lo que has hecho]
But what’s been done for you. [sino de lo que ha sido hecho por ti]
This is not about where you’ve been, [esto no se trata de dónde has estado]
But where your brokenness brings you to  [sino hacia dónde te lleva tu quebrantamiento]

This is not about what you feel,  [Esto no se trata de lo que sientes]
But what He felt to forgive you, [sino de que lo que Él sintió al perdonarte]
And what He felt to make you loved. [y lo que sintió Él al hacerte amado]

Consejos para un niño o niña que se acerca a Dios

Niño, niña: tú que te acercas a Dios. Lo primero que debes saber es que el Reino de Dios te pertenece. Déjate guiar por Dios. Él te sostendrá y bendecirá. La Biblia dice que Jesús bendecía a los niños y quien no fuera como uno de ellos —es decir, como uno de ustedes— no entraría a Su Reino.

Las Sagradas Escrituras muchas veces usan analogías con árboles. Así como un árbol está expuesto a peligros como un leñador o una tormenta eléctrica, también todos nosotros estamos expuestos a peligros. Ten cuidado. Sabrás reconocer una persona que pertenezca al Reino de Dios —así como tú— cuando posea el Espíritu Santo. El Espíritu Santo hace que un árbol produzca frutos buenos: amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad y humildad. Quienes no tienen el Espíritu producen malos frutos: inmoralidades, hacen cosas impuras y viciosas, adoran ídolos, practican la brujería, mantienen odios, discordias, celos, se enojan fácilmente, causan rivalidades y son envidiosos.

Niño, niña: Dios te ama. Parece una frase sencilla, pero está llena de profundidad, belleza y sabiduría. Dios se ha acercado a ti. Dios bajó de las alturas de los cielos y convivió con nosotros. Sufrió por los errores de todos nosotros y venció: resucitó.

Si soñabas con ser una princesa, te doy la buena noticia de que ya lo eres. Tu sueño se ha hecho realidad. Si soñabas con ser una persona importante, te doy la buena noticia de que ya eres parte del Reino más grande que haya existido. Un Reino que nunca terminará, a diferencia de los reinos de esta Tierra que perecen.  Si te gusta crear mundos y eres imaginativo, te doy la buena noticia de que Jesús ya tiene preparado un nuevo mundo para ti, mucho mejor que todos los que hayas creado con tu mente. 

¿Qué quiere Dios de ti? Él quiere tu corazón. Quiere que le ames. Quiere ser lo más importante en tu vida. Mantén tu amor hacia Él y permítele brillar a través de ti, viviendo en ti. Una luz es imposible de ocultar.

Él quiere estar contigo y quiere que pases tiempo con Él. Quiere saber tus problemas, tus alegrías, tus penas. Quiere comunicarse contigo. Te aconsejo que converses con Él cada día. Te aseguro que si hablas con Él, tus problemas te parecerán más pequeños, porque los compararás con Su grandeza; tus alegrías serán mucho más grandes porque Su gozo henchirá tu corazón; tus penas sanarán más pronto porque Él es el consolador, y la paz llenará todo tu ser. 

La ley divina

Hay un pasaje —no muy conocido— que quiero enseñar hoy. Se trata de Deuteronomio 6, 4-9.

Escucha, Israel: El Señor nuestro Dios es el único Señor. Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Grábate en el corazón estas palabras que hoy te mando. Incúlcaselas continuamente a tus hijos. Háblales de ellas cuando estés en tu casa y cuando vayas por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes. Átalas a tus manos como un signo; llévalas en tu frente como una marca; escríbelas en los postes de tu casa y en los portones de tus ciudades.

Este pasaje contiene el principal mandamiento que Dios ordenó: “Amarás a Dios con todo tu corazón…”. No puede haber una cosa o una persona más importante que Dios en sus vida. Dios siempre debe ser su prioridad principal y a quien amen más. Antes que Dios no puede estar ni siquiera sus hijos, su marido, su esposa, su carrera, etc. De todos modos, yo he descubierto que quienes cumplen con este mandamiento, aman mejor a sus familias y amigos. 

La Biblia señala que debemos hablar de la ley de Dios en todo momento. No solo en una hora determinada o lugar determinado. Por ejemplo, un domingo en Misa o en el culto, en el templo. Puede ser en un camino, en la casa, en el colegio. Cualquier momento es buen momento para hablar de las leyes divinas.  La ordenanza tampoco limita a los profesores, sacerdotes o jefes religiosos. Es un mandamiento inclusivo, no exclusivo. Todos deben hacerlo. Muchos delegan en otros este deber sagrado y constante. Sucede también que muchos conocen más las leyes de este mundo (lo cual no es malo, pero sí insuficiente) que las leyes que dictó Dios.

