Consecuencias

Les contaré la historia de un asesinato. Una historia de un crimen fríamente ejecutado. Esta historia no la encuentran en una novela de Arthur Conan Doyle o Agatha Christi, sino en la Biblia. El asesino fue un poderoso e importante rey israelita. La víctima es un soldado: un miembro de sus propias tropas. La víctima de este rey ni siquiera era un antiguo enemigo, un rival o un mal elemento, sino una persona honorable.

Sucedió en una primavera, allá por el año 1000 antes de Cristo (aproximadamente), que Israel estaba en numerosas campañas. Sin embargo, David prefirió quedarse en Jerusalén (la capital). Desde su palacio pudo observar a una mujer hermosa a la cual deseó. Preguntó de quién se trataba. Sus oficiales le respondieron: “Se trata de Betsabé, que es hija de Elián y esposa de Urías el hitita”. David ordenó que la trajeran a su presencia y yacieron juntos. Al tiempo después, Betsabé nota que está embarazada y lo hace saber al rey.

Al enterarse David hace llamar a Urías (esposo de Betsabé) y le pregunta cómo iban las campañas militares. Luego de conversar, David le dice al soldado que fuera a su casa y se acostara con su mujer. Pero Urías en vez de irse a acostar a su hogar prefiere dormir en la guardia real. Esto lo hizo debido a que todos estaban en sus respectivas ocupaciones, por lo que sintió que hubiera sido injusto comer un banquete y yacer con su esposa, mientras sus compañeros luchaban.

Pero la historia continúa…

Al día siguiente, David lo invita a un banquete y logra emborracharlo. Pese a estar borracho, Urías vuelve a dormir en la guardia real y persiste en no ir a casa. Su honor era más grande que la necesidad de ver a su esposa. Mientras tanto, David le escribe una carta al jefe de la guardia real y la envía a través de Urías. El mensaje decía: «Pongan a Urías al frente de la batalla, donde la lucha sea más dura. Luego déjenlo solo, para que lo hieran y lo maten».

Se cumplió la orden y el deseo de David: Urías muere en la batalla. Betsabé realiza luto por su esposo y luego de este luto, David la pide para sí. Con el tiempo ella le dio un hijo. David podría haber pensado que los problemas habían acabado. Nadie lo había juzgado. No tuvo que ir a ningún tribunal. A los ojos de los hombres era inocente. Es que, como dicen, la justicia es ciega. Sin embargo, hay Alguien que lo ve todo: aquello de lo que te libran los “mejores” abogados, aquello que pasa desapercibido para la sociedad, aquello que incluso tú mismo tratas de negar y terminas cegándote. Hay Alguien que hace justicia infinita. Solo hay Uno que puede hacer esto. Y como dice la Biblia: “a Dios le desagradó lo que hizo David”.

El profeta Natán se encarga de hacerle entender que David había obrado mal. Dios lo perdonó, sin embargo, quedaron consecuencias de sus propias palabras condenatorias y actos. Dios le dice que la espada nunca más se apartaría de su casa y le dice que su hijo moriría. David no fue el único en vivir las consecuencias de su pecado. Adán también vivió las consecuencias del pecado original (la muerte). Jacob, debido a sus múltiples engaños, fue toda la vida engañado (por extraños y sus propios hijos). Y muchos más personas de la Biblia.

El niño, efectivamente, cae gravemente enfermo luego de esto. David hace ayuno y pasa las noches tirado en el suelo. Aquí yo puedo ver que la fe de David en Dios no era la misma que la de antaño (por ejemplo, cuando derrotó al gigante Goliat). ¿Por qué habría pensado que ayunar haría que Dios cambiaría de parecer? ¿Acaso Dios nos responde por nuestros sacrificios? ¿Acaso Dios responde por nuestro ayuno? Dios responde porque Él es bueno y quien tiene una fe sana lo sabe. Dios no responde entre más sacrificios le hagamos. Dios no responde si nos infligimos dolor. Si uno ayuna o hace ofrenda debe ser para adorarle y no para que nos responda. Él no es como los “dioses” paganos que exigen mandas, cortes en la piel, vestirse de cierto color en año nuevo, etc. Dios nos responde por fe. Pero fe en un Padre amoroso, no en un Dios castigador.

Luego de este triste episodio, nacería el segundo hijo entre Betsabé y David: Salomón. Él sería el sucesor de la monarquía davídica. Salomón fue una de las personas más sabias que hayan existido. Pero la historia de Salomón  la dejaré para otro artículo.

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