Los judíos entendieron literalmente este pasaje y se fabricaron filacterias: unas pequeñas cajas que contienen pergaminos enrollados con porciones de las Escrituras. Estas se las atan a los brazos, manos, etc. Sin embargo, esto no es lo que quiso decir Dios. El hecho de que de que diga que las atemos a nuestras manos significa que debemos poner por obra la ley divina y que debe regir todo nuestro comportamiento. El hecho de que llevemos la ley en la frente, como una marca, significa que debe estar en nuestra mente y regir todos nuestros pensamientos.

Este es un llamado principalmente a los padres. Para que enseñen a sus hijos o futuros hijos en la ley de Dios. A los padres les enseñan que les cuenten un cuento de hadas en la noche para que sus hijos se queden dormidos, pero qué pocos hablan acerca de enseñar la Ley de Dios al “acostarse”. Les enseñan que al despertar deben darles un buen desayuno a sus hijos, pero qué pocos son los que les dan el mejor alimento a sus hijos: la Palabra de Dios “al levantarse”. Para poder enseñar, primero deben conocer. Para conocer, primero deben leer la Biblia. Las Sagradas Escrituras no son un libro más. Son un libro muy importante en nuestras vidas. Para empezar, deben saber cuál es el resumen de la ley de Dios y los mandamientos más importantes. Si comienzan con esto, es un excelente avance.

Así que en todo traten ustedes a los demás tal y como quieren que ellos los traten a ustedes. De hecho, esto es la ley y los profetas. (Mateo 7, 12).

“Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todo tu ser y con toda tu mente” —le respondió Jesús—. Éste es el primero y el más importante de los mandamientos. El segundo se parece a éste: “Ama a tu prójimo como a ti mismo.”De estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas. (Mateo 22, 37-40).

La ley de Dios no es fácil de cumplir, sin embargo, para quienes la cumplen les están preparadas grandes bendiciones. Quienes no la cumplen, les esperan maldiciones.

Lo importante es que Dios les permite entrar en su Reino gratuitamente, mediante la sangre de Cristo. No hay ningún mérito que cumplir para ingresar. No hay test ni examen previo. El Reino de Dios no es democrático: es “graciocrático”. Si se equivocan en las leyes, les serán perdonadas sus ofensas; aunque para esto hay un requisito: ustedes también deben perdonar a quienes les ofenden. Con la vara que midan serán medidos. 

Dios sea con todos nosotros. Amén. 

Feliz día del profesor

La pedagogía no es enseñar a tildar o enseñar a sumar; no es enseñar fechas históricas o el abecedario. Esto es solo un relleno, un pretexto.

La educación es enseñar a los niños que nunca pierdan su inocencia, su fe, su sencillez: valores que los adultos se encargan de apagar, en vez de promover. Jesús dijo que de los niños es el Reino de Dios.

La educación consiste en aprender de tus alumnos, no tanto en enseñarles. Aprender de su candidez, de cómo enfrentan la vida, de cómo logran sus sueños.

La educación no se trata de conocer las notas de tus alumnos o su buena o mala conducta; se trata de saber qué les sucede a tus alumnos, qué les gusta, qué piensan, qué cambiarían, qué sueñan, qué les gustaría ser cuando grandes. La educación se trata de conocer a tus alumnos, sus problemas, sus dudas existenciales. La educación es reír con los alumnos y jugar con ellos; es hacerlos dar lo máximo de sí; es lograr que sean ellos mismos y guiarlos para que sean cada vez mejores personas.

Hay muchas personas que asocian la educación con un colegio, con una asignatura, con tareas, con talleres. Pero la verdad es que la educación no se remite a un recinto físico ni a un tramo horario.

Quienes se dedican a profesores en nuestro país y dicen que no les gusta, me cuesta creerles. Es la profesión más hermosa. Desde mi punto de vista, lo que no les gusta a los profesores es que les paguen malos sueldos, que no valoricen su esfuerzo, hacer pruebas, corregir pruebas, cumplir horarios, levantarse muy temprano en la mañana, irse a sus hogares muy tarde, hacer reuniones de curso, planificar, reuniones con colegas, etc.; pero ¿es esto realmente la educación?

Así como la religión no es un ritual, la educación no es hacer pruebas; así como el Cristianismo no consiste en asistir al templo, la Educación no consiste en asistir a la escuela.

Se dice que los principales educadores son los profesores: grave error. Otros, más liberales, dicen que los más importantes en la educación de los hijos son los padres: otro grave error. La verdad es que el principal educador y maestro es Dios. Jesús enseñaba en las sinagogas, en los montes, en los caminos, etc. Enseñaba con sus actos, sus sentimientos, sus oraciones y sus palabras. Nos enseñó con su nacimiento, con su vida y con su pasión en la cruz. Él es el Maestro, por excelencia.

Dios nos dice que enseñemos a otros: a nuestros hijos, a nuestros amigos, a nuestro prójimo acerca de Él; y Dios nos enseña cada día en nuestros corazones. 

Por eso los invito a meditar en este día del profesor. Celebren a quienes se dedican a esta profesión, a quienes estudiaron esta carrera en la Universidad. Pero no olviden que todos somos, podemos y debemos ser profesores.